| EL RESPLANDOR (The Shining, 1980) |
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Sangre en la nieveBarry Lyndon (id., 1975), la anterior película de Kubrick, supuso un enorme fracaso en taquilla, y mientras que a otros directores/autores esto les resbala siempre y cuando hayan hecho lo que han querido con SU película, al director de La naranja mecánica (A Clockwork Orange, 1971) no le hizo ninguna gracia y estaba decidido a hacer una de las películas más taquilleras en el año de su estreno, cuando quiera que éste fuese. Porque pasaron cinco años desde Barry Lyndon hasta el estreno de El resplandor. Kubrick quería hacer una película de terror, un género en el que no había trabajado hasta entonces, y buscando un material sobre el que trabajar se interesó en primer lugar por la novela "The Shadow Knows", de la escritora Diane Johnson. Aunque finalmente se decantara por la de Stephen King de igual título que el film, y coescribió el guión con Johnson. El prolífico escritor (que por aquel entonces tan sólo contaba con tres o cuatro novelas) se aseguró de que en el contrato figurase él mismo como autor del primer guión, pero lo cierto es que lo único que hicieron con él Kubrick y Diane Johnson fue leérselo. Aún así, esto se decidió en 1977, ¿Por qué tres años hasta el estreno? Bueno, en primer lugar, Kubrick estuvo más de un año eligiendo los decorados, todos ellos idénticos a edificios ya existentes, tanto en lo referente al exterior del hotel en el que se desarrolla la historia como a los interiores. Una vez se construyó todo, comenzó el rodaje, que se prolongaría durante diez semanas más de lo previsto, principalmente debido a unos fuertes dolores de espalda de Jack Nicholson (aunque el compañero de juergas de Polanski hacía lo posible por calmarlos a base de su diaria dosis de cocaína), con el consiguiente aumento de presupuesto, que alcanzó los veinte millones de dólares, casi el doble de lo que estaba destinado en un principio. Por último, la postproducción se prolongó hasta prácticamente el estreno de la película, a mediados de 1980. El estreno, primeramente se hizo sólo en unos pocos cines de EEUU por si a Kubrick le daba por hacer retoques; evidentemente, esto sucedió. El director recortó veinticinco minutos del montaje original, con epílogo incluido. En El resplandor, Jack Nicholson interpreta a Jack Torrance, escritor de poca monta (como casi todos los personajes masculinos de Stephen King) que decide aceptar el empleo de vigilante del Overlook Hotel durante el largo invierno en el que éste es cerrado al público. Allí se desplaza con su esposa Wendy, a quien da vida Shelley Duval y su hijo de cinco años Danny (Danny Lloyd) con idea de encontrar la tranquilidad que necesita para escribir la obra que le llevará a la fama. De este modo se convierten en los únicos habitantes del enorme hotel, un hotel que se queda aislado a causa de la nieve durante casi todo el invierno y en el que unos años antes otro vigilante asesinó brutalmente a su mujer y a sus dos hijas, para suicidarse después. El título del film hace referencia a un poder precognitivo que posee Danny, y que comparte con Halloran (Scatman Crothers), el cocinero del hotel. Aunque bastante desvirtuadas en su lamentable doblaje para la versión española (cuyas voces eligió el propio Kubrick) las interpretaciones de la pareja protagonista son muy buenas. Es cierto que Nicholson está más sobreactuado que nunca, pero también lo es que el papel lo requería, y de hecho Kubrick hizo lo imposible para desquiciarle, tanto a él como a Shelley Duval, que tuvo que ser internada en un psiquiátrico tras el rodaje. Curiosamente la actriz fue nominada en los Razzies de ese año a la peor actriz (y Kubrick al peor director¿?), una decisión que no comparto en absoluto, aunque sólo fuese por la escena (la más recordada de la película) en que Jack intenta entrar a golpe de hacha en el baño cerrado por dentro y Wendy está encogida a un lado de la puerta con un cuchillo completamente aterrorizada y con un rostro que es la auténtica personificación del miedo. Kubrick les hacía repetir decenas de veces todas las escenas aunque la primera toma fuese perfecta, incluso al pequeño Danny Lloyd, una posible razón de que no hayamos vuelto a verle delante de una cámara, y a Scatman Crothers que no era ningún jovencito. Mientras que en la novela el descenso de Jack hacia la locura venía provocado por la maligna influencia de un hotel embrujado (casualmente ubicado sobre un antiguo cementerio indio) en el film podemos comprobar como el escritor poco a poco va recorriendo el solito ese camino, si acaso ayudado por el aislamiento, y una compañía que quizá no sea la más adecuada para alguien que quiere dedicarse por completo a escribir. Pero por mucho que Stephen King se quejara de estos hechos diciendo que Kubrick no entendía el cine de terror por haber trasladado la maldad del edificio a los personajes, y de que desapareciesen los setos con forma de animales que al final cobraban vida y de que el hotel no explotase, puede decirse que todos los cambios sustanciales con respecto a la novela fueron grandes aciertos, aparte de que salvo estos detalles y poco más (como que en la novela Halloran sobreviviese después de que Jack le dé una buena paliza con un enorme mazo de croquet) la película es una adaptación bastante fiel. Y de hecho, los fantasmas también aparecen. Por citar un ejemplo, dentro de las virtudes del guión de la película frente a la novela está la excelente elipsis en la primera incursión del niño en la habitación prohibida. En lugar de enterarnos de lo que le pasa como ocurre en la novela, cuando Danny abre la puerta nos trasladamos al salón donde Jack y Wendy inician una discusión, y al rato aparece Danny con unas marcas en el cuello. Inmediatamente Wendy sospecha de Jack (que tiempo atrás perdió los estribos con el crío cuando sólo era un bebé) y este será el principio de la debacle. Por supuesto, nosotros sabemos que le ha sucedido algo en la habitación pero nada puede haber peor que cualquier cosa que nos podamos imaginar, hasta que todo quede claro en la segunda incursión, esta vez a cargo de Jack. Como siempre con Kubrick, en el apartado técnico la película es poco menos que perfecta. Los decorados fotografíados inteligentemente por John Alcott, potenciando los rojos en el interior del hotel, y que tanto tiempo se tardaron en escoger, son todos ellos dignos de recuerdo, pero hay que destacar el intrincado laberinto por el que fueron sustituidos los setos zoomórficos, y en general todos los interiores, desde el gran salón donde Jack tendrá el primer encuentro con el más allá, hasta los baños donde habla con el fantasma de Grady, el antiguo vigilante, en una de las escenas más inquietantes del film, o los enormes pasillos por los que la cámara se mueve sorprendentemente con gran destreza siguiendo desde detrás el periplo de Danny con su triciclo. Tanto en esta escena como en la que Jack persigue a Danny a través del laberinto o en la que Wendy se defiende de él con el bate de béisbol en las escaleras Kubrick se aprovechó de la utilización de la steady-cam, que inventó Garret Brown un par de años antes, y al que utilizó como operador de cámara en la película. La muy bien seleccionada banda sonora está compuesta en su mayoría por piezas clásicas de Bela Bartok, Gyorgy Ligeti y en mayor medida de Krzysztof Penderecky, y algunos temas de los años 30 durante la escena de la fiesta (fantasma) en la que Jack conoce a Grady. Para muchos se encuentra entre los mejores films de terror de todos los tiempos. Desde luego, los elementos los tiene, y sin duda se encuentra entre lo mejor del género en los años 80 y muchas de sus imágenes merecen por derecho propio encontrarse en cualquier antología: Todas en las que sale Jack Nicholson con el hacha, los torrentes de sangre manando de los ascensores que tantas veces ha sido copiada con mayor o menor suerte (aún no puedo olvidar aquel lamentable collage de películas que es Horizonte final (Event Horizon, 1997. Paul W. S. Anderson)), o las hijas gemelas de Grady que invitan a Danny a que juegue con ellas (y me temo que no precisamente a los médicos) o los espeluznantes flashes en que aparecen descuartizadas en el pasillo. Al final Kubrick consiguió el ansiado éxito de taquilla, a pesar de las quejas del otro S.K., que hace unos años consiguió recuperar los derechos de su propia novela y pudo hacerse un repelente telefilm de casi cinco horas dirigido por Mick Garris y que aún puede encontrarse en las estanterías de bastantes videoclubs. |