EJECUCIÓN INMINENTE (True Crime, 1999)  
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Por José Luis Hurtado

Cartel original del film
























Miradas de Cine © 2002

La redención del lobo estepario

Clint Eastwood, que para mí siempre había sido ese tipo violento y desagradable asociado al personaje del mugroso Harry, me fue revelado en una película a menudo infravalorada y olvidada como es Cazador blanco, corazón negro (White Hunter, Black Heart, 1990). Después impulsado por un extraño magnetismo asistí al estreno de Sin perdón (Unforgiven, 1992) mucho antes de que este film se convirtiera en el clásico que hoy es, y fue a raíz de esa obra, que me convertí en un incondicional suyo, teniendo incluso al principio que defender esta obra maestra entre mis amigos, aún en la cabeza con el estereotipo que yo meses antes compartía.

El cine de Eastwood desde entonces y al igual que el de Woody Allen, se ha convertido para mí en un paisaje conocido y querido, y en verdad la coherencia fílmica y formal de la obra de este hombre, me ha hecho pasar momentos no siempre tan magistrales como el de aquel western, pero sí muy apreciables.

Para mí, ver cine de Eastwood es como llegar a casa y descansar de un dia de trabajo. Sabes lo que vas a ver y lo que te vas a encontrar y simplemente y sin más complicaciones, te dejas llevar por los lugares comunes de su cine. Y es que Eastwood, se ha construido un personaje a la medida de sí mismo (como Allen) y en sus diez últimos films, simplemente lo perpetúa haciendo variaciones del mismo, todas en cambio diferentes y matizadas, pero con un origen único.

El viejo lobo estepario que representa es ese soltero que llega sólo al apartamento por la noche después de una dura jornada de trabajo, y lo primero que hace es poner un disco de jazz, luego se aproxima al carrito de las bebidas, se sirve un whiskey, se descalza, se sienta relajadamente y se pone a pensar en el artículo del día, en el caso de asesinato o en algún antiguo amor. Ese lobo solitario, conserva aún un alto poder de seducción, y una intuición que sobrepasa su profesionalidad. Su misoginia y machismo es sólo fachada y más sarcasmo autodefensivo que otra cosa, y sobre todo es un soldado del bien, cansado, gastado y desencantado de todas las causas, pero que siempre está dispuesto a presentar una última batalla.

En Ejecución inminente que es el film que nos ocupa, y que se encuadra perfectamente en esta cadena en serie de su cine dirigido e interpretado o sólo interpretado de los últimos años (quizás Un mundo perfecto [A Perfect World, 1993] sería un film mucho más complejo que el resto aunque no exento de algunos de estos rasgos), nos encontramos con un periodista y un caso de pena de muerte.

Eastwood es un hombre que políticamente nunca ha acabado de ubicarse, hasta el extremo que uno no sabe si es liberal, conservador demócrata o demócrata conservador, lo que está claro, es que en su defensa gay de Savannah (Medianoche en el jardín del bien y del mal [Midnight in the Garden of Good and Evil], 1997) y en este alegato contra la pena de muerte que es Ejecución inminente, demuestra un cierto compromiso social, amable eso sí, y sólo moderadamente crítico.

En la película, Eastwood se nos presenta como un libertario sexagenario, de amplia moral (se tira a la mujer de su jefe), por supuesto estepario, y reacio a seguir las normas. Eastwood es un hombre que basa su olfato periodístico en su intuición, en su experiencia, y se sirve de estas armas, para autorevindicarse en un mundo de jóvenes tiburones que buscan su extinción de forma obsesiva por celos y porque saben que están ante un hombre superior. La prueba que el necesita para demostrar que todavía está por delante de ellos, es la resolución de un caso de pena de muerte, de un hombre negro, acusado injustamente de un asesinato poco claro, en el que una estantería de patatas fritas y el prejuicio racial tienen las claves del enigma.

La película que es irregular y en cierta manera fallida por su epílogo añadido, contiene algunas imágenes del mejor Eastwood de estos últimos años, y momentos de cine excelentes: El no siempre suficientemente valorado James Woods (otro de la vieja escuela) interpreta aquí tambien a otro lobo, y los diálogos que cruza con Eastwood en delirantes réplicas y contrarréplicas cargadas de cariño y sarcasmo parecen sacadas de los mejores guiones de Wilder o de los films de Hawks. Son realmente estos dos personajes dos periodistas hawksianos en un mundo de azucar y mantequilla yuppie que tiende a devorarlos, y del que se ríen en sus narices.

Por otro lado, tenemos la parte de la investigación que es la más tópica y previsible (salvo ese accidente inicial post-ligoteo y el registro de Eastwood de la casa de la chica, claro lamento de esa juventud sesgada) y tenemos tambien la vida de este condenado a muerte, y sus últimos momentos con su familia.

Eastwood rueda estos momentos del condenado, con frialdad y dureza sin caer en el sentimentalismo, y logrando transmitir la crítica, en la humanidad desprendida y en pequeños detalles como el del dibujo de la hija del condenado o en ese abrazo de esposos.

Sin embargo, la película tiene un plano que perdura en la memoria del espectador por encima de todos. Un plano, que en el caso de un cineasta europeo más comprometido, hubiera sido el último del film, y que aquí da pauta a un epílogo innecesario.

El plano en cuestión es el del puño de la mujer del condenado golpeando el cristal con desesperación escalofriante, tratando de detener una muerte inevitable, que en principio parece ya irreversible y que pone los cinco dedos en la llaga del a justicia americana y del actual y descerebrado sujeto que ahora mismo rige los destinos de medio mundo (y que por aquel entonces sólo lo hacía en Texas).

Pero bien por imperativos de estudio, o por propio convencimiento, a partir de ese brutal y duro plano, se produce un fundido y nos aparece una estampa navideña, en el que el protagonista una vez redimido y demostrada su superioridad frente a sus jóvenes jefes, se cruza con el condenado en la lejanía y se devuelven una mirada de agradecimiento mutua, puesto que ambos se han ayudado (a escapar de la muerte uno, y a demostrar que todavía sirve para el periodismo, el otro).

En el momento del estreno, discutí con mis colegas, la posibilidad que ellos defendían de que fuera un plano similar al del final del film de Julio Médem Tierra (ídem, 1995), es decir, fantasma con familia, aunque creo que después de visionarla varias veces, no hay ninguna duda de que los cuatro personajes que se encuentran en esa noche de navidad, son reales y estan vivos. La confusión sin embargo de ubicaciones en el cuadro y puesta en escena, abre reconozco sus dudas, sobre todo por la contundencia y sequedad de ese plano anterior al epílogo.

Epílogo, que resta fuerza al discurso y al film de una forma grave y notoria, pero que tampoco hace perder los valores que están en la base de todos estos films de Eastwood que últimamente nos han llegado, entrañables y apreciables, con un aroma clásico inconfundible y que le confirman como uno de los grandes o al menos más importantes cineastas de nuestro tiempo. En un autor, con discurso y estilo propios.

Al menos, así yo lo creo.