Miradas de Cine 1976 • ROCKY
(Rocky, John G.Avildsen)
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Por Alejandro G. Calvo
Cartel de la Película

United Artists, 1976. Dirección: John G.Avildsen . Productor: Irwin Winkler y Robert Chartoff. Guión: Sylvester Stallone. Fotografía: James Crabe. Música: Bill Conti. Dirección artístiva: James H.Spencer. Montaje: Scott Honrad, Richard Halsey. Intérpretes: Sylvester Stallone (Rocky Balboa), Talia Shire (Adrian), Burt Young (Paulie), Carl Weathers (Apollo Creek), Burgess Meredith (Mickey Goldmill), Joe Spinell (Gazzo), Jimmy Gambine (Mike).

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RIVALES A MEJOR PELICULA

Taxi Driver

Network, un mundo implacable

Esta tierra es mi tierra

Todos los hombres del presidente

 

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USA, la antonomasia de la oportunidad

El potro italiano y el director imposible

Hoy en día, tras la ascensión y caída (relativa) del actor Sylvester Stallone -cuyo nombre original, por cierto, es Sylvester Gardenzio- en el status hollywoodiense, no olvidemos que Stallone llego a ser el actor mejor pagado del mundo en la década de los ochenta, convirtiéndose en un ídolo teenager, gracias al auge de las action movies de la época que popularizaron un sinfín de actores, por decirlo de alguna manera, algo alejados del método Stanislavski de interpretación, cómo Arnold Schwarzeneguer, Bruce Willis, Jean-Claude Van Damme, Steven Seagal, Dolph Lundgren o Michael Dudikoff, y en menor medida, a otros actores algo más interesantes, cómo pueden ser Kurt Russell, Mel Gibson, Thimoty Dalton, Christopher Lambert o Michael Biehn; y la explotación hasta límites que llegan a lo risible aprovechando el tirón popular del film y de su actor principal, con cuatro secuelas a cual más desastrosa: las tres primeras dirigidas por el propio Stallone, y la última recuperando al infame director de la primera, el realizador norteamericano John G.Avildsen; puede resultar grotesco pensar que Rocky se hiciera con el óscar a la mejor película en 1976, superando a films de indudable calidad, cómo son Taxi Driver (Ídem. Martin Scorsese), Todos los hombres del presidente (All the President's men. Alan J.Pakula) o Network, un mundo implacable (Network. Sidney Lumet).

Si bien se puede entender que un film optimista, que premiaba la superación del individuo en la tierra de las oportunidades, y que inspiraba aquello de que "cualquier hombre puede llegar a ser presidente de los EEUU", resultara más agradable de votar para los miembros de la academia en plena etapa post-Kennedy y post-Watergate, que películas que trataran abiertamente la podredumbre que se hallaba inherente en muchas de las bases del american way of life: la sociedad (Taxi driver), la política (Todos los hombres del presidente) y los medios de comunicación (Network, un mundo implacable); lo que sí resulta inconcebible, es que un realizador que va a pasar a la historia, además de por dirigir Rocky, por ser el artífice de la saga Karate Kid (The Karate Kid, 1984) y de películas tan emblemáticas -es sorna- cómo Mis locos vecinos (Neighbors, 1981), ¡La que hemos armado! (Travelling Hopefuly, 1982) o Inferno (Coyote Moon, 1999), haya ganado el óscar frente a gente cómo Sidney Lumet, Ingmar Bergman o Lina Wertmuller, algo casi tan escandaloso y estúpido, cómo el hecho de que Kevin Costner fuera premiado por delante de Coppola y Scorsese, o, que Ron Howard fuera premiado por delante de David Lynch y Robert Altman. Cosas que pasan.

Así Rocky entre otras cosas, sirvió para presentar al mundo a Sylvester Stallone. El actor norteamericano, era el autor además del guión original del film -por el que fue nominado al óscar, además de figurar cómo candidato también a la mejor interpretación- (también lo sería de las secuelas posteriores), prácticamente se dio a conocer a lo grande en Rocky, pues anteriormente sólo había participado en una película softcore titulada El semental italiano (Party at Kitty and Stud's, 1970. Morton Lewis) y en mínimos papeles en películas cómo Bananas (Ídem, 1971. Woody Allen) o Capone (Ídem, 1975. Steve Carter). Tras Rocky todo fue diferente. Su imagen, en principio inocente, a la postre totalmente inexpresiva, algo bastante usual en los registros interpretativos del actor, con la bandera norteamericana de fondo en el cartel de la película, popularizó su imagen, que unida a la del excombatiente metido en problemas de Acorralado (First Blood, 1982), hicieron de Stallone toda una estrella unida para siempre a los personajes de Rocky Balboa y John Rambo. Así, para bien o para mal del cine -yo soy de los que estaría a favor, he de reconocerlo- Stallone se convirtió en un sello de éxito para todas las empresas que se embarcara, películas cómo Evasión o victoria (Victory, 1981. John Huston), Cobra (Ídem, 1986. George P.Cosmatos), Yo, el halcón (Over the top, 1987. Menahem Golan), Encerrado (Lock Up, 1989. John Flynn) y Tango y Cash (Tango & Cash, 1989. Andrei Konchalovski y Albert Magnoli), pasaron por ser los films más taquilleros de los ochenta, una década, por cierto, bastante nimia en cuanto a calidad cinematográfica se refiere.

Gonna fly now

Rocky, menciones honoríficas a parte, tan discutibles en todo caso, cómo cualquier otra película que haya resultado ganadora en los Óscars, pese a toda la parafernalia que el mismo Stallone ha contribuido en diseminar y desmitificar, no ha de dejar de verse cómo lo que es: un melodrama de superación, correctamente dirigido e interpretado, que rehuía el happy end directo (recordemos que Apollo Creek-Carl Weathers, gana la pelea final y conserva el título) y en una secuencia realmente emotiva, lo que no quita que haya sido objeto de múltiples parodias, el perdedor Balboa queda a imagen del espectador cómo un triunfador, tanto por aguantar todos los asaltos del combate, cómo por la satisfacción que ofrece ver a la pareja protagonista unida y feliz, pese a todo el ambiente marginal en el que se han estado moviendo durante el desarrollo del film.

De hecho, la mayor diferencia que se puede hallar en esta primera obra de todas sus secuelas (a excepción de la quinta parte, que ya se pierde en un melodrama de telefilm tan interesante cómo si se realizara la secuela de Alto, o mi madre dispara / Stop! Or my mum will shoot, 1992. Roger Spotiswoode) es el hecho de que el boxeo, aquí, sólo sirve cómo medio de conseguir el triunfo , de escapar de la sordidez de los barrios marginales de Philadelphia, es decir, no es el motor del film, si no un medio para situar la historia, y crear también, un clímax dramático bastante acertado, por más que la habilidad de Avildsen para rodar en un ring resulte bastante tosca -hay muchos planos desde el exterior del ring, bien en tomas laterales, bien en leves picados- pero finalmente solvente.

Así Rocky cómo otros melodramas de la época ganadores del Óscar cómo Kramer contra Kramer (Kramer Vs. Kramer, 1979. Robert Benton) o Gente corriente (Ordinary People, 1980. Robert Redford), es un film equilibrado, de escasa calidad artística, pero trenzado con un argumento lo suficientemente emotivo para resultar atractivo, básicamente centrado en la relación de Rocky con Adrian (Talia Shire, cuya vida cinematográfica ha transcurrido prácticamente entre Padrinos y Rockys), así cómo con su hermano Paulie (Burt Young) y su entrenador Mickey (Burgess Meredith). Las interpretaciones de todo el reparto, incluido Stallone, que no volvería a realizar una interpretación tan acertada hasta veinte años después en la incomprendida Copland (Ídem, 1997. James Mangold), son tremendamente solventes, y realmente sorprende que Stallone haya podido escribir secuencias con la fuerza dramática del ataque de Paulie totalmente borracho a la pareja, o aquella en la que el entrenador va a casa de Rocky para ofrecerse a ser su manager, tras prácticamente expulsarlo del gimnasio al ceder su taquilla a una joven promesa. Es curioso cómo en una revisión del film, uno se queda sorprendido, al ver la infantilidad (más que inocencia) de un personaje cómo el de Rocky, tanto en su historia de amor con Adrian, cómo en la manera de afrontar el combate final, y uno no puede dejar de preguntarse, si tanto Stallone cómo Avildsen, eran conscientes de lo que estaban haciendo. ¿Quién sabe?

Y así se queda Rocky a medio camino entre el equilibrio artístico y la espectacularidad minimalista de ver a Stallone correr por las calles de Philadelphia, subiendo una larga escalinata al son del popularísimo tema de Bill Conti Gonna Fly Now, una de esas canciones que cómo el Staying alive de los Bee Gees o la partitura de John Williams para La guerra de las galaxias (Star Wars, 1977. George Lucas) o Superman (Ídem, 1978. Richard Donner), permanece en la memoria del colectivo espectador y siempre se identifica con este potro italiano, que lamentablemente acabaría quedándose en percherón con el paso de los años y las secuelas.

Recientemente Stallone ha comentado que le gustaría recuperar a los personajes de Balboa y Rambo para realizar un sexto y cuarto film de cada saga. Me ahorro los comentarios.