| LA NOVENA PUERTA (The Ninth Gate, 1999) |
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Polanski y el diabloEn la filmografía de Roman Polanski desde la década de los ochenta se advierte una evidente irregularidad, algo totalmente ausente al principio de su carrera, como demuestra la totalidad de sus films realizados en los sesenta, que son cuando menos notables. Los setenta se pueden entender más como una época de cambio y experimentación, en la que consigue una de sus obras más celebradas, Chinatown (id., 1974). En los ochenta tan sólo firma dos films, Piratas (Pirates, 1986), un film bastante extraño a priori y Frenético (Frantic, 1988), una producción made in Hollywood rodada en Francia, bastante por debajo de lo esperado. En los noventa la cuenta ascienda a tres películas, la extraordinaria Lunas de hiel (Bitter Moon, 1992), la estupenda La muerte y la doncella (Death and the Maiden, 1994) y la que es ya su penúltima película y la razón de estas líneas, La novena puerta, a mi juicio, con diferencia, la peor película que he visto del realizador polaco. Aun sin ser un film completamente despreciable, La novena puerta se sitúa de forma alarmante en el terreno de la vulgaridad, como ni siquiera a un film tan discreto como Frenético le sucede. Si el principal error de ésta se encuentra en la excesiva dependencia del universo de Hitchcock, del que Polanski no sabe desprenderse en ningún momento y renunciando a parte de su estilo, uno de los problemas de La novena puerta, film, en ocasiones, cercano al realizador de Marnie (id., 1962), tal vez se encuentre en la raíz del proyecto. Como es sabido el film es una adaptación de uno de los best-sellers de Arturo Pérez-Reverte, en concreto "El club Dumas" que no he leído (1), escritor potencialmente cinematográfico (claro que cualquier libro moderno está pensado para venderse en varios soportes y prolongarse a diferentes medios de expresión), como prueba el hecho de las múltiples películas que adaptan algunas de sus novelas (2). No obstante, según parece, la película sólo toma el punto de partida del libro y, además, independientemente de todo lo anterior, una adaptación debería entenderse como algo separado completamente de la obra literaria de la que parte, de una nueva creación o una interpretación, personal o no, de la novela; aunque hay ocasiones en las que el peso del escritor y de la obra pesan como una losa sobre su versión cinematográfica. Como no estoy en disposición de valorar el punto de partida -la novela de Reverte-, aunque ciertas y fundadas reticencias me invaden (3), me ceñiré al guión del film, uno de los orígenes del film. Escrito por John Browjohn, un colaborador habitual de Polanski, y por el propio director, sobre uno anterior del temible Enrique Urbizu (4), aun con alguna idea interesante, resulta bastante esquemático en general, torpe en su desarrollo, y sorprendentemente convencional. Es comprensible, o por lo menos no es extraño, que el realizador polaco sintiera cierto interés por el proyecto, otra aproximación al diablo tras la adaptación de la novela de Ira Levin en La semilla del diablo (Rosemary's Baby, 1968), con la que consiguió un notable presitigio y unos resultados artísticos estimables. Polanski se esfuerza (sin conseguirlo) en dotar el relato de un halo de misterio, de extrañeza, mediante elementos puntuales, mas el interés de aquél se acaba antes de empezar o justo cuando parace que va a encaminarse por senderos realmente inquietantes y sugerentes. El film mantiene progresivamente el interés del espectador en los primeros minutos de metraje: Dean Corso (Johnny Depp), un arquetípico detective (de libros), rápida y eficazmente presentado y descrito, es contratado por Boris Balkan (Frank Langella), un reputado coleccionista, para que verifique la autenticidad de una edición de un libro satánico (cuyo título es "Las nueve puertas del reino de las sombras") comparándolo con los otras dos que existen. Toda esta primera parte resulta en todo momento efectiva, pero apenas suficiente, gracias a pequeños detalles, que van desde la propia descripción de Corso y su trabajo, hasta la intromisión de varios elementos extraños y o turbadores (la muchacha sin nombre, la muerte de su amigo librero...) a raíz de la aceptación de éste para realizar el trabajo de investigación, manteniendo siempre el punto de vista del protagonista, algo sobre lo que se sustenta todo el film, y que según avanza la narración se irá conviertiendo en un arma de doble filo, y, aunque, aparentemente muy riguroso en este aspecto, hay varias escenas que rompen (intencionadamente) de manera burda esta posición narrativa. Empero lo peor del film es su arritmia narrativa y vulgaridad expositiva, que comienza en el momento en que Corso se dirige a Europa en busca de los otros ejemplares. De lo primero mencionar tan sólo el pobre avance de la historia -debido no sólo al discreto guión- desde que Corso visita a los libreros españoles (interpretados por José López Rodero), que a la postre se erigen de manera muy forzada en la clave de la historia (aunque ya da un poco igual) y la incapacidad para desarrollar bien al personaje principal, cuyas actuaciones algo ingenuas en ocasiones (¿cómo puede guardar el libro tras una nevera?) contradicen su carácter y profesionalidad perfiladas al principio. De lo segundo, no hay más que ver el poco partido que Polanski obtiene de las diferentes mansiones y lugares extraños por los que se precepita la historia, llegando a filmar igual (de mal) el hotel de París que el castillo donde tiene lugar una reunión satánica; ésta, por cierto, está entre lo peor que jamás haya filmado Polanski. (5) Ni el buen hacer de todo el reparto, en especial del excelente Frank Langella y de Barbara Jefford como la baronesa Kelssen, ni la sugerente partiura de Wojciech Kilar, ni el poco convencional desenlace, elevan este producto por encima de una mediocridad que no hace justicia el talento de su director. (1) Como ninguna otra novela de este exitoso
escritor, en parte porque tengo muchos prejuicios respecto a este tipo
de libros, en parte porque mi tiempo lo prefiero dedicar a leerme a escritores,
que intuyo mucho más interesantes. Tal vez esté cometiendo
un terrible error... |