| 1961 • WEST SIDE STORY (West Side Story, Robert Wise) |
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Arte en movimientoObra maestra indiscutible del género del musical, West Side Story es una adaptación moderna de la tragedia shakesperiana de Romeo y Julieta. En el West Side de Manhattan, dos bandas de jóvenes: los portorriqueños sharks y los hijos de inmigrantes irlandeses jets pugnan para tratar de dominar el barrio. Bernardo y Riff, respectivamente, son los cabecillas de estos grupos que, como los Montesco y los Capuleto, llevarán su odio irracional hacia un extremo por el que tendrán que pagar a un alto precio. Mezclados sin querer en esta confrontación, Tony, antiguo jefe de los jets, ahora reformado con un trabajo y una voluntad de salir de las calles, y Maria, hermana de Bernardo, se encuentran y se enamoran al instante. La historia transcurre durante cuarenta y ocho horas, al igual que la obra de Shakespeare, y como en ésta, sigue similares disposiciones argumentales, a excepción destacada de un final en el que en este caso sólo muere uno de los amantes. Maria y Tony serán los mártires del odio mutuo entre las bandas, un odio que en ninguno de los dos casos tiene realmente como verdadera justificación a la banda contraria, sino que en el fondo todos los jóvenes luchan contra una sociedad que les olvida y les da la espalda, en un caso por ser considerados extranjeros indeseables en un país que en teoría es el paradigma de la libertad y la tolerancia, y en el otro por ser hijos de una sociedad decrépita y decadente, también extranjera en su día, de unos padres ahogados entre el alcohol, las drogas y la depresión, de unas familias rotas a las que el sueño americano ha acabado por abandonar. Norteamérica no es el paradigma de nada, es un sueño frustrado, un destino oscuro para los inmigrantes que llegan y los que un día quisieron buscar en ella su hogar, obteniendo a cambio una suerte que les fue adversa y que les hizo hundirse en la más amarga de las desesperaciones. Las víctimas de esto, unos jóvenes desamparados que buscan en el grupo la única salida a su soledad, tratan de justificar con su odio sus vidas abandonadas, la falta de amor y de comprensión de unos adultos que los olvidan, que de hecho nunca los han escuchado. Pero Maria y Tony son diferentes, ellos encuentran en el amor el verdadero sentido a su existencia, la esperanza en un mañana que les aleje del entorno de odio que les rodea, del error de culpabilizar a nadie de sus propias desgracias. Y en este amor encuentran la verdadera felicidad, que aunque efímera, será la única salida hacia una vida mejor. West Side Story es aún una obra profundamente conmovedora y comprometida. Estrenada en 1957 como un musical de Broadway, nacido de la idea conjunta del músico Leonard Bernstein y del coreógrafo Jerome Robbins, la película es una lección magistral de lo que debe ser un musical bien realizado. Las coreografías de Robbins son extraordinariamente filmadas por Wise, consiguiendo entre ambos en cada plano una composición perfecta y acompañando los números musicales con movimientos de cámara que abren el espacio a los bailes y con un montaje genial que consigue mejorar incluso el ya de por sí extraordinario lenguaje corporal de los bailarines. Los trajes y vestidos éstos tiñen de color el fondo desierto de las calles del barrio en el que viven, apenas iluminado de noche por la luz de las farolas o por los focos de la policía. Un rojo dominante tiñe el ambiente de pasión y odio, el amarillo y los naranjas identifican a los jets y los malvas y rojizos a los temperamentales sharks. Entre ellos, María y Tony se miran y aman ante una realidad desenfocada, en la que todo se olvida menos ellos mismos, víctimas inocentes de una triste realidad que los destruye. La película es una sinfonía de movimiento y color, una genial obra global en la que la música, el contenido de las letras, la interpretación, el baile y coreografía de las canciones y el estilo visual de los planos se combinan para enamorar la vista del espectador en cada momento del film. Nunca un musical ha conseguido la fuerza que alcanza West Side Story. Rodada en exteriores y en treinta y cinco decorados construidos en estudio, la película no desperdicia ni un solo fotograma para enseñarnos que el arte del cine puede muy bien servir de apoyo y funcionar a la perfección con otras formas expresivas como el musical teatral, sin caer en el error de dejar que la acción llene por sí sola el espacio relegando a la cámara a un segundo plano, sino haciéndola participar y aportar con su lenguaje y el del montaje de la puesta en escena teatral, para quizás mejorarla y complementarla sabiamente, para crear otro lenguaje nuevo y maravilloso. Los actores bordan todos sus papeles. Además de la siempre fantástica Natalie Wood, doblada por la soprano Marni Nixon y el razonable aunque inferior Richard Beymer, los mejores sin duda alguna son George Chakiris y la impresionante Rita Moreno, quienes consiguen hacer saltar chispas de la pantalla con sus bailes y su excelente y excitante interpretación. Por algo merecieron ambos el Óscar, dos de los diez que consiguió el film, entre los que también fue premiado en las categorías de película, director (en este caso directores), fotografía en color, dirección artística en color, sonido, banda sonora, montaje y vestuario. Y qué decir de la música, obra de culto ya en la historia de las bandas sonoras cinematográficas. Pese a conservar las mismas piezas que se compusieron para la versión de Broadway, Bernstein, uno de los genios musicales que enriqueció con sus obras el arte del cine, consiguió que algunas canciones, como Maria, America o Tonight se consagraran como verdaderas obras maestras, piezas inolvidables de un musical intemporal que estará siempre presente en nuestras memorias y en nuestros corazones. |