LOS INTOCABLES DE ELLIOT NESS (The Untouchables, 1987)  
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Por Sergio Vargas
Cartel del film
Miradas de Cine © 2002-2003

En 1987, basándose en la serie de televisión de los años 60 y en la novela de Oscar Fraley y el propio Eliot Ness, el prestigioso dramaturgo y guionista David Mamet –que debutaría como director ese mismo año con Casa de juegos (House of Games, 1987)– escribió el guión de uno de los mayores éxitos de Brian De Palma, Los intocables de Eliot Ness. El film contó con un elevado presupuesto y contenía todos los elementos para hacerse con los favores de la crítica y del público empezando con un reparto difícil de igualar: Kevin Costner, Sean Connery, Andy Garcia, y para el papel de Capone, un genial e inspirado Robert de Niro.

Chicago, 1930. Es la época de la ley seca, la época de los gángsters. Es la época de Al Capone. La película se abre con un plano cenital en la barbería donde Capone, mientras es afeitado, se jacta ante la prensa de ser el dueño de la ciudad. Es curioso recordar como en Scarface (id., Howard Hawks, 1932) también es en la barbería donde vemos por primera vez a Tony Camonte (el claro alter ego de Capone), y en ambos casos es el barbero el que descubre el rostro del gángster apartando las toallas de su cara, en lo que parece un claro guiño al film de Hawks. El personaje interpretado por De Niro, muy caricaturesco, al contrario que en otras películas sobre Capone en las que se ha tratado de dar más profundidad dramática al famoso gángster le viene como anillo al dedo a cierta estética de comic de que goza la película. Su antagonista, Eliot Ness, agente del tesoro designado para mantener a rajatabla el cumplimiento de la ley seca (lo que directamente implica acabar con los tejemanejes de Capone) es interpretado por el generalmente mediocre Kevin Costner (sin resultar ésta una excepción), representando todos y cada uno de los valores del buen americano, trabajador y padre de familia, buen esposo y cumplidor de la ley, fiel por tanto a su trabajo. Para tan ardua misión creará un grupo formado por un puñado de valientes e incorruptibles hombres: Jimmy Malone, un honrado policía de la calle ejemplar en su trabajo que se convierte en una especie de tutor para Ness (papel que le valió un oscar a Sean Connery), el recluta George Stone, todo un talento con la pistola, de ascendencia italiana, interpretado por el siempre eficaz Andy Garcia, y Wallace, un policía de oficina especializado en contabilidad pero que resultará un auténtico peligro con un arma en su poder, al que da vida Charles Martin Smith, siendo éste último un personaje también bastante cercano al comic.

Muchas veces se acusa a Brian De Palma de centrarse en obtener unos excelentes resultados visualmente hablando, pues maneja la cámara sin miedo, gustoso de largos planos secuencia y difíciles encuadres y giros de cámara, pero sacrificando la profundidad de las historias. Algo parecido se podría decir de Los Intocables, pero no es del todo así. Es cierto que la historia no da mucho de sí, aparte del hecho de que es por todos sabida al estar basada en hechos reales y habiendo conocido numerosas adaptaciones, algunas de gran calidad. Aún así, el excelente trabajo de guión de Mamet suple con creces la trivialidad que pueda haber en la historia, con sus geniales diálogos característicos y maravillosas secuencias que De Palma convirtió en memorables al transformarlas en imágenes. Dos en concreto son las más recordadas. La primera se desarrolla durante una comida de “empresa” presidida por Capone, donde el mafioso comienza un monólogo centrado en la importancia del trabajo en equipo y lo poco conveniente que son las individualidades. Para ello utiliza como analogía el deporte nacional, el béisbol, recorriendo la mesa tras sus comensales mientras juguetea con un bate. Lo que hace que la escena sea trascendente es su violento final, con De Niro comenzando de repente a golpear varias veces en la cabeza a uno de sus invitados con el bate, que con toda probabilidad no gustaba de colaborar convenientemente. Después, la cámara partiendo de la cabeza inerte y sangrante sobre la mesa, va elevándose hasta el techo, para terminar con una vista general de la mesa, con todos paralizados por el miedo, y fundido a negro. La segunda es quizá la más recordada de las dos. En primer lugar, siendo también lo más anecdótico, es un gran homenaje a la famosa secuencia de las escaleras de Odessa del film El acorazado Potemkin (Bronenosets Potyomkin, de S.M. Eisenstein, 1925) una de las más conocidas de la historia del cine por su soberbio e innovador empleo del montaje y el ritmo cinematográfico. Pero aun así la que rueda De Palma tiene entidad propia, consiguiendo crear un suspense digno del maestro Hitchcock al que tantas veces ha homenajeado jugando sabiamente la baza de que todo ocurre en tiempo real, hecho que se acentúa con la constante presencia del reloj de la estación, y las continuas miradas de Ness al carrito del bebé hasta que se decide finalmente a bajar a ayudar a la madre a subirlo por las escaleras, y también mediante la utilización de la cámara lenta en la parte final durante todo el tiroteo mientras el carrito con el bebé va cayendo por las escaleras e incluso es atravesado por un disparo.

Ambas secuencias gozan también de una violencia que en cierto modo también es una de las señas de identidad de la película, que cuenta con varios sangrientos asesinatos, y aquí es inevitable hablar del, a mi juicio, mejor personaje de la película, interpretado sobriamente por Billy Drago, bastando su simple mirada fría y su impertérrito rostro para crear un asesino que se cuentra entre los mejores malvados del cine en los últimos tiempos para mi gusto (al menos en su relacion maldad/tiempo de aparición en pantalla). El principal lugarteniente de Capone, con su elegante traje blanco, no es otro que Frank Nitty, que se apodera de cada una de las escenas en las que aparece, perdurando sobre todo la fantástica secuencia final en la azotea donde Ness, movido por la venganza, actúa en contra de su naturaleza de hombre de ley que predica con el ejemplo.

Aunque no es que sea precisamente una de las peores interpretaciones de Kevin Costner, también hay que admitir que la película flojea cuando es él el centro de atención, sobre todo en las un tanto insulsas escenas familiares, que tratan de profundizar algo más en la humanidad y rectitud del agente, quizá el único error de la película, que probablemente habría salido ganando si le hubiese dado al personaje de Ness un tratamiento más concordante con el del resto de personajes, pues incluso el de Sean Connery, bastante bien construido y no tan deliberadamente caricaturesco, es precisamente eso lo que resulta en muchas ocasiones.

Pero afortunadamente, estas escenas conforman una cantidad mínima del total de la película, que aparte de ser un excelente y entretenido espectáculo de acción, sin significar esto necesariamente un torrente de explosiones y complicadas acrobacias, sino más bien un ritmo trepidante que no da tregua al espectador, resulta también muy eficaz provocando el suspense, como en la ya citada secuencia de las escaleras, en la cámara subjetiva del plano secuencia que representa la incursión en casa de Malone, o cuando ese maletín es abandonado deliberadamente en el bar, todo ello acompañado con la magistral banda sonora creada por Ennio Morricone.