DOBLE CUERPO (Body Double, 1984)  
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Por Carlos Rosal
Cartel del film
Miradas de Cine © 2002-2003

Si Hitchcock no fuese Hitchcock

A medida que iba avanzando la película de DePalma mi posición respecto a lo que veía iba cambiando. Hay que aclarar que la vi en unas condiciones inmejorables si exceptuamos que la podría haber visto en el cine. De este modo a ratos me sentía cómodo con lo que sucedía y en otras sentía vergüenza ajena como pocas veces he sentido viendo una película y a continuación me explico.

Doble cuerpo se puedo tomar desde dos puntos de vista, desde aquel que ve en la película una trama y una puesta en escena que no hace mas que imitar sin ningún tipo de pudor dos de los grandes films de Alfred Hitchcock, nadas y nada menos que Vértigo (Vertigo, 1958) y La ventana indiscreta (Rear window, 1954). O aquel que ve en Doble cuerpo una revisitación en forma de homenaje explicito a las películas del maestro británico. Yo, una vez reposada la película en mi cabeza, me sitúo en el termino medio.

Empecemos sacando el hacha. En términos generales es imposible disociar el film de DePalma con los dos citados anteriormente de Hitch. De este modo el film del cineasta de NJ falla por todos los lados, no hay por donde acogerlo. Soy totalmente partidario de que los cineastas copien entre ellos siempre y cuando utilicen esas “copias” como elementos útiles y sean capaces de integrarlos en otras tramas pero en el caso de Doble cuerpo esa copia no es mas que eso, una copia en el sentido despectivo de la palabra.

Una copia a todos los niveles, argumentalmente se ha quedado con la obsesión de Scottie en Vértigo además de su enfermedad, en este caso el personaje de DePalma es claustrofóbico. De La ventana indiscreta, el saqueo argumental es mas que evidente y a pesar de que a medida que avanza el argumento los objetivos parecen ser diferentes, ambos, La ventana indiscreta y Doble cuerpo llegan a un objetivo común, que no es otro que el del tema hitchcockiano por excelencia y el de muchas películas de DePalma, el de las apariencias.

En el plano formal es quizás donde chirría más la película, DePalma supedita innumerables planos al descarado homenaje en vez de optar por una vía más personal y que hubiera conseguido dejar el pesado lastre que supone dirigir un pastiche hitchcockiano. Hay en el film innumerables ejemplos, pero destaca sobretodo el momento del beso entre los dos protagonistas en travelling circular, un plano metido con calzador que, como suele pasar en los peores casos, una vez sonreída la gracia cinéfila pasa a convertirse en una vergüenza.

Pero no todo es malo en la película, y esta pequeña reflexión es la que determina mi punto medio. Primero debo decir que es muy destacable la valentía del cineasta al asumir el riesgo que supone el enfrentarse a un argumento descaradamente robado. Pero hay en la película varios logros que inevitablemente vuelven a estar relacionados con Hitchcock.

Esos logros son los momentos en que DePalma sigue plagiando al director de Psicosis (Psycho, 1960) pero consigue integrarlo en la trama. El momento en que el personaje de Craig Wason sigue a su observada vecina no deja de ser un calco del mismo momento en Vértigo, pero, y ahí reside el verdadero acierto de DePalma, ha sabido captar la esencia de la secuencia (1) y lo mismo ocurre con todas aquellas que siendo ajenas las hace propias como en este ejemplo. En pocas palabras, el film funciona cuando los elementos hitchcockianos funcionan.

A pesar de ser un film falto de personalidad, cuando DePalma mete cucharada lo hace de forma acertada. Esa esencia de la que hablaba en el párrafo anterior, tiene su forma en las apariencias. Un tema trabajado por el director desde el principio de la película, con unos falsos fondos de unas colinas, con un inicio que no es mas que el rodaje de una película (¿hay algo más falso que el cine?), la mascara del asesino y sobretodo el desencadenante del segundo acto y motor de la película, el descubrimiento por parte de Jake que no estaba viendo a quien creía ver.

Es por eso e insisto una vez mas, que si la opción hubiera sido una planificación 100% DePalma hubiera sido una película redonda. Claro que si lo prefieren ya es una película redonda, allá ustedes.

(1) Algún día me gustaría comentar el uso de las transparencias en el cine de Alfred Hitchcock, un aspecto tan desconocido como sorprendente. Un uso que DePalma emplea del mismo modo y con el mismo acierto.