| Los inicios: tres cortos de Polanski |
|
|
||||||||||||||||||
|
Para ser preciso, debo reconocer que desconozco si los cortometrajes de los que hablaré brevemente a continuación son realmente los primeros trabajos de Roman Polanski o si ya antes había realizado alguno en el campo aficionado. Los trabajos a los que me referiré son los que realizó durante sus estudios de cinematografía como prácticas de estudios, para los cuales contó con los medios, no demasiado abundantes pero sí suficientes, de la escuela. En ellos apenas hay diálogos, un par de frases en cada uno. Al parecer Polanski creía que en el cortometraje la narración debería de ser exclusivamente visual, y de echo no hay mejor entrenamiento para aprender a contar bien una historia hacerla muda. De cualquier manera, me da la impresión viendo los tres cortos que a él no le interesaba el género más que como una plataforma de lanzamiento hacia el largometraje. El eterno lastre de los cortometrajes. Participa Polanski además como actor en al menos dos de ellos, faceta que parece que le gusta asumir de vez en cuando, aunque con limitado protagonismo. El primero de ellos se titula Aguafiestas (Roz bijemy zabawe, 1957). Se trata de la práctica de documental obligatoria de la escuela, y la historia de su gestación es muy curiosa. Polanski no tenía ninguna gana de hacer un documental, así que se decidió en principio por lo más fácil: rodar una fiesta de la escuela de cine. Pero para darle algo más de animación, contrató a unos macarras para que fueran a armar gresca. Desde luego que la armaron, y casi le expulsan de la escuela. Pues con eso ya he dicho lo que cuenta el corto. Comienza con los preparativos de lo que será una animada fiesta juvenil, con algún adulto haciendo de carabina y el propio Polanski intentando camelarse a una moza. Pero pronto se cuelan unos alborotadores, y tras montar una pelea masiva, la fiesta acaba por disolverse. Al día siguiente el solar donde se celebró parece un campo de batalla. Lo cierto es que, como parecía ser la intención del autor, la estructura documental está totalmente diluida, pareciendo más una escena de ficción que lo que debería ser. A pesar del supuesto desinterés del autor, el aspecto del "reportaje", en especial el montaje al ritmo de la música, recuerda a la mejor tradición de algunos documentalistas europeos, en especial a Bert Haanstra, autor del que vi algunos documentales hace unos años a los cuales me ha recordado mucho este trabajo de Polanski. La intención de Polanski al rodar Dos hombres y un armario (Dwaj iudzie z szafa, 1958) era hacer un alegato contra la intolerancia, pero para no parecer muy pedante le dio un barniz surrealista y metafórico. El resultado es excelente, a ratos delirante, pero siempre con un poso de amargura y pesimismo que se acentúa en la parte final. A mí me recuerda a Callejón sin salida (Cul-de-sac, 1966), de cuya concepción visual es un claro precedente, así como del sentido del humor y las situaciones un tanto inverosímiles pero en absoluto absurdas de aquella. Dos hombres salen del mar portando un enorme armario, de esos antiguos y ridículamente elegantes que se ven en las casas de los pueblos, espejo incluido, y se adentran en la jungla de asfalto. Allí serán rechazados al intentar entrar en un tranvía, en un café o en un hotel, al intentar agradar una joven esta les ignorará, y cuando ayudan a otra (por cierto, involuntariamente) serán brutalmente agredidos por unos gamberros (uno de ellos, el propio Polanski, ensayando para el papel de navajero que haría más adelante en su Chinatown -id.,1974-). Cuando salen de la ciudad a un vertedero a dormir, de allí les expulsará el vigilante, así que tras tanto rechazo deciden volver al mar, su hogar, donde seguramente les tratarán mejor los tiburones de lo que lo hicieron los hombres. A propósito, si alguien ha visto la reciente película danesa Un hombre de verdad (Et rigtigt menneske, 2001. Åke Sandgren), podrá reconocer una situación muy similar a la que narra este cortometraje. A lo largo de la película nos va insertando fragmentos de la realidad que les rodea, casi siempre con el mismo cariz pesimista. Cuando los ángeles caen" (Gdy spadaja anioly..., 1959), es el más ambicioso de estos tres trabajos, a veces demasiado, rozando la pedantería. A pesar de ello, el resultado es de gran belleza plástica y lirismo. Se trata de una narración en flash-back que visualiza el presente en blanco y negro y el pasado en color (como hizo también Yimou en El camino a casa -Wo de fu qin mu qin, 1999-). Cuenta la historia de una anciana que trabaja cuidando unos baños públicos, y mientras tanto va recordando episodios de su juventud, tales como cuando conoció a un soldado, se quedó embarazada y tubo un hijo, etc La historia, como se puede ver, es bastante convencional, si bien el tratamiento de los personajes y las situaciones que rodean la historia principal (por ejemplo, los detalles de los hombres que acuden a los baños) es lo más curioso e interesante. Desde luego es un corto triste, que a algunos les parecerá un rollo y a otros fascinará su ritmo, composición y belleza visual. A mí me ha dejado una sensación intermedia, aunque me ha parecido que anticipaba algunos de los trabajos posteriores del autor, a veces un tanto manieristas pero siempre interesantes. Nada parecido a la última gran obra del autor, El pianista (The Pianist, 2002), cuyo inminente estreno es un acontecimiento que ningún amante del cine y en especial de Polanski debe perderse. |