| FASCINACIÓN (Obsession, 1976) |
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Resucitando a los muertos (y a los vivos)Tras lo que significó su film directamente anterior, El fantasma del paraíso (Phantom of the Paradise, 1974), es decir, el haber realizado su mejor obra hasta la fecha pese a lo arriesgado de la propuesta, DePalma se vio con fuerzas para sacar adelante otra obra que bebía directamente de un sacrosanto canon hitchcockiano cómo es De entre los muertos (Vertigo, 1958), posiblemente la mejor obra del británico, aunque hablar de mejores obras en Hitchcock resulte irrisiorio. El origen de Fascinación se nutre en la reunión en un bar entre DePalma y el entonces poco conocido Paul Schrader. Este acababa de vender su primer guión, The Yakuza (Ídem, 1975), que dirigió con acierto Sidney Pollack, y estaba a punto de colaborar con Martin Scorsese en Taxi driver (Ídem, 1976), así que pese a lo conflictivo de su vida personal –recientemente separado, había cedido a los excesos del alcohol y la pornografía, de lo que se nutre ampliamente el Travis Bickle de Taxi Driver–, se hallaba en un buen momento profesional y le sirvió para coescribir con DePalma el guión, aunque éste no aparecería por exigencias de Schrader como firmante del mismo. Schrader y DePalma, que llevaban varios años de amistad, dejaron de hablarse tras el estreno de Fascinación. Desde entonces, DePalma no ha cesado de criticar al realizador de Aflicción (The Afliction, 1997) una y otra vez con declaraciones cómo: «Enseguida me di cuenta de que Schrader era una persona muy excesiva, llena de violencia reprimida... Sólo le faltaba hacerse, en la frente , un tatuaje en letras grandes que pusiera: “Me voy a liquidar”... Es un guionista brillante pero no creo que esté preparado para rodar sus guiones. Cuando nos hacemos cargo de ellas Martin Scorsese o yo, sus historias despegan. Cuando las rueda él, la película es poco ágil, intelectualoide, le falta carne, por que a Schrader le falta perspectiva.» Al margen de que, a tenor de las declaraciones de DePalma, cuesta creer que el realizador haya visto obras cómo Posibilidad de escape (Light Sleeper, 1991), Aflicción o Desenfocado (AutoFocus, 2002), sin duda, grandes películas escritas por Paul Schrader y dirigidas por Paul Schrader. Discusiones a parte, principalmente basadas en la supresión de DePalma del tercer acto del guión con un reencuentreo 16 años después, en el que una fugitiva Sandra se reconcilia por fin con su padre/amante –Bernard Herrman, en su penúltimo trabajo como compositor (el último fue Taxi driver, recomendó a DePalma, siempre bajo declaraciones del realizador, que “tirara el tercer acto a la basura”– al final de tal mixtura salió beneficiado el film, que contiene todas las inquietudes de carácter religioso, así cómo las obsesiones propias de su universo, de Schrader y la puesta en escena de un DePalma, contenido cómo nunca ha vuelto a estar, inteligentemente acertado, a medio camino entre lo poético y lo trágico, entre el romanticismo y el crimen, entre lo real y lo fantasmagórico (no en vano, Fascinación es una película sobre muertos (y vivos)que resucitan), el film acaba por ser uno de los más logrados de DePalma, además de uno de los más emocionantes. En especial en esa última carrera en los pasillos del aereopuerto en el que la tragedia parece que se va a apoderar de la trama, para al final, en un incesante travelling circular ralentizado, recibir un (un) happy end –no olvidemos que el protagonista recupera al final a su hija, perdiendo así... a su amante–, en el que se respira aliviado, pero prevalece la sombra de la duda sobre el después. Parece sorprendente que un film de corte tan clásico, tanto en el desarrollo narrativo cómo en la puesta en escena (esa fotografía nebulosa que confiere a todo un carácter de extraño ensueño), con ecos desde, el obvio, Hitchock al Visconti de Senso (Ídem, 1954), y con una partitura excelente de Herrman, el tema tratado sobre el que gira el film, sea el amor a un ser vivo (Sandra) que recuerda a un ser muerto (Elizabeth), con la intención, no de reemplazarlo, si no de recuperarlo tal y como era al principio. Cómo se ve, calcado de la trama De entre los muertos, si no fuera, por que la sustituta en sí, es la hija de la persona fallecida, y por lo tanto, el hombre amado es su propio padre, dando lugar a un incesto insinuado, pero en apariencia, no completado, en lo que resulta un juego totalmente macabro, y lo que es peor, con fines arribistas y económicos por el socio del protagonista, Bob La Salle, interpretado con cruel malicia, por el hoy exiliado del cine, John Lithgow. Así, el film de DePalma, es una obra tortuosa, que camina con suavidad sobre los vivos y los muertos, siempre coronados por la sempiterna iglesia de San Miniato al Monte, lugar de encuentro de los amores del protagonista, y que sirve de leit-motiv al film, incluso con carácter satíricio (en el sueño de Courtland de su boda con Sandra, la tarta aparece coronada por una gigantes representación en miniatura de dicha iglesia). El único lastre que se le puede encontrar a Fascinación, desde luego que no sería la comparación con los Hitchcock De entre los muertos y Rebeca (Rebecca, 1940), sino la poco acertada elección del protagonista principal, un Cliff Robertson de mirada impávida e incapaz de variar el molde de su cara durante todo el film, siempre con la mirada perdida, cómo si estuviera realmente viviendo un sueño. La inexpresividad del protagonista de Mujeres en Venecia (The Honey Pot, 1967) no puede ser justificada por la dureza de sus sentimientos internos, por que algo de emoción debería transmitir en alguna ocasión, y ésta, acaba por no darse nunca. Cosa que hace sobresalir la interpretación de la “inseparable” Geneviève Bujold, en duro contraste con su partenaire, en su doble papel cómo esposa e hija a la vez (flash-back incluido en que aparece su rostro cómo si fuera la niña secuestrada). DePalma siempre se ha mostrado muy satisfecho con Fascinación que parece ser el único film del realizador en el que los críticos respondieron mejor a su herencia hitchockiana. Quizás por ello debería sorprendernos el que nunca DePalma volviera a recuperar esta contención clásica en ningún otro film, acabando de estructurar su estética cinematográfica con el máximo de componentes posibles, como comento en el artículo del estudio, en algunos casos con mejor resultado que en otros. El próximo film de DePalma sería Carrie (Ídem, 1976), con lo que completaría una racha de cuatro películas (Hermanas / Sisters, 1973, El fantasma del paraíso, Fascinación y Carrie) de un alto valor artístico, que acabaría dándose de bruces con la horripilante La furia (The fury, 1978), que también podría llamarse El superabuelo y los primos de Carrie ó cómo hacer explotar a John Cassavettes dejando intacta la cabeza. |