| EN NOMBRE DE CAIN (Raising Cain, 1992) |
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| La carrera cinematográfica de Brian de Palma se caracteriza por su insobornables particularidades autorales y por la aparente desgana en el acabado de la mayoría de sus filmes. Maravillosos planos secuencias de alto minutaje conviven con una manera de entender el suspense entre convencional e impostada, el prúrito cinéfilo aplicado con conocimiento de causa es mezclado con lagunas argumentales que ni Ed Wood, el interés de momento aislados se combina con el desinterés del resultado final. A mi De Palma me ha convencido muy pocas veces pero en esta película interpretada por John Lintgow y Lolita Davidovich sí lo hace por todo lo que tiene de parodia en su interesante inicio y por todo lo que queda de parodia (no sabemos si consciente o inconsciente) en su embarullado final. Así que aceptada como parodia de un cineasta que no me apasiona (de todo tiene que haber en la viña del señor) En nombre de Caín es un ejemplo de buen humor y de una actitud sobre su aptitud que se nos antoja imposible en otros directores de la misma generación. Lo que le ocurrió a Scorsese con Kundun (íd, 1997) fue una ida de olla espiritual y absurda, lo que le ocurrió a Spielberg con Amistad (íd., 1997) o Hook. El capitán Garfio (Hook, 1991) se entiende por ansias comerciales o artísticas desproporcionadas, lo que le ocurrió a John Millius con Amanecer rojo () es que no se puede tener el Mein Kampf como libro de cabecera, lo que le pasó a George Lucas con La amenaza fantasma (Tha Phanotm Menace, 1999) es que el dinero y la inactividad atrofian el oficio, lo que le ocurrió a Coppola con Jack (íd., 1995) es simplemente un episodio X. Nunca ninguno de ellos busco la refelxión crítica sobre su propio cine en una película como De Palma hizo en la que nos ocupa, incongruente e imposible si se toma en serio, divertida e inteligente si se la contempla con ironía y/o sarcasmo. De Palma riza el rizo y siguiendo sus hitchcokianas aspiraciones ya labradas en Sisters (1973), Fascinación (Obsession, 1977), Doble cuerpo (Body Double, 1984) o Vestida para matar (Dressed to Kill, 1980) construye la más compleja de sus tramas, la más alambicada de sus propuestas, la que más gira y gira sobre sí misma y sobre la propia concepción del cine y del arte. La historia de un psicólogo que se toma un año sabático para cuidar (y reeducar experimentando nuevas técnicas) a su hija es el último guión hasta la aún sin estrenar Femme fatale (íd., 2002) escrito por el propio director. La aparentemente sencilla trama no lo es tal porque el psicólogo padece una suerte de ezquizofrenia multiple que le hace adoptar hasta 4 papeles diferente. Lo que empieza con un experimento banal y familiar acaba atrayendo a la mayor de las tragedias, el que comienza siendo un científico metódico y respetable termina convertido en un desquiciado “mad doctor” obsesionado y traumatizado con/ por la niñez padecida y que como no sé quien dijo estamos condenados a repetir. Pero De Palma como era de suponer nunca está interesado en las apariencias ni en la débil concepción moral del ser de hoy en día, ni tan siquiera (y era de imaginar) denunciar la impunidad a muchos niveles de la clase médica sino que muy al contrario lo único que suscita interés en él es la tramoya, el entramado, el mecanismo. Como si su cine fuera la niña pequeña que sigue siendo su hija pero no sólo suya (¿el espectador como madre?) él experimenta con ella por lo que el mismo había padecido (disfrutado en este caso ya que bien pudiera ser la educación sentimental de la cinefilia) durante su educación. Al final enloquece y el filme queda desequilibrado, esquizofrénico, múltiple. Lo que sí es innegable es la autoría depalmiana del filme al incidir y reincidir en muchos de los temas característicos que le emparentan con el orondo británico. Por ejemplo en esta película vuelve a aparecer e tema del voyeurismo tan caro a Hitchcock y al propio de Palma. Sin llegar a ser el punto de partida como en La ventana indiscreta (Rear Window, 1954) o en Impacto (Blow Out, 1981), ni tampoco tan determinante en el desarrollo de la trama como en Greetings (1969), Doble cuerpo o Sisters, en En nombre de Caín sí mantiene la mirada fija y escondida de John Litgow que es la del espectador atónito. La mirada de 4 personajes en uno que a su vez son cuatro puntos de vista diferentes de cada caso y con el añadido desequilibrio intrinseco a la esquizofrenia paranoide múltiple el rizo rizado, el ejercicio de funanbulismo se nos presenta o como parodia o como “boutade”. La fagotación de su propia obra, resumen, respuesta airada o complice, resultado y resultante de una etapa no muy fructífera ni deslumbrante. El desdoblamiento esstá omnipresente como en otras obras de De Palma aunque no fuera un rasgo tan presente en Hitchcock pero sí determinante ya que la utilizó dos veces, pero en dos de sus grandes obras maestras y de manera indiscutiblemente precursora y pertinente. Tanto en Psicosis (Psycho, 1960) como en Vértigo (Vertigo, 1958) se convertían en el eje alrededor del cual se movía todo lo que de onírico y sordido, fantasmagórico y excepcional que diferencian a estas películas de otras de temáticas paralelas o parecidas. En nombre de dos doble el desdoble, multiplica por dos el desquiciamento. Y de ahí sí que es difícil salir ileso, indemne del espectador medio y del crítico furibundo. Nunca el mayor de los tahures de la cinematografía norteamericana se guardó tantos ases marcados en la manga, nunca disimuló tan mal sus trampas y su cartón. En Sisters o en Vestidas para matar la cosa (el caso) se ajustaba más al guión de las licencias cinematográficas permitidas. Aquí parece que no hay ni reglas ni guión, el juego puede ser divertido si se sabe que se está jugando y a mi me lo pareció desde un principio. De pequeño la primera película que me impresionó hasta dejarme sumido en gustoso sudor frío fue El fantasma del Paraíso (Phantom of the Paradise, 1974) y sobre todo por la escena de la ducha ya que a la edad de 8 años yo todavía no había visto Psicosis ni estaba al tanto que del homenaje al plagio solo existe una pequeña diferencia basado sobre todo en el apellido de quien la cometa. Luego con el tiempo descubrí que El fantasma del Paraíso estaba realmente bien pero que no era para tanto. Luego fue encontrando más escenas de muertes higiénicas en el cine del autor sobre el que versa este estudio. De la más clásica y mimética en Vestida para matar a otras más innovadoras como la de Impacto. En En nombre de Caín De Palma pasa de interiores a exteriores al sustituir el inhospito y aséptico cuarto de aseo por el aíre libre de la vía pública. Siempre imaginándome asesinatos con agua caliente (¿Alguien imagina el de Janet Leight con agua fría?) hasta que vemos a John Litgow matando bajo la lluvia. |