| PIRATAS (Pirates, 1986) |
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Dentro de la revisitación y perversión de géneros emprendida por Polanski en El baile de los vampiros (The Fearless Vampire Killers, 1967) y Chinatown (id., 1974) el siguiente paso, fue recuperar un género tan estancado como es el de las películas de piratas. Dicho género, inmóvil desde la época de Erroll Flynn, Burt Lancaster y Tyrone Power, es entendido por Polanski con mucho cariño y eso hace que Piratas, como se aprecia, film de evocador título, pese a todos los palos que se ha llevado (que han sido muchos y la mayoría injustificados), sea una obra honesta, sincera y, pese al trabajadísimo diseño artístico (ese galeón de tamaño natural construido expresamente para el film), sencilla. Polanski, no trata en ningún momento de reinventar el género, como sí hiciera Renny Harlin en la horrenda La isla de las cabezas cortadas (The), o, vaya, lo que hizo Ridley Scott con el peplum y su premiada Gladiator (id., 2000). No, Polanski rueda Piratas como si se tratara de "La isla del tesoro", no añade nada ni tampoco quita nada al género, intentando, por increíble que parezca, no pervertirlo, como explosiones espectaculares o luchas a lo jiu-jitsu tipo Matrix (Id., 2000. Andy y Larry Wachowsky) (algo que hoy en día se ve hasta en las comedias románticas). Piratas es una comedia de aventuras "como las de antes", y por lo tanto, con un protagonista de altura como es el genial Walter Matthau, aunque en el film resulte histriónico (lógico, ¿no? Estamos hablando de un capitán pirata) y llevada por todos los clichés del género. Desde el tesoro anhelado (el trono dorado), hasta los motines, los abordajes y los naufragios. Ahora que queda claro que el film no falla por aquí, se entenderá que el mayor problema de Piratas es su constante irregularidad. La película posee escenas muy divertidas, como el arranque del mismo con el Capitán Red intentando comerse a su joven acompañante (Cris Campion), y trozos mortalmente aburridos, como todas las escenas románticas del Muchacho con la joven rica española. Los ochenta fueron sin duda lo peor de la filmografía del realizador (sólo dos películas en su haber en esta década: Piratas y Frenético), por que aunque Piratas sea un film emotivo, no deja de resultar un film aburrido, y en cuanto Frenético es un film que diluye sus ecos hitchcockianos en una peligrosa conjunción de sobriedad y seriedad con tedio y letargo. Pese a todo, sean los films buenos o malos, hay que aplaudir a Polanski su espíritu libre, de rodar todo lo que le venga en gana, sin olvidar jamás a los maestros (desde Siodmak a Fellini) y siempre superando, una a una, todas las adversidades posibles. |