| CORAZONES DE HIERRO (Casualties of War, 1989) |
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Sin perdónLa segunda colaboración entre el productor Art Linson y Brian De Palma tras el clamoroso éxito de crítica y público de Los Intocables de Eliott Ness (The Untochables, 1987) fue la adaptación de una novela de Daniel Lang que publicó en 1969 donde narraba unos hechos que ocurrieron en un pelotón durante la contienda del Vietnam y que al descubrirlos decidió mostrarlos ofreciendo una visión del comportamiento de ciertos soldados norteamericanos que se alejaba mucho del ideal que habían intentado vender hasta entonces. A finales de la década de los 80, De Palma estaba en su cénit artístico. (Aunque para quien esto escribe, además de Los intocables, su mejor película no llegaría hasta 1993, la excelente Atrapado por su pasado –Carlito´s Way–). Consciente de su posición dentro de la industria gracias a los éxitos que había tenido a lo largo de los últimos años y recientemente acomodado dentro de los directores de renombre gracias a su retrato de Capone y su entorno, De Palma optó por hacer o que mayoría de directores creen necesario después encadenar varios éxitos sucesivos y una película de “qualité”, que no es otra cosa que embarcarse en un proyecto cuanto más alejado de lo que se espera de él mejor, cuanto más difícil mejor, cuanto más duro mejor y así poder entrar en el olimpo de los autores. Hay algunos a los que les ha salido mejor (Coppola, Scorsese, Spielberg, o Woody Allen por poner unos ejemplos de los más famosos y representativos de su generación) y a otros les ha salido peor (William Friedkin, Barbet Schroeder o Ron Howard), pero todos lo intentan. Todos intentan dar el paso que les separe de los meros trabajadores funcionales creyéndose ser algo que no son. La oportunidad la tienen, ellos demuestran si realmente la merecen o no. Y no nos engañemos, De Palma es un gran director de cine. Sabe rodar una película y domina el lenguaje cinematográfico de una manera que ya quisieran para sí otros cineastas más experimentados, pero no es un autor. Lleva intentando demostrarlo muchos años y varias películas, y queda claro que sus mejores filmes son aquellos que ha construido para el gran público y de un corte más comercial (cosa que parece o que no debe ir ligado.) como las películas que he citado más arriba, la que éste artículo me ocupa o sin ir más lejos la infravalorada Misión imposible (Mission: Impossible. 1996). Consciente de su frecuente comparación-crítica hacia los homenajes nada encubiertos que en todas sus películas hacía sobre el maestro Hitchcock, De Palma decide desmarcarse y centrar su siguiente proyecto en pleno conflicto bélico, género que no había tocado, y que le permitiría cambiar completamente de tercio. Corazones de guerra relata la historia de un soldado recién llegado a Vietnam asignado a un pelotón para hacer un reconocimiento. Antes de partir, el sargento y sus hombres, secuestran a una chica de una aldea y se la llevan para luego violarla uno tras otro y después matarla. La negativa del soldado a tomar parte le hará enfrentarse al pelotón llevando el caso a los tribunales militares. No es casualidad que De Palma se sintiera atraído por el tema que analizaba la película puesto que en ella podría dar rienda suelta a una de sus constantes en el cine y que aquí quedaría enmarcada de una forma más clara y encima en un largometraje de “qualité” puesto que la esencia o el mensaje de la película, no es otro que la actuación de un hombre en contra de todo y todos para mantener sus principios. La integridad personal y el cómo mantenerla es algo que siempre ha obsesionado a De Palma en toda su filmografía, y aquí es donde se hace más evidente, ya que los ideales del soldado Eriksson y su dilema moral es lo que hace avanzar la trama. Seguramente es en Corazones de Hierro donde está esta situación más trabajada y expuesta aunque este planteamiento lo encontramos en los personajes de las mejores películas de su director, porque ¿qué es lo que mueve acaso a Ness a atrapar a Capone?, o al Ethan Hunt de Misión imposible, o incluso al Carlito Brigante de Atrapado por su pasado. Son todos personajes que se moverán debido a su integridad y que actuarán según sus principios, algunas veces finalizando bien (como en el caso de Ness o Hunt) y otras veces mal (en el caso de Carlito) sirviendo ésta de redención. En ésta película adquiere su tono más complejo puesto que el mal ya estará hecho y no se ha podido evitar, por mucho que el sargento Meserve y el pelotón sean condenados, la chica ha sido asesinada, y los remordimientos no abandonarán a Eriksson. Uno de los grandes aciertos de la película es que a pesar de estar enmarcada en plena guerra, se separa de ésta para contarnos una pequeña historia como pudo haber miles allí. No es un largometraje sobre la guerra pero sí que nos hace entender ciertos comportamientos del ser humano en ese sentido. Me refiero, en la película veremos tiros, explosiones, barcos, asesinatos, cuerpos volando y batallas sangrientas, pero pocas. De Palma por suerte sabe ir al tema que realmente es el importante y dejar todo eso de lado para centrarse en el dilema moral de una persona, la propia guerra que tiene que librar el protagonista dentro de la guerra que está luchando. Es una guerra interna, no violará a la chica pero no puede impedir que lo hagan los demás, y es una guerra externa, se enfrentará a su superior y a sus compañeros de pelotón. De Palma sabe centrarse y trabajar la relación de los personajes, dejando que toda la película fluya a través de sus acciones, por eso están tan bien trabajados los secundarios y la imagen que se nos da de ellos. Para ello es imprescindible ver la versión original donde podemos observar como hablan los integrantes del pelotón, que no son otra cosa que niñatos que no superan los 20 años y que tras cada palabra tienen que utilizar la consabida “Fuck” o abreviaciones y coletillas tan utilizadas en Estados Unidos. Eso contrasta con las palabras del protagonista que al ser el mayor, es el que mejor habla, más que nada el que sabe enlazar más de dos frases seguidas sin soltar un taco. Son todos unos chicos descerebrados sin cabeza que odian a sus enemigos, los vietcongs, sin ni siquiera saber algunos de ellos quienes son, simplemente porque les han dicho que deben odiarlos, son los chicos sacados de los “high schools” que de tener un balón de football en su mano tienen una ametralladora automática, y ni siquiera saben por que. En esta parte, De Palma se muestra muy sobrio y comedido filmando de manera narrativamente muy clásica sin casi mover la cámara con planos largos, pocos cortes dejando que sean los actores los que hagan respirar y avanzar la acción. Es aquí donde De Palma se encuentra más cómodo y donde nos muestra su mejor arte sobretodo en la parte central, donde se desarrolla el conflicto, que es el enfrentamiento entre el personaje del soldado encarnado con muchas ganas por Michael J. Fox (otro que intentaba alejarse de su status de viajero del tiempo) y el sargento, un magnífico Sean Penn que se adapta de manera muy coherente a su personaje, un sargento de 20 años con unos ideales de pacotilla que no dudaré en utilizar su mandato como superación personal siendo un buen sargento en cuanto a operaciones militares y desarrollo se refiere (y eso que sólo tiene 20 años, otro gatillazo de De Palma al mostrar a niños cargados de responsabilidades en una guerra) pero mostrando su cobardía e inseguridad a nivel personal, escudándose siempre en su cargo para realizar las acciones. El sargento Meserve es un tío duro de cojones, que como sus compañeros de pelotón no puede articular dos palabras sin soltar algún taco o las coletillas lingüísticas comentadas arriba. Es el más chulo de todos y le gusta su autoridad y sentirse respetado, pero en el fondo es un cobarde que se muestra como es cuando realmente tendría que dar ejemplo dejando entrever la poca moral que tiene otorgándole una mínima conciencia, ya que no dudará en acribillar a los “amarillos” cuando sea necesario, pero ordenará a todos y cada uno del pelotón que maten a la chica cuando estos se niegan porque él no tiene el valor para hacerlo. Sí lo tiene para secuestrar y violar, pero a la hora de la verdad él no será capaz de deshacerse de ella. Tendrá que ser cualquier otro quien ejecute su orden, porque él es el jefe. Los duelos entre Meserve y Eriksson son lo más interesante de la película, sobretodo cuando Eriksson toma conciencia que él es más inteligente que su sargento y que aún así no puede hacer nada por evitar las atrocidades que le infligen a la muchacha. Es en ésta parte donde De Palma emplea, pero poco sus recursos visuales más conocidos y de marca, como encuadres torcidos, algún ralentí en primer plano con la lluvia cayendo...pero muy sutilmente porque repito, lo que pretendía De Palma era alejarse de esa imagen y labrarse otra reputación, sin renunciar eso sí a su sello y marca personal que tan famoso le han hecho. A un nivel de dirección la película tiene secuencias muy inspiradas, como aquella del juicio en la que sólo vemos a los acusados declarar sin ver jamás ni al fiscal, ni juez ni demás personas que integran la sala puesto que interesa el relato (donde se pone de manifiesto una vez más las pocas luces del pelotón, y que gracias a la sensibilidad de cómo está rodada adquiere mayor fuerza) insertando un plano de Michael J. Fox en la misma escala y angulación que los demás en el momento que se escucha (repito, no se ve jamás a quien la lee) la condena al sargento Meserve, condenándolo a él también puesto que no hizo nada por parar los actos y que a pesar de haber llegado hasta el final y luchado por que los condenaran y conseguirlo, en este caso no hay salvación posible para él. Vivirá con eso para siempre. Esa secuencia se encuentra entre lo mejor rodado por su artífice de toda su carrera sin duda alguna. A pesar de la valentía de la propuesta y de ser una película muy interesante y francamente notable, adolece eso sí de algunos pasajes en el guión que le restan calidad, empezando por el personaje de Eriksson, demasiado bueno casi plano, o el personaje del soldado Diaz (John Leguizamo), el soldado hispano novato y cobarde que para no quedar mal delante de su jefe, violará a la chica aunque no quiera hacerlo y le tocará hacer el trabajo sucio, rozando casi el cliché del típico hispano que intentando llegar al sueño americano no dudará en rebajarse hasta donde haga falta, o su principio y final situado en la época actual donde Fox recuerda todo lo sucedido al ver a una chica oriental en el tren, demasiado evidente y recurso muy facilón que desentona con el resto de la película, aún así tiene momentos interesantes no desarrollados lo suficiente y que podrían haber resultado grandes aciertos como el momento en que el pelotón va al pueblo a acostarse con las prostitutas y su jefe no les deja entrar en el pueblo porque están los charlies en el burdel y así no coincidir con ellos. Igualmente, Corazones de guerra no deja de ser una apuesta atrevida y con un mensaje aplicable a nuestros días y cualquier guerra, y es que episodios como esos se viven siempre y nosotros los seres de a pie no nos enteramos ni de la mitad, y la gente que lo sufre en primera línea vuelve destrozada interiormente, eso es lo que te hace cambiar al volver de una guerra eso es lo que nosotros no podemos entender hasta que estemos (espero que no) en el fragor de una batalla. Esas son las bajas de la guerra a las que se refiere el título original dela película, no los muertos que puedas dejar tras de sí, sino el proceso de muerte interior que sufres al ver esas atrocidades y sabiendo y siendo consciente de ello, no hacer nada por cambiarlo, porque quizás inconscientemente sabes que no vas a poder conseguirlo. |