MISIÓN A MARTE (Mission to Mars, 2000)  
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Sumario
Por Diego Calleja
Cartel del film
Miradas de Cine © 2002-2003

El espacio, la última frontera...

Desde la década de los cincuenta hasta nuestros días el planeta Marte se ha convertido en un escenario cinematográfico recurrente al que algún director acude de vez en cuando para contarnos batallitas espaciales, inventar fruslerías místicas o pergeñar futuros llenos de cacharros electrónicos y látex.

En un afán taxonómico sin precedentes he llegado a la conclusión de que deberíamos dividir las películas sobre Marte en dos grupos bien diferenciados.

Por un lado las que tratan sobre la llegada de marcianos a la Tierra, género este muy entretenido aunque en general las películas aquí comprendidas son de muy baja calidad (la mayoría de ellas de serie B) siendo la mejor con diferencia Mars Attacks! (1999. Tim Burton).

En un segundo grupo incluiremos todas aquellas películas cuya acción se desarrolla en el propio Marte. Desafío total (Total Recall, 1990. Paul Verhoeven) es sin duda la más señera de todas ellas, si bien me gustaría recordar una serie de televisión excelente como "Crónicas marcianas" basada en el libro homónimo de Ray Bradbury escrito en 1950 y en la que no salía Boris Izaguirre.

Misión a Marte se localizaría en este segundo conjunto de películas marcianas, conjunto que ha visto incrementarse su número de manera significativa gracias a la misión Mars Pathfinder y al robotito aquel (El Sojourner) que se deslizaba tan graciosamente por la superficie de Marte chocándose una y otra vez con todas las rocas que se cruzaban en su camino. Pues sí, polvo, sudor y hierro, la Pathfinder cabalga, Marte estuvo de moda hará unos tres años. Se habló de la existencia de hielo en abundancia, de la posibilidad de que hubiera habido vida en este planeta en otro tiempo, de que en pocos años una nave tripulada por humanos se posaría sobre ese suelo rojo parduzco... Marte salió hasta en la sopa, pero la conclusión popular fue que era un planeta feo y carente de interés (incluso los varios programas que le dedicó Eduardo Punset en Redes fueron muy sosos). Los productores de Hollywwod, no obstante el aburrimiento causado por las imágenes del telediario, estuvieron al quite y se rodaron tres películas, tres, que intentaron ofrecernos algo de la emoción que la ciencia era incapaz de proporcionar.

Esta saturación de rojo marciano constató dos cosas: primero, que el cine espacial pasa por horas bajas, y segundo, que todas las películas sobre Marte tienen en común una estética tenebrosa, inquietante y desapacible, al estilo de la que uno se imagina leyendo "Cumbres Borrascosas" de Emily Brontë.

Misión a Marte no es una excepción a esas dos constataciones, es una película floja y desmañada que no sabe aprovechar eso que hay de pavoroso y sobrecogedor en Marte por el único hecho de ser Marte, por ser la siguiente frontera a traspasar por el ser humano.

Es conocida por todas la acusación de plagio que pende sobre la cabeza de Brian de Palma desde que hacía sombras chinescas en su infancia. La verdad es que este director, sea o no un imitador excesivo, pocas veces ha conseguido crear obras dignas de aquellos a los que “homenajea” con descaro.

En Misión a Marte aparecen despreocupadamente demasiadas escenas que “recuerdan” a otras películas, siendo incluso la trama una revisión disfrazada de 2001: Una odisea del espacio (A Space Odissey, 1968. Stanley Kubrick).

El inicio del film, la barbacoa que despide a los astronautas, tiene “similitudes” con Apolo XIII (Apollo XIII, 1995. Ron Howard) y Elegidos para la gloria (The Right Stuff, 1983. Philip Kaufman). El contacto con fuerzas extraterrestres “que han dejado un mensaje para el hombre” es excesivamente kubrickiano y remite también a Contact (1997. Robert Zemeckis). El rostro alienígena que surge en la superficie del Planeta rojo resulta demasiado egipcio como para no pensar en Stargate (1994. Roland Emmerich).

Seguiré con las similitudes y semejanzas haciendo notar, sin embargo, que intentando ser más indulgentes, más que de plagio se podría hablar de versiones que Brian de Palma hace de escenas que le han gustado pero que desea “perfeccionar”.

Así, el baile rockanrollero dentro de la nave es una versión libre de esa conocida escena de 2001 en la que un astronauta hace footing al compás del Danubio Azul. Los accidentes en la segunda misión vuelven a recordar a Apolo XIII, pero Brian les da su toque personal rozando la inverosimilitud. El final del film, muy del gusto de los raelianos, supongo, con una extraterrestre tan dulce y maternal que da risa (su físico, por cierto, me trajo a la memoria a la Pitufita), es una aclaración excesiva de ese final abierto de 2001, y es una copia masculinizada del final de Contact. Y podría seguir y seguir...

En definitiva, creo que Brian de Palma no obra de mala fe inspirándose de forma tan evidente en escenas conocidas, y que lo único que pretende revisitando tantas películas es dar su toque de distinción al mundo del cine. Otra cosa es que sus pretensiones se hagan realidad. Lo que consigue en el caso de Misión a Marte es que asistamos a un dèjá vu fragmentario e inconsistente que produce bostezos en todos aquellos que tenemos buena memoria.

Por si no fuera poco, la finalidad última del film es jugar con la idea candorosa de unos extraterrestres que jugarían el papel de dioses laicos, tan del gusto de nuestra sociedad, que una vez descreída del cristianismo está ávida de cualquier misticismo, por infantil que sea, para recuperar la seguridad en sí misma. (Por cierto, ¿alguien sabe si Brian de Palma es de la iglesia de la Cienciología o raeliano o algo por el estilo?)

En fin, rezaremos para que repongan los capítulos de "Star Trek, la Nueva Generación", para conseguir hacer viajes espaciales menos decepcionantes.