Dossier Cine y Guerra: Presentación  
Sumario
Por Alejandro G. Calvo
Miradas de Cine © 2002-2003

Odiamos la guerra... amamos el cine

Odiamos la guerra... y la hipocresía y la ignorancia y los dogmatismos...

Vivimos tiempos contradictorios, se podría decir. O quizás, simplemente, el mundo y sus habitantes se han vuelto definitivamente locos. Lo ignoro, aunque puede ser. Llevamos ya varios días totalmente colapsados, ya no por una guerra infame y estúpida digna de los desvaríos del Chaplin de El gran dictador, de cualquiera de los dictadores fascistoides de Z o los malvados supervillanos de la saga Bond, o de algún personaje de animación tan desquiciado cómo rallante con la realidad, ya sea el Monty Burns de "Los Simpson" o los marines USA retratados en "South Park".

La historia, mejor dicho, la sangrienta historia de la humanidad, y muy en especial, la condición de país nacido, crecido y reproducido en la sangre, cómo son los Estados Unidos de Norteamérica, no ha servido para nada. El pasado, atado a su silla de ruedas o ya directamente en la tumba, no perturba a los dirigentes de este mundo de mentecatos en el que poblamos. Y si la historia no ayuda a hacer razonar a la ultra derecha, ¿qué va a poder hacer el cine?. Quizás, si George Bush padre hubiera llevado más al cine a su hijo, a ver obras cómo El cazador, Platoon, Nacido el 4 de Julio o La delgada línea roja –ya ni nombro películas de gente como Rossellini, Saura, Oshima o Tavernier–, ahora el mundo no estaría dirigido por este Sauron, que se divierte jugando con las vidas de los habitantes del planeta cómo quien juega al monopoly. Y es que el hombre ideólogo de la operación “Justicia infinita”, es el mismo que ha reconocido que siempre fue muy malo en el colegio, y que si entró en la prestigiosa Universidad de Yale –esto sí que no lo ha reconocido–, fue más por ser hijo de quien era (no me lo hagan decir) que por sus “aptitudes” intelectuales.

Sin embargo, ahora mismo, ya resulta en vano hablar de la guerra. Nada ni nadie va ha hacer que esto cambie, y criticar la situación, empieza a ser un elemento repetitivo que si no ha convencido todavía a los que no han querido escuchar las protestas, ya dudo de que convenza a nadie de nada. Y así, ¿qué hago yo? Tengo que presentar este nuevo estudio de Miradas de Cine sobre cómo la cinematografía ha retratado la injusticia de las guerras y, la verdad, no tengo ya palabras. Me siento cansado. Cansado de ver en televisión y en riguroso directo cómo las bombas asolan los pueblos y ciudades de Irak. Cansado de ver cómo Blair-Saruman, un supuesto líder de las izquierdas europeas –me daría la risa, si no estuviera tan triste– admite que ha lanzado las ilegales bombas de fragmentación sobre objetivos clave y ha acabado masacrando a una familia de quince personas. Cansado de ver cómo algunos de nuestros dirigentes populares, cómo dice el ilustre profesor Palomino, confunden los términos “violencia extrema”, asignándolos, en vez de atacar con bombas una ciudad, a que unos manifestantes les lancen cuatro tomates –algo que por otra parte, tengo que desaprobar–. Cansado de que se me diga de que vivimos en democracia cuando el 91% de los españoles estamos en contra de la guerra. Cansado de descubrir entre dirigentes y votantes del PP a verdaderos doctorados en política exterior que aseguran que Hussein es más malo que el demonio –que no dudo que lo sea– y que o lo matamos nosotros o nos matará él. Cansado de que se haga oídos sordos a tantos dictadores distribuidos por Asia, África o Sud América, y sin embargo nos centremos en el único dictador con suficientes pozos de petróleo en su país cómo para liberar la angustiada necesidad energética por la que pasan los USA. Cansado de ver a un presidente de la oposición apuntándose al bombardeo allá donde se presente, con una intención marcadamente electoralista...

Pero cómo he dicho antes, todo esto, es repetir lo ya dicho por alguien, seguramente más inteligente y culto que yo, que en el fondo, no soy más que un simple amante del cine que ha tenido la suerte de convencer a algunos incautos para sacar adelante esta revista, que por alguna razón, ha caído hoy en tus manos.

Pero es que mi cansancio se trunca en indignación, cuando oigo cómo el presidente del gobierno tilda de nazis a los manifestantes, mientras que asegura que la operación militar es para salvar al pueblo de Irak, el mismo pueblo, que ahora está regresando desde países cómo Irán o Jordania para luchar contra los marines norteamericanos y británicos. Y es que, si esto sigue así, para cuando se haya salvado al pueblo, ya no habrá pueblo a quien salvar, pues estarán todos muertos o en hospitales de dudosa calidad, enteros o a pedazos, qué más da. El eje del bien habrá impuesto la democracia en Irak cómo quien convierte a los indígenas, matando al 50% y torturando a la otra mitad. Cómo dijo el Súper-Juez Baltasar Garzón, tiene que ser duro ser miembro del PP, votar Sí a la guerra, y al llegar a casar mirarle a la cara a tus hijos. Por una vez voy a estar de acuerdo con él.

Así que sólo puedo decir una cosa, y esta sí que es importante. Y es que siento la más absoluta repulsión antes los editoriales de Julián Lago en “La razón”, un periódico que hace parecer el ABC totalmente izquierdista, ante los comentarios de nuestra ministra de exteriores obligándonos a estar contentos por que la gasolina súper ha bajado unos centimillos ante los comentarios de Don Manuel Fraga Iribarne, diciendo que «no se puede eliminar una guerra por que hay muertes de civiles, de la misma manera que no se pueden quitar las carreteras por que hay accidentes», o ante el comentario de Miguel Ángel Rodríguez, actual rico empresario y ex-portavoz del gobierno, en “La noche de Fuentes y Cia.” cuando dice que España, gracias a esta guerra, ha conquistado el siglo XXI. Señor Rodríguez, esa conquista al 91% de los españoles no nos importa una mierda, y, mucho menos que eso, si es a costa de masacrar un pueblo inocente. Sólo me queda la duda de que hubiera pasado si el actual Partido Popular hubiera gobernado durante el inicio de la Segunda Guerra Mundial, ¿a que bando se habría unido el presidente Aznar para conquistar el siglo XX?.

En fin, lo he dicho al principio, vivimos tiempos contradictorios en Mentecatolandia.

Amamos el cine... y la ilusión de vivir en paz y en alegría

Con semejante título uno podría pensar que me he vuelto neo-hippy, pero la verdad, es que yo ya no sé ni que soy. En estos días pensar por tu cuenta puede llevarte a ser tildado de extremista, así que mejor me ciño a lo que toca, que ya me he desfogado bastante antes.

En Miradas de Cine hemos decidido hacer un estudio sobre la guerra, y, esto es importante, no significa que sea un estudio de cine bélico. Este estudio lo único que pretende es ser nuestro particular granito de arena a la causa antibelicista. Es nuestro “No a la guerra” particular. No tiene más pretensiones que las que se les quiera buscar a los artículos. Tengo que decir, que es el primer estudio de la revista en su año de vida, que ha sido directamente impulsado por los redactores, con lo que hemos atrasado un mes el estudio que dedicaremos en Mayo al realizador Brian de Palma.

Así que igual que hicimos con el Dossier de la Interculturalidad, o en parte, el de los Óscar, nuestra aproximación a las películas, se alejaran (un poco) de los contextos cinematográficos para centrarnos más en el alma de las mismas. Cómo he dicho, no se trata de un estudio definitivo, si no un grito de protesta. De la misma manera, cómo de lo que se trataba era de hablar de Cine y Guerra hemos preferido eliminar el habitual top de calificaciones y sustituirlo por una votación de las cinco películas, que a juicio del redactor, le resulten más importantes o relevantes sobre dicho tema. Que supongo se aproximará más el espíritu de este estudio-dossier.

Nada más, disfrutar de él lo mejor que podáis. Y, sobre todo, seáis de donde seáis, y seáis cómo séais, por favor, utilizar el corazón para pensar. Y es que soy de los que creen que el único motor del mundo ha de ser el amor, lo demás, el egoísmo, la vanidad, la hipocresía, la rabia... sólo nos llevará a vivir el infierno en nuestras vidas. Mira tú por donde, igual sí que soy un neohippy.