Miradas de Cine 1991 • EL SILENCIO DE LOS CORDEROS
(The silence of the lambs, Johnatan Demme)
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Por J. A. Souto Pacheco
Cartel de la Película

Orion, 1991. Director: Johnatan Demme. Productores: Kenneth Utt, Edward Saxon, Ron Bozman. Guión: Ted Tally, basado en la novela de Thomas Harris. Fotografía: Tal Fujimoto. Música: Howard Shore. Montaje: Craig McKay. Dirección artística: Tim Galvin. Intérpretes: Jodie Foster (Clarice Starling), Anthony Hopkins (Dr. Hannibal Lecter), Scott Glenn (Jack Crawford), Ted Levine (Buffalo Bill), Anthony Heald (Dr. Frederyck Chilton), Frankie Faison (Barney Matthews), Kasi Lemmons (Ardelia Mapp).

SUS PREMIOS OSCAR

Película

Director

Actor (Anthony Hopkins)

Actriz (Jodie Foster)

Guión adaptado

 

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El lado oscuro de la mente humana

Hannibal Lecter. Dejando a un lado productos como los de Pesadilla en Elm Street (A Nightmare on Elm Street, 1984. Wes Craven) o La matanza de Texas (Texas Chainsaw Massacre, 1974. Tobe Hopper), que son parte fundamental de los iconos del cine de terror debido más a circunstancias comerciales propias del género que a sus excelencias cinematográficas, El silencio de los corderos supuso la irrupción de un personaje que forma ya parte esencial de la imaginería del cine y que se ha convertido en un clásico del cine de terror. Seguramente desde el Norman Bates de Psicosis (Psycho, 1960. Alfred Hitchcock) no había aparecido un personaje que encarnase de manera tan hipnótica nuestro lado más oscuro. En la película, se emplean clásicos recursos del cine de terror, creando una sensación de tensión y peligro durante todo el metraje.

En realidad la película es un auténtico híbrido. No hay que pensar en ella sólo como cine de terror. De hecho, Johnatan Demme concibió El silencio de los corderos como una historia de detectives. En realidad podríamos hablar de película policíaca, de terror gótico, thriller psicológico…

Jonathan Demme: la sorpresa

La trayectoría de Jonathan Demme no presagiaba, en absoluto, el éxito que éste obtuvo por El silencio de los corderos. Demme inició su carrera cinematográfica en la New World Pictures de Roger Corman (quién realiza un pequeño papel en el film) y su pasó por esta entidad acabó por desembocar en una opera prima para la Paramount, La cárcel caliente (Caged Heat, 1974), que pasó por las salas de exhibición con más pena que gloria.

Demme alternó trabajos en televisión con encargos para cine. En 1986, le llega el éxito con Algo salvaje (Something Wild), a la que sigue Casada con todos (Married to the Mob, 1988). Se trata de dos comedias centradas en el protagonismo del personaje femenino (Melanie Griffith y Michelle Pfeifer) y que tienen como telón de fondo una muy edulcorada denuncia social (como también ocurriría en la posterior Philadelphia / Ídem, 1993).

Con este bagaje, le llegó a Demme la oportunidad de embarcarse en el proyecto de The silence of the lambs, que en un principio estaba destinado a dirigir Gene Hackman (quien abandonó el proyecto porque le pareció que la película acabaría siendo excesivamente violenta. "Si alguien hubiera venido a verme para proponerme un film en el que una muchacha perseguía a un maníaco cuyo hobby consiste en despellejar a sus víctimas, hubiera dicho inmediatamente que no… Lo leí con rapidez y percibí una poderosa historia con un personaje femenino mucho más fuerte que todos los héroes masculinos que había visto en este tipo de películas. Vi que aquello era realmente interesante, con enormes posibilidades y decidí adaptarlo, olvidándome de mis prejuicios iniciales".(1) Al leer el guión de Ted Tally, la respuesta de Demme fue de total rechazo. Pero después de leer el libro se lo pensó, al percibir en la historia un gran fondo moral y que ésta podría centrarse en el personaje de la mujer, algo que parecía interesarle de sobremanera.

Jodie Foster vs Anthony Hopkins: el reparto

La actriz elegida inicialmente para encarnar el personaje de Clarice fue Michelle Pfeiffer, quien como ya dijimos anteriormente había trabajado con Jonathan Demme en Casada con todos. Sin embargo, ésta no aceptó por pensar que se trataba de una historia demasiado oscura y violenta que podría ser contraproducente en su carrera. Jodie Foster ya había contactado con el director cuando supo que el proyecto se iba a poner en marcha. Sin embargo, Demme estaba empeñada en trabajar con Michelle Pfeiffer, y sólo cuando se produjo la negativa de la actriz, barajó seriamente la posibilidad de dar el papel a Jodie Foster. Ésta, que venía de ganar el Oscar con Acusados (The accused, 1988. Johnatan Kaplan), entró a trabajar con Demme con un estudio del personaje que iba a encarnar muy desarrolado y reflexionado.

Para la elección del actor que iba a encarnar a Hannibal Lecter no hubo dudas desde el comienzo. Así habla Jonathan Demme del porqué de la elección: "Si pensé en él fue por dos razones fundamentales: una es que se trata de una persona que transmite una enorme inteligencia. Hay algo en él que te hace pensar que se trata de un hombre mucho más listo que tú. Esto es fundamental en Lecter, alguien que es, desde luego, más inteligente que casi todas las personas con las que se enfrenta, y quizá sea eso lo que le atrae de Clarice, una mujer cuya mente tiene un gran potencial. La otra cualidad es la gran humanidad y sensibilidad de Anthony, bastante evidente en películas como El hombre elefante (The Elephant Man, 1980. David Lynch)". La verdad es que no resulta difícil observar en el film, lo mucho que disfrutó de su trabajo el propio Hopkins.

Scott Glenn, conocido por sus trabajos en los que encarnaba personajes violentos, fue el primer elegido para el papel del Gumb. Sin embargo, Demme decidió transformarlo un poco (envejeciéndole) para que se convirtiese en el profesor y oficial del FBI Crawford. Finalmente el papel del asesino múltiple fue a parar a Ted Levine, en un principio por su físico poco truculento y vulgar.

Cabe destacar también una galería de secundarios bastante curiosa y muy funcional. Paul Lazar sería Pilcher, el entomólogo vizco y ligón; Alex Coleman y Charles Napier (que trabajó para Demme en Casada con todos y Philadelphia) serían los policías que custodian a Lecter en el Shelby County Courthouse; Roger Corman aparece brevemente, encarnando a un director del FBI que habla con Crawford por teléfono; George Romero, actúa como figurante, escoltando a Clarice cuando se ha entrevistado con Lecter a espaldas de sus superiores. Otros pequeños papeles, interpretados por gente cercana a Jonathan Demme y por rostros conocidos del público estadounidense (como el de Chris Isaak, por ejemplo) acaban por dar forma a uno de los mejores repartos del cine de nuestros días.

Thomas Harris y la novela

Thomas Harris, ya había visto dos novelas suyas adaptadas a la pantalla grande: Domingo sangriento (Black Sunday, 1977. John Frankenheimer) y Hunter (Manhunter, 1986. Michael Mann); ésta última basada en Red Dragon, la primera novela de la serie de Hannibal Lecter.

La novela en que se basa El silencio de los corderos apenas contiene descripciones de situaciones o reflexiones de personajes. El 80% de la novela está formado por diálogos (quizás pensando en la posibilidad de que alguna productora comprara los derechos de la novela). El guión de Ted Tally es muy fiel a la novela, limitandose a pulir las historias secundarias (cabe destacar aquí la importante presencia de Crawford, que se reduce considerablemente en el film) y a concretar más los diálogos.

Thomas Harris creó el personaje de Lecter a partir de las características que a él le parecieron útiles de diferentes asesinos en serie estadounidenses. De Ted Bundy incluyó alguna de sus técnicas para que sus víctimas se subieran a la camioneta (fingía tener un brazo escayolado). De Henydick, assesino de Philadelphia, su obsesión por matar mujeres tras encerrarlas largo tiempo en un pozo construido en el sótano de su casa. Mientras que de Ed Gein trasladó su fijación en aprovechar las pieles de sus víctimas para realizar cietos trabajos de costura que podemos ver en el film.

El personaje de Clarice: cine de mujeres

"Me gustan las buenas historias, sean del signo que sean, y cuando conecto profundamente con una de ellas, intento hacer un film… Pienso que un buen guión no tiene por qué terminar obligatoriamente siendo una buena película, pero también me resulta difícil hacer una buena película si el guión no lo es". Jonathan Demme siempre ha declarado que le gustaría realizar películas que dibujen cierta problemática social y/o de injusticia. En sus films, esto se ve de forma tímida, siendo mucho más clara su atracción por los personajes femeninos. "Creo que una de las cosas que puedo detectar en todo mi cine es un profundo respeto por la mujer y un deseo de mostrarlo a través de una historia… Una mujer sobre cuyos hombros descansa una película, una mujer que está en peligro o una mujer con una misión en la vida. Esos son temas que tienen un tremendo interés para mí como espectador y como director. Tiene que ver con el hecho de que en nuestra vida cotidiana, en esta sociedad regida por el macho, las mujeres operan con ciertos handicaps. Para ellas, conseguir lo que quieren es obviamente más difícil que para los hombres… Creo que las mujeres son, con mucho, mejores personas que los hombres". En esta declaración de Demme que más que clara la importancia de los personajes femeninos en sus películas. De hecho, fue la lectura que hizo del personaje de Clarice lo que le decidió a aceptar la dirección de El silencio de los corderos. Básicamente, en la película, Clarice debe superar una serie de pruebas a las que la someten los hombres antes de poder cumplir su misión. Diversas secuencias nos explicitan este hecho: el entrenamiento de Clarice que abre los títulos de crédito; el plano en el que se introduce en un ascensor rodeada por personal masculino del FBI; la conversación con el Dr. Chilton previa a la primera entrevista con Lecter, en la que le echa los tejos de un modo vulgar; el análisis que hace Lecter de Clarice a partir de su perfume, los zapatos, el bolso…; las insinuaciones que hace Lecter del posible deseo sexual de Crawford hacia ella; la escena en que se queda sola con los policías en la funeraria y el modo en que se mueve Crawford para hablar con el sheriff… Todo ello, nos dibuja claramente un mundo machista en el que Clarice debe establecer una doble lucha por hacerse un sitio en él y por intentar salvar la vida de una persona.

La violencia invisible

En el film no se ve ningún acto violento de manera explícita. Estamos ante una violencia interna, que más que explotar en nosotros en el plano visual, lo hace directamente en nuestra mente. La fotos que el Dr. Chilton enseña a Clarice antes de ver a Hannibal Lecter (estupenda la interpretación de Jodie Foster, ya que en sus ojos podemos ver todo el horror que presumiblemente desprenden); la narración por parte de diferentes personajes de las andanzas de Lecter; el ataque a los carceleros, manteniendo un primer plano fijo de Lecter que golpea con una porra mientras mira directamente a la cámara (un recurso que Demme repite en varias ocasiones, dirigiendo la acción de los personajes directamente hacia el espectador)… Todo ello nos aturde y subyuga al mismo tiempo, y lo hace de una forma muy sutil, casi fantástica.

La mazmorra en la que está encerrado Lecter supone toda una creación del equipo de dirección artística. Fue creada en una fábrica abandonada e inspirada en fotografías del proceso de Nurenberg. La escena en la que el Dr. Chilton acompaña a Clarice hacia este lugar es, en esencia, un descenso a los infiernos (de la misma manera que ocurre cuando Clarice entra en el sótano de Buffalo Bill). Todas las celdas tienen puertas de barrotes, excepto la de Hannibal Lecter que está formada por un grueso cristal de seguridad. Este detalle vuelve a dar al personaje de Lecter una dimensión distina, no terrenal y alejada del resto de los mortales.

Uno de los planos visualmente más impactantes del film es aquél en el que se ve al policía muerto colgado de los barrotes de la celda de seguridad. Éste y algunos otros más, están inspirados en las pinturas de Francis Bacon. Los cuerpos cercenados y ensangrentados de sus cuadros (plagados de tonos rojizos) ofrecían a la película cierto desasosiego y, al mismo tiempo, esteticismo que Demme y su equipo supieron recoger para bien del film.

Tak Fujimoto ha sido el director de fotografía de casi todas las películas de Jonathan Demme. En las secuencias claves de la película, el juego de la iluminación es fundamental. Por ejemplo, en la casa de Buffalo Bill, conforme Clarice baja las escaleras va dejando atrás la realidad y parece introducirse en la mente del criminal. La simbiosis entre escenario y personaje es total. Lo que en la celda de Lecter era infierno, aquí se convierte en locura.

Lecter vs Clarice

Las entrevistas entre Lecter y Clarice son, sin duda, lo mejor de la película. A parte del goce que supone contemplar el duelo actoral entre Hopkins y Foster, la planificación y diseño de estas escenas por parte de Jonathan Demme hacen de ellas todo un festín cinematográfico del que poder disfrutar.

En la película hay cuatro entrevistas entre Lecter y Clarice. La primera de ellas sirve, además, para presentar (por fin) el personaje de Hannibal Lecter. El Dr. Chilton acompaña a Clarice hasta la entrada del pabellón de celdas para psicópatas muy peligrosas, advirtiéndole de la gran peligrosidad de Lecter. Éste está recluido en la última celda al fondo del pasillo, separado por un cristal de seguridad. Clarice se separa del Dr. Chilton en lo que podríamos llamar la antesala del infierno, ya que justo después vamos a sumergirnos en las profundidades del averno.

La primera aparición de Lecter es majestuosa. Al final del travelling de Clarice por el oscuro pasillo de las celdas, intercalado con planos subjetivos de ella, nos topamos con Lecter esperando de pie en medio de la celda. La música de Shore desaparece y comienza el duelo interpretativo de los actores. El diálogo, rodado a partir de plano-contraplano, sustenta el peso de la escena. Cuando Lecter ojea el cuestionario, vuelve la música, hasta que echa a Clarice con el célebre "vuela a la escuela, pajarillo. Vuela… vuela…".

En la segunda entrevista, la celda permanece a oscuras. Es Clarice quien va por iniciativa propia, y Hannibal espera escondido en la oscuridad. Esta entrevista se cierra con los sueños de Lecter de salir al aire libre.

La tercera entrevista también está rodada con poca luz. Es la que establece el quid pro quo entre Lecter y Clarice. La acción se rueda en un continuo plano-contraplano a través del cristal para acabar en un plano genial en el que se funden ambos rostros.

La cuarta entrevista se realiza en el Shelby County Courthouse con la jaula de Hannibal Lecter en el centro. Una serie de travelling laterales muestran a Clarice nerviosa alrededor de la celda, hasta que la mirada hipnótica de Lecter se fija en la de Clarice. En ese momento vuelven los planos-contraplanos. La cámara acaba enfocando a Lecter, hasta llegar al punto culminante de la película, cuando Clarice relata la historia infantil de la matanza de los corderos que aún la despierta por la noche al oirlos aullar en sus sueños.

En todas estas secuencias, Lecter va introduciéndose poco a poco en el alma de Clarice, llegando a "enamorarse" de ella. Entre los dibujos que aparta el guardián cuando pone la bandeja de la comida de Lecter, podemos ver uno que ha hecho de Clarice.

Juegos con el espectador

Dos aspectos se han discutido de la película. Uno de ellos son los flashback de la infancia de Clarice que nos explican el trauma que supuso la muerte de su padre, policía, a manos de unos delincuentes. El segundo es el montaje de secuencias en el desenlace de la intriga acerca de la captura de Buffalo Bill. De hecho, en los dos casos Demme utiliza el mismo recurso (posiblemente tramposo) del montaje paralelo, pero que no es más que un ejercicio de estilo propio del thriller al que no se le debería sacar más punta. Es cierto, que en el montaje paralelo de la captura de Buffallo Bill, en ocasiones, Demme riza el rizo, pero aún así la escena funciona perfectamente.