Miradas de Cine 1994 • FORREST GUMP
(Forrest Gump, Robert Zemeckis)
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Por Alejandro Díaz
Cartel de la Película

Paramount Pictures, 1994. Director: Robert Zemeckis. Productores: Steve Starkey, Steve Tisch y Wendy Finerman. Guión: Eric Roth, basado en la novela de Winston Groom. Fotografía: Don Burgess. Música: Alan Silvestri. Montaje: Arthur Schmidt. Duración: 142 min. Intérpretes: Tom Hanks, Robin Wright-Penn, Sally Field, Gary Sinise.

SUS PREMIOS OSCAR

Película

Director

Actor (Tom Hanks)

Guión adaptado

Montaje

Efectos especiales

 

RIVALES A MEJOR PELICULA

Cadena perpetua

Pulp Fiction

Quiz Show

Cuatro bodas y un funeral

 

Miradas de Cine © 2002-2003

Voluntad de inocencia

En unas declaraciones recientes, el cineasta canadiense David Cronenberg mostraba su estupor por la posición de privilegio alcanzada por un director como Robert Zemeckis dentro de la industria, asunto que le parecía indicativo del bajo momento atravesado por el Hollywood actual. Ciertamente, pocas personas podían pensar que el responsable de la saga de películas de Regreso al futuro iba a ser coronado algún día con una lluvia de Oscars, pero así fue. ¿Y qué cambió en 1994 para que la Academia decidiese aupar a Zemeckis a “lo más alto”? Pues que, simplemente, Zemeckis se decidió dar el salto (en realidad pequeño, un saltito) al cine con pretensiones de “calidad” y, ¡bingo!, los aplausos le llovieron del cielo.

Zemeckis siempre ha sido un director falto de personalidad. Desde sus comienzos, se delató como una especie de Spielberg en versión pobre. Un realizador tan pulcro como limitado visualmente, funcional y sin marcas autorales. Y es que la propensión a la “corrección política” o directamente al conservadurismo de su cine no debe confundirse con una verdadera personalidad, la cual no ha hecho nunca presencia en sus películas. Director de entretenimientos de segunda fila auspiciados por su amigo Spielberg (para quien ha sido también guionista) en los inicios, y hoy día productor ya de sus propias peliculitas (films de terror formularios y aburridos como el reciente Ghost Ship/íd., 2002; Steve Beck), Zemeckis siempre ha cultivado un cine del cual ha participado asimismo su colega Penny Marshall (otro miembro de la troupe de Spielberg y Lucas): Me refiero a productos correctos técnicamente, impersonales, que despliegan una serie de subterfugios con los que pretenden revestir materiales endebles, cuando no rancios, realizados con conformismo y con cierta inconsciencia, resultando módicamente vistosos y completamente yermos en lo artístico. Productos insulsos, nada estimulantes, y carentes, o eso espero, de expectativas más allá de una buena carrera comercial (y algún que otro Oscar).

Forrest Gump es, muy posiblemente, el film más ambicioso de la carrera de Zemeckis (aunque también se pretendió trascendente en otros posteriores como Contact/íd.,1997 y Náufrago/Cast Away, 2000, y le salió el tiro por la culata). El film repasa a la Historia reciente de los Estados Unidos a través de los ojos de un hombre de pocas luces (Forrest Gump/Tom Hanks) que asiste a la transformación del país a lo largo de los años. Zemeckis no duda en proporcionar una visión “amable” de las distintas épocas para buscar la complicidad de las memorias más débiles y propensas al edulcorado y la distorsión de los hechos que han marcado el devenir de la nación. El estilo narrativo escogido es de una estudiada ligereza, que aúna el retrato de cada una de las décadas (todo tópicos), con el humor (consistente, a menudo, en introducir a Forrest Gump en el contexto de muchos momentos históricos cruciales), y las dosis justas de drama y romance (la relación de Forrest con Jenny/Robin Wright, magnífica en su papel pese a todo). Esta ligereza, sin embargo, es aprovechada por Zemeckis para pasar de puntillas sobre todo asunto peliagudo, y, con una inconsciencia inaudita, para manipular la realidad a su conveniencia, suavizando unos asuntos, otorgando carga dramática a otros, y eludiendo algunos más, siempre buscando una especie de “inocencia” (perversa, finalmente) que Zemeckis y su guionista identifican directamente con la estupidez. Una manipulación que incluye un uso de los efectos especiales que, aunque se presente como riguroso, es igual de irrespetuoso con el espectador que las explosiones del cine digital: Cambia el tono, pero no la intención de engañar al respetable, con el agravante de que los trucajes de Forrest Gump demuestran las aterradoras posibilidades manipuladoras de estos efectos especiales, que pueden ser aplicados por cualquiera con un poco de poder para fabricar “realidades” a su medida.

El hecho de que Tom Hanks sea el protagonista contribuye a orientar la película hacia terrenos reaccionarios; no olvidemos que Hanks, haciendo gala de su inimitable mueca llorona, ha sido capaz de estropear, con esa obsesión moralizante suya, películas tan bien realizadas como la reciente Camino a la perdición (The Road to Perdition, 2002; Sam Mendes). Hanks es el perfecto compañero de viaje de un director como Zemeckis, también muy conservador. Prueba de su conservadurismo es, además de la defensa numantina de la institución familiar (ahí está Michael J. Fox en Regreso al futuro / Back to the Future, 1985, con la intención de que su padre y su madre se casen; Jodie Foster reuniéndose con su papá muerto en el viaje psicodélico-espacial-videojuego que cierra Contact; o el repartidor de FedEx que insta a su ex-novia a seguir al lado de su marido y a tener más hijos con él en Náufrago), también la asepsia carnal habitual en sus films, en los que las pasiones dionisíacas, los deseos físicos, brillan por su ausencia (especialmente llamativo es el caso de Náufrago, en la que, después de que el protagonista se pase varios años aislado, no hay ni una sola mención al tema, ni durante, ni después de la estancia en la isla).

Dejando aparte la idea de guión que hacía que la madre del protagonista de Regreso al futuro se enamorase levemente de su propio hijo (idea sobre la cual Zemeckis se cuida mucho de insistir), es en Forrest Gump donde el sexo parece más presente dentro del cine de su director, aunque –no podía ser de otro modo– dicho sexo es recubierto por un abrigo de sordidez impostada. Recuérdese la secuencia en la que la madre de Forrest se prostituye, filmada con un sensacionalista fuera de campo, para que resulte incómoda, el gatillazo de Forrest cuando Jenny se desnuda ante él, horriblemente filmado también, o la peripecia con las prostitutas, asimismo desagradable. Y es que da la impresión de que Zemeckis entiende las actividades pasionales como algo negativo, o quizás “pecaminoso”, que, tal vez, nos aleja de otro tipo de sentimientos más “puros”, “elevados”, o “inocentes”, pues sus intenciones al mostrarnos este “sexo sórdido” son de advertencia, mas nunca subversivas.

Pero bueno, esta es una más de las estulticias de una película repleta de ellas: Recordemos la graciosísima secuencia en la que, mediante un lenguaje que trata de imitar al de los films mudos, Forrest habla del Ku Klux Klan como personas que «se vestían con sus batas y sus sábanas, y hacían como que eran fantasmas, o espíritus, o algo así», y «ponían sábanas a los caballos para dar vueltas por ahí». Ja, ja, ja. O aquel instante en el que, en medio del conflicto de Vietnam, Forrest acuña aquello de: «siempre andábamos buscando a un tío llamado Charlie». Ja, ja, ja. O la ya célebre «la vida es como una caja de bombones» (no se había escuchado nada tan profundo desde aquel “la vida es una tómbola” de la ínclita Marisol). Y qué simpático cuando, en el momento en el que Forrest se dispone a dar su opinión sobre el conflicto de Vietnam, va Zemeckis y ¡le desenchufa el micrófono! Hombre, la guerra deja secuelas muy malas, como al personaje de Gary Sinise, al que le amputan las piernas, y que se vuelve un loco caricaturesco, voceras y putero. Pero, eso sí, América es la tierra de las oportunidades, y permite, cómo no, que dicho personaje (siniestro y manipulador reverso del Travis Bickle interpretado por Robert DeNiro en Taxi Driver/íd., 1975; Martin Scorsese) consiga el éxito y el dinero, y sus secuelas psicológicas se disipen. Eso sí, lo que sí deja secuelas inapelables es el mezclarse con los hippies. Acordémonos de esa bochornosa asociación de ideas entre la secuencia en la que vemos a Jenny entrar en un autobús lleno de “melenudos” y la posterior, cuando Forrest vuelve a verla años después, en la que Jenny está enferma de SIDA... Bonita identificación: Ir con hippies = Tener SIDA. Una asociación de ideas que, claro que sí, se merece todo el dramatismo que Zemeckis le niega al racismo o al belicismo congénito de su país. Más aún, el director sitúa el origen de todo el asunto en el padre de Jenny, que se saltó las reglas del juego: el hogar roto lleva a la destrucción (o sea, al póster central de Playboy, al amor libre y, finalmente, a la muerte física).

Y es que, según Zemeckis, quien mal anda, mal acaba, y es mejor emular a Forrest y hacer siempre lo que te ordenen. Unirse al ejército con los ojos cerrados, perder el tiempo con ideas tan infantiles como dedicarse a correr sin parar (como dirían Tip y Coll: “observen la gilipollez”), evitar el contacto con los que existen al margen de la vida familiar, y seguir el modelo de vida que el Estado ha ideado para el americano medio (cada vez más parecida a la que le quieren imponerle al europeo medio): Comer en el McDonald’s, tener un empleo honrado y una cuenta en el banco, copular una vez al mes con la mujer (o, si no, no hacerlo, casi mejor), no beber alcohol en público ni fumar, tener un revólver bajo la almohada y La Biblia en la mesita de noche, y tragarse cinco horas diarias de idiotizantes programas de televisión. Gump es, pues, el modelo de ciudadano “de bien” que tiende a impulsarse desde los sectores más puritanos de Norteamérica. Una persona que no discuta, que se tape los ojos, que no quiera ver ni entender, pero que funcione bien como consumidor y haga, aunque no se dé cuenta, todo lo que le impelen a hacer. Una persona que se finja inocente, que pretenda serlo, ignorando que la inocencia no es posible buscarla, sino que se tiene o no se tiene, sin más.