UN MUNDO PERFECTO (A Perfect World, 1993)  
Ficha
Top
Sumario
Por Sergio Vargas
Cartel original del film
Miradas de Cine © 2002

Un niño, un criminal y un destino

Con los cuatro oscars de Sin perdón (Unforgiven, 1992) bajo el brazo, Clint Eastwood estaba en situación de hacer prácticamente lo que le diese la gana. El destino hizo que se cruzase en su camino este guión de John Lee Hancock, que en un principio iba destinado a Steven Spielberg (a quien todos queremos un poco más después del estudio del número anterior), y hay que admitir que le pegaba bastante a este último, pero el caso es que fue Clint el que se quedó con la película. Antes he dicho que Eastwood podía hacer prácticamente lo que le diese la gana. Una de las cosas que no pudo hacer como quería fue elegir el actor principal. Aunque Eastwood quería a Denzel Washington, tuvo que conformarse (nunca mejor dicho) con Kevin Costner, que según la Warner, y esto era cierto, vendía más que el anterior, independientemente de la capacidad interpretativa de cada uno.

Al principio del film podemos ver una careta de fantasma en la hierba, el cuerpo de Costner tendido (¿durmiendo apaciblemente?) a su lado, mientras contempla la figura de un buitre (¿o es tal vez un helicóptero?) bajo un sol abrasador. A continuación, volvemos atrás y comienza la historia. Kevin Costner se mete en el rol de un delincuente, Butch Haynes, que se fuga de la cárcel con Terry (Keith Szarabajka), su compañero de celda, en la noche de Halloween de 1963. Su incompatibilidad de caracteres hará las cosas aún más complicadas, pero se necesitan el uno al otro para escapar. Por culpa de Terry, que decide hacer una incursión no programada en una casa, que resulta estar habitada por una familia de testigos de Jehová, se ven envueltos en un jaleo del que no podrán salir sin un rehén, que resulta ser Philip (T.J.Lowther), el hijo pequeño. El chaval (al igual que el espectador) sintoniza con Butch, mientras que recela de Terry; esto desde luego es lógico, porque Terry es un auténtico energúmeno, mientras que a primera vista se ve que Butch sabe tratar con la gente, y en particular con un niño como Philip. Esto puede comprobarse desde la primera escena que comparten en la que Butch pone a prueba al chico pidiéndole que le apunte con la pistola, ignorando por completo lo premonitorio que resultará esto a la postre. Por otra parte, tenemos a los agentes de la ley encargados de dar caza a los criminales, con un ranger de Texas, Red Garnett (el propio Clint Eastwood, cómo no), a la cabeza de un grupo formado por un agente del FBI, un par de rangers más y el conductor de la ultraequipada furgoneta del gobernador, que les es "prestada" para la misión, además de Sally Gerber, una criminóloga (Laura Dern) que no hace mucha gracia al bueno de Clint, al menos al principio. Y al decir esto podría parecer que estoy insinuando que se acaban liando, pero no es así. De hecho me atrevería a decir que eso sería lo que hubiese ocurrido con el noventa por ciento de probabilidad en cualquier otra película americana, pero no en Un mundo perfecto (A Perfect World, 1993), y esto se agradece, porque la película se centra más en la intensa (y casta, que no se me entienda mal) relación que surge entre Philip y Butch por un lado, y estrictamente en la persecución por el otro, por supuesto fijando mucho más su atención en la pareja niño-criminal protagonista, que es sin duda lo más interesante de la historia, y no cayendo en la tentación de añadir la tan típica historia de amor, que en el fondo es lo que acaba siendo la historia de Butch y Philip, pero por supuesto no resulta tan convencional.

Después de huir con Philip, Butch y Terry hacen un alto en su camino y tras una tensa situación en la que Butch deja a Philip con la pistola vigilando a Terry mientras él sale del coche a comprar, y que acaba con Terry arrebatándole el revólver al niño para comprobar con rabia que estaba descargado, Philip huye del coche, y Terry le persigue por un maizal. Al final es Butch quien encuentra a Terry matándole de un disparo (en off). A partir de este momento Butch y Philip comenzarán un viaje en el que Philip aprenderá muchas cosas sobre la vida preguntando a Butch, que se convierte en el padre que siempre le faltó. Butch, en lugar de responderle cosas del tipo "Cállate niño, y deja ya de preguntar", como hacen muchos padres con sus hijos en la actualidad, (coartando su curiosidad y su ansia por conocer, que es lo mejor que puede tener niño), le responderá siempre con calma, incluso aunque acabe de chafarle un polvo, y el chico le pregunte cosas como «¿Le estabas besando el culo?», que también se las trae. En parte, Butch ve en Philip un reflejo de sí mismo, pues su padre, del que sólo conserva una postal (que al final cumplirá un papel determinante) que le envió desde Alaska, también se marchó de casa cuando él era pequeño. Es también por eso, que Butch le pide que haga una lista con las cosas que siempre ha querido hacer, por ejemplo, por culpa de su religión, como el "trick or treat" de la noche de Halloween, comer algodón de azúcar o subir en la montaña rusa, tratando de que el chico obtenga la felicidad que él no pudo alcanzar.

Al igual que los dos fugitivos se van conociendo un poco mejor a medida que el viaje avanza, también existe una mejor relación entre sus perseguidores. Mientras éstos siguen de cerca el rastro de Butch a través del cadáver de Terry, o las llamadas recibidas que informan de que el niño ha robado un disfraz de Casper el fantasma (ya que tampoco pudo disfrazarse en Halloween, aprovecha ahora que todo está permitido), Red empieza a tomar en mayor consideración los consejos de Sally, a medida que ve que ésta va acertando en lo referente al comportamiento de Butch. Aunque no todo son rosas en la caravana del gobernador; también Sally tiene un pequeño encontronazo con el agente del FBI (y este diálogo sí resulta un tanto ridículo cuando menos), que inmediatamente pasa a caerle mal al espectador, una vez más preparándole para lo que se avecina al final.

La película se centra principalmente en las relaciones humanas, y en particular también toca el tema de los malos tratos a menores, de los cuales hay varios ejemplos en el film: en primer lugar, psicológicos: es el caso de la propia madre de Philip, que por una razón tan estúpida como una religión (es una opinión personal) cohibe a su hijo de tal manera que no puede hacer las mismas cosas que cualquier otro niño de su edad, en definitiva, lo convierte en un niño diferente y marginado a ojos de sus compañeros (entre otros, los que tiran globos de agua contra su cristal en la noche de Halloween); luego están los físicos, en primer lugar aparece Terry, la violencia pura y dura, que es ajusticiado por Butch, que posteriormente reconocerá que es su segundo asesinato; el otro fue un hombre que también maltrataba, aunque en aquella ocasión a su madre, prostituta. Después, una típica familia que les recoge por el camino (tras averiarse el Ford que habían robado) en la que la madre zarandea violentamente a la hija pequeña simplemente porque ha derramado el zumo sobre la tapicería nueva del coche de su padre, aquí Butch decide llevarse el coche y dejarlos allí plantados con todo el equipaje. Y por último, en la parte más tensa de la película, en casa de Mack y Lottie, que viven con su nieto de seis años, lo que empieza con Butch bailando con Lottie al compás de un viejo disco sencillo (la inolvidable canción la compuso el propio Eastwood), mientras los dos chavales se ríen a carcajadas, se transforma en una auténtica tortura psicológica en el momento en que Mack pega a su nieto porque no hace inmediatamente lo que le ha mandado. Si hay una cosa que Butch no soporte es exactamente eso: «La gente como usted me da náuseas» le dice a Mack mientras le está atando, para matarle después, con la misma canción en el tocadiscos, que ahora suena sobre un fondo completamente distinto. Sin embargo, será el pequeño Philip el que dé por zanjada esta excelente secuencia (salvando la vida de Mack), cuando en un despiste de Butch le coja su pistola (fuera de plano) y dispare contra él, para a continuación salir corriendo de la casa con lágrimas en los ojos, tirando el revólver en el pozo y después lanzando lejos las llaves del coche.

Finalmente, con Butch herido y tendido sobre el césped, y el chico a su lado, llorando a lágrima viva, totalmente arrepentido de lo que ha hecho y siendo perdonado por Butch («Si tenía que ocurrir, me alegro de que hayas sido tu»), llegamos a la parte final del film, donde la agonía de Butch se convierte también en agonía para el espectador, pero en el buen sentido de la palabra, es decir, deseando que el sufrimiento se acabe, para Butch y para el chico, aunque todo desemboque en la predestinada muerte del protagonista. Efectivamente, volvemos al escenario de los primeros planos de la película, ese verde prado que resultará ser el lecho de muerte de Butch, aunque aún quede una pequeña sorpresa, pues Butch acabará muriendo a manos del agente del FBI y su mira telescópica, cuando interpreta mal el gesto de Butch al entregarle la postal de su padre a Philip, redimiendo así al pequeño de culpa, aunque sacrificando un excelente final a uno algo menos convincente.

Probablemente Un mundo perfecto sea una de las películas más humanas de Eastwood, ya que aunque a primera vista pueda parecer una road movie cualquiera, a la acción trepidante y a las persecuciones se anteponen la conversación y los sentimientos. Pese a algún toque ligeramente cómico, el film es un dramón de los de tomo y lomo, y si en manos de cualquier otro (y no necesariamente Spielberg) un guión así podría haber provocado la vergüenza ajena del espectador, en manos de Eastwood acaba siendo emocionante en su justa medida, sin caer en ningún momento en la lágrima fácil. Aunque el paso por taquilla fue bastante discreto, no fue motivo para que Eastwood no se decantara de nuevo por el camino del melodrama en su siguiente película, Los puentes de Madison (The Bridges Of Madison County, 1995), demostrando así su honestidad como realizador, eligiendo lo que realmente le apetecía hacer y no lo que determinados sectores de la industria o el público pudieran llegarle a dictar.