| CARRIE (Carrie, 1976) |
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La maldición de la sangreHay que reconocer, pese a que muchos se nieguen a ello, que Brian de Palma, a parte de realizar excelentemente todas sus películas, consigue en muchas de ellas obras de gran calidad, con un guión sólido, un tratamiento de personajes y una dirección de actores magníficas y la virtuosa puesta en escena visual y sonora que le caracteriza. Este es el caso de Carrie, El fantasma del paraíso (Phantom of the Paradise, 1974), Los Intocables de Elliot Ness (The Untouchables, 1987) Atrapado por su pasado (Carlito's Way, 1993) Impacto (Blow Out, 1981) o Fascinación (Obsession, 1976), entre otras. Brian de Palma leyó la primera novela de Stephen King, "Carrie" (1974), animado por la recomendación del escritor y guionista David Freeman. El libro, expone los hechos como una especie de crónica de sucesos, narrada mediante multiplicidad de puntos de vista, con numerosos saltos temporales y estilos narrativos. La adaptación que de Palma llevó a la pantalla en el año 1976 es muy fiel a la novela en aspectos esenciales, tales como la exposición básica de los hechos, –aunque en el film se desarrollen de manera lineal y ordenándolos cronológicamente– y los diálogos entre personajes, hechos ambos que mantienen el espíritu del libro, pese a divergir en otros elementos. De entre ellos, destaca el tratamiento de los personajes, mucho más crueles y mejor dibujados en el relato de King, destacando al respecto sobretodo los personajes de la misma Carrie (Sissy Spacek en el film), mucho más terrorífica y cruel en la novela, y el mayor peso y dibujo de otros, como el de Billy (John Travolta), que en el libro es un personaje mucho mejor dibujado psicológicamente y desde luego, también mucho más terrible por sus actos. Por otro lado, la telequinesia de Carrie es en el libro analizada pormenorizadamente, científicamente y tiene una explicación genética que encuentra sus primeras manifestaciones en la más tierna infancia de la niña, en la que Carrie ya ponía en práctica estos poderes cuando sufría alguna situación traumática. Al respecto, en la película se obvia la inquietante lluvia de piedras que la niña provoca sobre su casa tras ser castigada por su madre por haber observado a su vecina tomando el sol. Esta escena abre el libro, y consigue enganchar al lector de manera inmediata. Pero pese a llegar a ser rodada por de Palma, y de hecho ser aprovechada en algunos fragmentos en la secuencia final del derrumbamiento de la casa de las White, no llegó finalmente a completarse debido a que para funcionar bien debía suponer un desembolso presupuestario importante. Lo mismo hay que decir de la destrucción final del pueblo en el libro, que provoca una verdadera masacre y muchas víctimas, pero que era inviable llevar a la pantalla, –aunque por otro lado tampoco interesaba a De Palma–. Hay que decir que el inicio de la película de De Palma es uno de los más recordados en el género de terror: Carrie, se ducha en los vestuarios tras un partido de volley-ball, mientras sus compañeras ya se visten. La música de Pino Donaggio, quien compuso para este film una de las mejores obras de toda su carrera, es aquí suave pero inquietante, y acompaña a la cámara entre las muchachas que se visten, para llegar finalmente a Carrie enjabonándose en la ducha. El vapor lo inunda todo, como un halo de sueño que simboliza el momento de aislamiento que Carrie está viviendo bajo el agua, sintiéndose feliz por un instante y lejos del mundo que la rodea. Pero entonces viene la sangre, Carrie empieza a menstruar y, al darse cuenta de ello, mira sus manos sin comprender lo que le está pasando. Las manos ensangrentadas es uno de los recursos visuales más utilizados por De Palma en sus películas, la sangre “mancha” a los personajes, como a Danielle (Margot Kidder) en Hermanas (Sisters, 1973), a Liz (Nancy Allen) en Vestida para matar (Dressed to Kill, 1980), a Winslow (William Finley) en El fantasma del paraíso o a Gillian (Amy Irving) en La Furia (The Fury, 1978). Aquí, Carrie observa sus manos horrorizada, al igual que hará más adelante cuando le tiren el cubo de sangre por la cabeza. La sangre es catalizadora en ambos casos del cambio en Carrie. A partir de su primera menstruación, la joven comenzará a descubrir sus poderes, hecho que diverge del libro, pero aunque resta el sentido de sobrenaturalidad de aquél, encaja perfectamente en la historia narrada en el film. Carrie corre hacia sus compañeras gritándoles y pidiéndoles ayuda, incapaz de entender por sí sola lo que le sucede, pero aquéllas reaccionan de manera brutal, riéndose de ella y bombardeándola con compresas y tampones, descargando contra ella todo el odio y la manía que le tienen. Sólo la Srta. Collins (Betty Buckley) intentará ayudarla, y castigará la actitud menospreciable de las compañeras obligándolas a hacer una hora extra de dura gimnasia durante toda la semana. Sue Snell, avergonzada por su actitud, tratará de pagar por ello convenciendo a su novio Tommy (William Katt) para que acompañe a Carrie al baile. Pero Chris Hangersen (Nancy Allen) se rebelará contra el castigo impuesto, y habiendo perdido por ello el permiso para ir al baile, decidirá vengarse de Carrie planeando con su novio Billie (John Travolta) la sangrienta broma de la fiesta. Entre todo esto, Carrie vuelve a su casa y discute con su madre por no haberle explicado algo tan importante. Pero Margaret White (excelente Piper Laurie) vuelve a castigarla encerrándola en el armario para que rece y exculpe el pecado de la sangre. El guión desarrolla este planteamiento inicial hasta desembocar en la catarsis final del baile, escena magistralmente rodada que será recordada por siempre como uno de los hitos más importantes dentro del cine de terror. Y es que en relación con esto, Brian de Palma demuestra una vez más haber aprendido a la perfección las enseñanzas de Hitchcock (1), y a lo largo del film se intercalan los típicos sobresaltos visuales y sonoros, basados en el efecto sorpresa, con otras situaciones en las que se trabaja a la perfección y con efectividad el poder del suspense como recurso para atrapar la atención del espectador. El mejor ejemplo sin dudarlo es la escena del baile, en la que la realización es a todas luces casi perfecta. La escena se abre con un plano general de situación, que introduce al espectador en el gimnasio decorado con estrellas plateadas colgantes que simbolizan el cielo en el que se sentirá Carrie, por otro lado remarcado por el rótulo que le da nombre “Amor entre las estrellas”. La primera parte de la escena, en la que Carrie vivirá su sueño de felicidad, está plagada de una luz azul, que acompaña a la chica en todos sus movimientos. Carrie se siente feliz y por fin integrada en el mundo que la rechazaba, y esta sensación la envuelve embriagadoramente, como el vértigo que provoca el travelling circular en contrapicado que envuelve a Carrie y Tommy mientras bailan. Pero la magia va a romperse, y tras la elección amañada de los reyes del baile, éstos han de dirigirse paso a paso a recibir su corona en el estrado.. Todo se desarrolla ahora en cámara lenta, para provocar aún más la angustia en el espectador, que asiste impotente a lo que irremediablemente sabe que va a pasar. Un plano secuencia desliza la mirada por la parte posterior del escenario, bajo la cual se encuentran Chris y Billie esperando tirar de la cuerda que desencadenará la desgracia, hasta la parte superior, donde sobre las vigas se encuentra el cubo de sangre. Siguiendo en el mismo plano, la cámara en movimiento de grúa recorre el espacio superior para ir a encontrase con Carrie y Tommy, que se levantan para ir a buscar su premio. Sue se encuentra tras el escenario, escondida y feliz viendo cómo su sacrificio tiene por fin recompensa, pero se da cuenta de la cuerda, y su mirada sigue en plano subjetivo el recorrido de la misma, adivinando horrorizada lo que va a pasar. Aquí es cuando el suspense se hace más efectivo. La impotencia del espectador encuentra una posibilidad de salvación para la pobre Carrie, pues Sue intentará ahora evitar la desgracia. Pero sus gestos desesperados y sus gritos de aviso –el sonido de los aplausos los hace mudos, reforzando aún más la sensación de impotencia– confunden a la Srta Collins, quien cree que sus intenciones no son buenas, y la echa del gimnasio. Paralelamente, Carrie vive su sueño ya coronada en el escenario, y la angustia del espectador ante lo ya inevitable alcanza su punto máximo. Chris tira de la cuerda con una expresión lasciva, excitándose ante el momento que se avecina. La sangre cae, y ahora todo se inunda de rojo. El silencio sólo es roto por el ruido del viscoso líquido resbalando por el cuerpo de Carrie, y por el balanceo del cubo, que finalmente cae y golpea a Tommy en la cabeza. Esta situación grotesca provoca por fin las risas de algunos de los presentes. Carrie se mira las manos, y se da cuenta entonces de la crueldad de su humillación. En montaje subjetivo, Carrie oye la voz de su madre y sus advertencias y cree ver que todos se ríen de ella, incluso la Srta Collins, y es entonces cuando desencadena toda su furia contra ellos y provoca el incendio que acabará violentamente con sus vidas. Carrie vive ahora un verdadero infierno, y en él masacrará a los causantes de su desgracia. Está claro que la expresión de Sissy Spacek cubierta de sangre, con los ojos a punto de salírsele de las órbitas es lo más estremecedor de todo el film, y una de las imágenes inolvidables del género. Quizás haya que lamentar, como bien reconoce el mismo De Palma, la utilización de la pantalla partida en la venganza de Carrie contra sus compañeros. Este recurso, muy utilizado por el director en otras de sus obras, llevado al extremo por ejemplo en Dionisyus in’69 (íd., 1970), en la que toda la acción se desarrollaba mediante este recurso, o en otras muchas, como El fantasma del paraíso, o Hermanas, es realmente inefectivo en este caso. La pantalla partida es un recurso adecuado como contraposición de situaciones relacionadas, pero en este caso rebaja en mucho el horror de la escena, pues impide la concentración simultánea en los dos fragmentos mostrados, y el fragmento pierde por ello algo de su efectividad dramática. A De Palma le gustaba mostrar en un mismo plano varias situaciones, y así lo demuestra en otras ocasiones en este mismo film con la utilización de la imagen bifocal, en la que el primer término y el último se conjugan como dos centros de interés delimitados dentro de un mismo encuadre. Así pasa en el plano de la clase, con Tommy en primer término y Carrie al fondo, o en numerosos planos que muestran a Carrie y a su madre en profundidad, las dos situadas frontalmente a la cámara para insinuar su enfrentamiento indirecto. Hay que destacar el excelente trabajo de los actores y de los colaboradores de De Palma en la elaboración de esta película. De entre ellos, ya se ha mencionado la excelente banda sonora de Pino Donnaggio, que a parte de utilizar como leit-motiv sonoro para los momentos en que Carrie usa sus poderes telequinésicos los golpes de violín que Bernard Herrmann compusiese para la escena de la ducha en Psicosis, e incluso imitar en otros casos fragmentos de la música del mismo compositor, también dotó a la banda sonora del film de otras piezas de enorme calidad que acompañan las situaciones más diversas. De entre ellas, destacan los fragmentos más alegres y con cierto tono de ridiculez para las escenas cómicas de descanso, como la prueba de los esmóquines por parte de los chicos, o la escena elíptica del castigo gimnástico de las chicas, en la que la música va decelerando en consonancia con el ritmo visual y el cansancio de las jóvenes. Otras piezas serán más inquietantes, como la que acompaña el intento de asesinato de Margaret a su hija, o la posterior muerte de aquella crucificada con utensilios de cocina como si de la figura de San Sebastián, al que Carrie reza siempre dentro del armario, se tratase. También es estremecedor el contraste que ejerce la música bucólica que acompaña la escena final de la pesadilla de Sue, escena por lo demás también antológica en el cine del género por ser una de las primeras muestras de anticlímax que dará un final abierto a la película y que se mantendrá por los años como ejemplo a imitar en numerosos films posteriores de asesinatos múltiples, así como uno de los mayores sustos que ha sufrido el espectador en una película de terror. Toda la puesta en escena de Jack Fisk, marido por aquel entonces de Sissy Spacek es magistral, sobretodo la de las escenas del baile y las que transcurren en el interior de la casa de las White ambientada como si de un lúgubre templo se tratase –estremecedora es la imagen de la casa poblada de velas, cuando Carrie regresa del baile–, lleno de iconografías y objetos religiosos que dan muestra del fanatismo y la locura de las creencias beatas de Margaret. No hay que olvidar en todo esto a Paul Hirsh, montador en muchas de las películas de De Palma, que de nuevo realiza un trabajo impecable del que ya se han comentado algunos ejemplos. No obstante, interesa resaltar la utilización del jump cut, cuando Carrie utiliza sus poderes. Como ejemplo, la escena en que la joven camina ensangrentada por las calles del pueblo, tras haber llevado a cabo su venganza y Cris y Billie tratan de atropellarla para matarla. Carrie se gira en el último instante, y mediante planos sucesivos de acercamiento a su rostro, acompañados por el leit-motiv hitchcockiano, desvía mentalmente el coche y lo hace explotar descargando toda su ira contra sus enemigos. Brian de Palma reconoce que en toda su carrera no ha diseñado formalmente un film tan cuidadosamente como lo hizo con Carrie (2). Contrariamente a lo que algunos achacan a sus películas, de las que dicen que son tan sólo una sucesión de escenas memorables sin vínculo que las conecte entre ellas que provoque una continuidad dramática fluida, Carrie conforma un todo unitario coherente, y sus escenas, pese a poder erigirse con autonomía formal estudiada y cuidada al detalle se encadenan entre ellas formando un argumento sólido y sin apenas fisuras. Pese a ello, el film tiene detractores, que consideran que es sólo un ejercicio formal que nada aporta a la obra del realizador. Pero la realidad es que la influencia de esta película en la historia del cine de terror ha sido inmensa, y aunque se considere que De Palma se limita en muchos casos a adoptar recursos ya inventados por otros realizadores, lo cierto es que Carrie es una obra que no sólo se mantiene con el paso de los años, sino que se erige como una excelente muestra de lo que el cine de terror, por otro lado carente en los últimos tiempos de grandes obras, puede llegar a conseguir. ¿Se puede afirmar, entonces, que esta sea una obra menor en la carrera del realizador? Yo no lo creo. Carrie es sin duda un referente en el género, y una película por lo demás coherente a todos los niveles, con una interpretación de actores fantástica (3), desde los principales a todos los secundarios –qué bien estan Amy Irving y Nancy Allen o el mismo Travolta– , una música, puesta en escena, iluminación y montaje excelentes, y una adaptación del libro de King por parte de Lawrence D. Cohen que consigue reflejar y condensar a la perfección la inquietante historia de la “pobre” Carrie. (1) De Palma nunca ha negado la influencia de Hitchcock
en su cine, hecho por otro lado que ha constituído el pilar de
las críticas más fervientes que se han hecho sobre su cine.
Pero en de Palma, y según él mismo explica en el libro Brian
de Palma por Brian de Palma, de S. BLUMENFELD y L. VAUCHAUD,Alba Ed. Barcelona
2003 se trata sólo de inspiración, y no tanto de imitación
(pp.107-108), Anecdótico al respecto es el nombre del instituto
en Carrie: Bates High School. |