| MEDIANOCHE EN EL JARDÍN DEL BIEN Y DEL MAL (Midnight in the Garden of Good and Evil, 1997) |
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La "fauna salvaje" de la Savannah americanaEn un principio, Eastwood no se sintió demasiado atraído por el guión de John Lee Hancock, con el que ya había trabajado anteriormente en Un mundo perfecto (A Perfect World, 1993). Dicho guión se basa en un best-seller de John Berendt, que a su vez se basó en hechos reales para su novela: el asesinato de un conflictivo joven a manos de uno de los más respetables (entre otras cosas por su gran fortuna) hombres de Savannah, y todo lo que se generó a su alrededor en la pintoresca ciudad. Más tarde cuando el azar llevó a Eastwood hasta Georgia, le convencieron para que visitase la ciudad en la que se desarrolla la historia, donde conoció a muchas de las personas que habían sido partícipes de los hechos que allí se narraban, cada una con su versión particular del asunto. Esto despertó el interés de Eastwood, que leyó la novela y sin mucho esfuerzo convenció al director de la Warner para poder dirigir la película. Berendt consideraba inadaptable su material, hay que tener en cuenta que es una novela con más de cien personajes, y aunque no quiso inmiscuirse en el proyecto, tras ver la película quedó bastante satisfecho con el trabajo realizado tanto por Eastwood como por Hancock. John Cusack interpreta al joven John Kelso, un periodista de la revista "Campo y Ciudad", que llega a Savannah dispuesto a escribir un pequeño artículo sobre la fiesta de Navidad que cada año da Jim Williams, un nuevo rico interpretado por un excelente Kevin Spacey. Por la noche, después de la fiesta, Kelso le describe telefónicamente Savannah a su agente como «Lo que el viento se llevó con mescalina. ( ) aquí la gente pasea perros imaginarios con una puta correa y todos van armados y borrachos». Y en cierto modo tiene razón, Savannah es un auténtico zoológico humano: Luther y sus moscas, atadas con hilos danzando siempre a su alrededor, y un frasco con un veneno capaz de matar a toda la población, Joe Odom, que hace fiestas multitudinarias en la casa que tiene que vigilar en ausencia del dueño, la anciana Minerva, experta en comunicarse con los muertos para entender a los vivos mediante el vudú, o el simpático transexual Lady Chablis (que se interpreta a sí mismo), que se convertirá en uno de los principales apoyos de Kelso entre semejante fauna, aunque el propio periodista también tenga sus excentricidades, como ponerse una cinta con ruido de claxones y sirenas para poder dormir. Poco podía imaginar Kelso que lo que iba a ser una simple reseña para su revista va a acabar conviritiéndose en una novela, pero precisamente eso es lo que se le pasa por la cabeza cuando las ambulancias que tanto añora le despiertan en mitad de la noche, y poco después descubre que Jim Williams acaba de matar (supuestamente en defensa propia) a Billy Hanson "el mejor polvo de la ciudad", fugazmente interpretado por Jude Law. Tras sus dos anteriores películas, la ya mencionada Un mundo perfecto y Los puentes de Madison (The Bridges of Madison County, 1995) ambientadas en el sur de los EEUU de los años 60, en esta ocasión el director ha decidido moverse veinte años hacia delante sin variar demasiado geográficamente la ubicación de la historia embarcándose en un proyecto bastante distinto de lo que había hecho antes a lo largo de su amplia trayectoria. La opinión generalizada es que Medianoche en el jardín del bien y del mal es una película de juicios, sin más ni más, sin embargo yo no estaría tan de acuerdo. Es cierto que en parte de la película se desarrolla el juicio por asesinato a Jim Williams, pero dicho juicio no comienza hasta transcurrida una hora de metraje y no ocupa más de la mitad de la hora y media larga restante. Aquí hay que destacar la labor de Hancock que supo condensar con sabiduría los cuatro juicios que hubo realmente, en uno solo, así como la película, que resume a unos pocos días un espacio de varios años, de una forma más que correcta. Una de las cosas que sorprende de la película es su sentido del humor, un aspecto bastante ausente en la anterior filmografía de Eastwood, que aquí se deja notar continuamente en las excentricidades de los habitantes de Savannah, o en algunos diálogos como el que mantienen dos ancianas en casa de Williams riéndose abiertamente de los sucidios de sus esposos, y sobre todo con el personaje de Lady Chablis (que acertadamente goza de un mayor protagonismo que en la novela), sobre todo con un par de escenas verdaderamente divertidas, como cuando acompaña a Kelso al hospital simulando tener un ataque de apendicitis para facilitarle el camino al depósito de cadáveres al periodista, y comienza a guiar al médico por su abdomen ("un poco más abajo, doctor") hasta que éste encuentra su "chocolatina". Otra de las cosas que llama la atención en esta película es el hecho de que el propio Eastwood no trabaje como actor, algo que solamente ocurrió con anterioridad en Primavera en otoño (Breezy, 1973) y en Bird (id., 1988). Eastwood aborda en la película el tema de la homosexualidad; aparte del personaje del transexual, se da el caso de que Williams y Hanson eran amantes, y el crimen, pasional; evidentemente el tema ya estaba incluido en la novela, y el director aprovecha para lanzar una crítica a la sociedad americana, siempre dispuesta a condenar basándose en prejuicios, sin considerar exactamente lo que se está juzgando, algo de lo que desgraciadamente pecamos todos en muchas ocasiones, aunque sea en otros contextos, y nunca esta de más recordarlo. El director, como siempre, mueve la cámara con sobriedad y precisión, pero en esta ocasión obtiene incluso mejores resultados, consiguiendo una mayor belleza en las imágenes. A esto ayuda en gran medida la fotografía en vivos colores de su habitual Jack N. Green y los escenarios de Savannah, tanto en los exteriores, incluido el cementerio (de día, como en los títulos de crédito, y en la medianoche que da título al film), como en los interiores, concretamente la mansión de Williams, coleccionista de arte y antiguedades. Hay escenas que se quedan grabadas en la retina como la reunión de bridge de las mujeres casadas de Savannah, saliendo todas a la vez de sus cochazos, o cualquiera de las dos versiones que vemos del asesinato de Hanson (la que Williams cuenta en el juicio y la que cuenta a su amigo Kelso), pero sobre todo la escena de la muerte de Williams con la cámara dando vueltas alrededor de la habitación, y ese último plano desde el techo con Williams, y Hanson que desaparece, tendidos en la alfombra. Por el lado de las interpretaciones, son todas muy buenas, partiendo de la base de que el plantel de actores escogido era de lo mejorcito: John Cusack, Kevin Spacey y Jude Law, para empezar; aunque el papel de este último fuese muy breve, lo borda. Y el resto de secundarios no se queda atrás. Jack Thompson en el papel del abogado defensor de Williams cumple con creces su labor, así como la propia hija del director, Alison Eastwood, en la piel de Mandy,que mantiene un pequeño romance con Kelso. Según Eastwood, además hizo todos los castings, y habrá que creérselo, porque no lo hace nada mal. Y para que hablar de Lady Chablis, que ni siquiera tiene que interpretar, sólo ser ella misma. En Medianoche en el jardín del bien y del mal, nos encontramos pues, con una de las mejores películas de Eastwood a la que quizá lo único que se podría achacar es su larga duración, ciento cincuenta y cinco minutos, que a pesar de no hacerse larga, la generación MTV se puede dormir por momentos o se va a aburrir toda la película (en palabras del propio Eastwood). Yo, desde luego, la disfruto en cada uno de sus fotogramas.
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