| SALUDOS (Greetings,
1968) HOLA, MAMÁ (Hi, Mom!, 1970) |
|
|
|||||||||||||||||
Un transgresor de los 60De todas las quejas que ha vertido siempre la crítica contra DePalma, una de las más significativas ha radicado siempre alrededor de la personalidad del realizador. La larga carrera de este mago de la imagen, ha pasado al menos por tres etapas diferenciadas: 1. Aquella en la que, claramente influenciado por la Nouvelle Vague y el Free-Cinema británico, que comprendería desde su debut con The wedding party (Ídem, 1963) a Dionysus in 69 (Ídem, 1970). 2. Otra en la que la sombra y el cuerpo de Hitchock se hacía patente en buena parte de sus fotogramas, que nacería en Hermanas (Sisters, 1973) y tendría su último acento en En nombre de Caín (Raising Cain, 1992). 3. La que tendría al servicio ya engrasado de la maquinaria de Hollywood, que nacería en Los intocables de Elliot Ness (The Untocuhables, 1987) hasta su último y aún no estrenado film, Femme fatale (Ídem, 2002). Aquí que habría que señalar las variaciones de DePalma, para bien, cómo en obras cómo El fantasma del paraíso (Phantom of the Paradise, 1974), Carrie (Ídem, 1976), El precio del poder (Scarface, 1983), Atrapado por su pasado (Carlito’s way, 1993) y Snake eyes (Ídem, 1997), o para mal, las desastrosas comedias Home movies (Ídem, 1980), Wise Guys (Ídem, 1986) y La hoguera de las vanidades (The Bonfire of Vanities, 1990), y el melodramón que es Corazones de hierro (Casualties of War, 1989), uno de esos films con buenas intenciones pero malos resultados. Así en el periodo en que se gestaron Greetings y su peculiar secuela ¡Hola, mamá!, en la que recupera al personaje de Jon Rubin, primer protagonista netamente depalmiano de la filmografía del realizador, pues es un mirón, un peeping tom que espía a las mujeres en sus momentos íntimos, recogiéndolos con una cámara. En Greetings con un tono bastante amargo, pues filma a una vietnamita que acaba de hacer prisionera, en ¡Hola, mamá!, algo más disparatado, al intentar filmar una relación sexual planeada al detalle por él, retrasando el momento al máximo (hasta que la cámara empiece a filmar) pese al calentón de su pareja. Robert DeNiro interpreta a este vouyeur, en lo que sería su segundo y cuarto film, respectivamente (el protagonista de La misión (The Mission, 1986. Roland Joffé), había debutado de la mano de DePalma en The wedding party acreditado como Robert DeNero), antes de meterse en el rodaje de la excelente Mamá sangrienta (Bloody Mama, 1970) de Roger Corman. Al igual que Scorsese y Coppola, dos amigos y compañeros de generación de DePalma (y, todo sea dicho, con bastante más talento), esta primera época de DePalma, circula por el underground más independiente, con algún toque softcore y bastante mala uva. Sin duda Greetings es una mejor película que Who’s thath knocking at my door? (Ídem, 1968. Martin Scorsese) o Ya eres un gran chico (You’re a big boy now, 1966. Francis Ford Coppola), pues incluso a llegó a ganar el Oso de Plata al mejor director en el Festival de Berlín (uno de los poquísimos galardones que ha obtenido el cineasta). DePalma quería ser el Godard americano, así que compuso Greetings siguiendo los cánones de la Nouvelle Vague, en especial la cámara en mano por las calles de la ciudad, y el montaje sin continuidad espacial –especialmente hilarante es la primera escena del film, en el que en la conversación de los tres amigos en la tienda de ropa, cambian de espacio continuamente e incluso cambian sus ropas–. El espíritu reivindicativo del film nacía de las pocas ganas que tenían de ir al Vietnam los jóvenes norteamericanos, que prefieren pasar por homosexuales, fascistas o romperse una pierna, que ir a servir a las filas de una guerra estúpida –y cruel, cómo se vería posteriormente en Corazones de hierro–. También las inquietudes del film circulan en torno al deseo sexual, esas histriónicas citas por ordenador, o el encuentro entre el vendedor de películas pornográficas y Jon Rubin (en ¡Hola, mamá! Rubin ya trabaja para el vendedor, ahora productor), así cómo sobre la conspiración del asesinato de Kennedy. En una de las escenas más divertidas del film, Lloyd Clayd, interpretado por el habitual en los primeros DePalmas, Gerrit Graham, dibuja sobre el cuerpo desnudo de una chica la trayectoria de las balas que acabaron con el presidente. El Vietnam de DePalma no es el que sale por la TV con el presidente Lyndon B. Johnson proclamando las victorias de su nación frente al Vietcong. Es el que presenta a un chico en una fiesta explicando cómo los vietnamitas a los que van a ayudar les roban comida y armas para vendérselas al Vietcong, o el duelo a muerte entre soldados por una chica vietnamita. El espíritu contestatario de DePalma sería de lo más encomiable proviniendo del país donde viene. Este acidez, se multiplicaría en su secuela ¡Hola, mamá!, donde la revolución armada de la gente de raza negra se hace patente y los padres de familia gordos y calvos acaban con ellos mientras su mujer le seca el sudor, a la vez que los soldados que han regresado del Vietnam, ponen en práctica lo conocido, haciendo explotar edificios de viviendas. Si Greetings gana enteros en su anarquía compositiva, muy cercana incluso a las películas protagonizadas por los Beatles A hard day’s night (Id, 1964) y Help! (Id., 1965) ambas dirigidas por Ricahrd Lester, ¡Hola, mamá! gana en dureza y situaciones extremas. Ya he comentado la parte más La ventana indiscreta (Rear Window, 1954) del film, con John Rubin filmando a su vecindario para después venderlo en sexshops, pero resulta bastante más interesante, aunque, por desgracia, no en el devenir depalmiano, la segunda parte del film, donde se representa via NIT (Televisión para Intelectuales), la obra de teatro radical, por lo visto muy de la época, Be, black baby, donde los actores, de raza negra, a excepción de Rubin y Gerrit Wood (de nuevo Gerrit Graham en un papel distinto al de Greetings, puesto que en este film su personaje moría... a consecuencia de su interés en descubrir la conspiración del asesinato de Kennedy), humillan y golpean al público de raza blanca, hasta crear verdadera sensación de terror incluso al espectador, en lo que toma forma de un falso documental, verdaderamente hiriente y directo, con una fuerza transgresora que no lo iría nada mal recuperar al DePalma de Misión a Marte (Mission to Mars, 2000). ¡Hola, mamá! es un film así, más sesgado que Greetings, pero con una mayor y más incisiva carga moral. La escena final de un Jon Rubin reconducido por la sociedad, casado y con su mujer embarazada, cómo vendedor de seguros, con un DeNiro improvisando de manera magnífica. Por cierto, que el John Rubin de ¡Hola, mamá! es un claro precedente del Travis Bickle de Taxi driver (Id., 1975. Martin Scorsese), piénsese en la escena en la que Rubin ensaya su papel en la obra de policía fascista, hablando solo con la fregona y la escalera, de manera más que brillante. Tras este film, DePalma, entraría en la dirección
de Get to know your rabbit (Ídem, 1972), que no terminaría
por problemas con el productor de la obra, y ya daría su primer
cambio de piel con la inminente Hermanas (Sisters, 1973)
o un Psicosis con pantalla partida. |