Estudio. Sobre Howard Hawks.  
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Por Carlos Rosal
Miradas de Cine © 2002-2003

Los eternos...

Debe ser cansino y cargante para el aficionado al cine, que no cinéfilo, que cuando se habla con cierta profundidad y criterio sobre el cine, sobre su historia y los nombres capitales que la formaron que siempre salgan a relucir los mismos nombres. Pero si reflexionamos un instante nos daremos cuenta que el cinematógrafo apenas tiene cien años y que por otro lado la pintura, la escritura o el teatro llevan a cuestas una historia de siglos y siglos.

El cine apenas ha conseguido balbucear y de aquí a que consiga articular las primeras palabras usted y yo estaremos comentándole a Wilder cuanto nos gustó El apartamento. Por ese evidente motivo hay tan sólo unos 5 o 10 cineastas que sean comparables a los Shakespeare, Leonardo y compañía. Son esos 5 o 10 los que forman el grupo de los verdaderamente grandes, sin reservas ni fisuras, los de siempre, los eternos.

Las obras que propiciaron el nacimiento de las disciplinas artísticas (las de toda la vida) se nos revelan a primera vista como funcionales, practicas, al servicio de todo menos de la expresión artística. Es lógico que para muchos las pinturas rupestres sean tan “inútiles a nivel artístico” como ver a los obreros saliendo de la fábrica y de ahí en cierto modo nace la pregunta que planteaba desde las líneas de esta revista, en el numero anterior, Jose Luis Hurtado, ¿Cómo evoluciona el cine para que pase de mero producto de artesanía a obra de arte? Creo que la respuesta es clara, desde el momento que este sirve como vehículo de expresión personal, desde el momento en que se quiere transmitir no solo una idea o un sentimiento, sino tu idea o tus sentimientos respecto al tema que tratas. Pero solo comprendiendo los objetivos reales de un film se puede hacer esta separación. No podemos excusarnos en generalizaciones estúpidas ya que de esta manera caeríamos en el error de meter cualquier cosa, desde los cortos en super8 de la comunión hasta films-basura de los que no quiero acordarme, en el mismo saco.

Buscar el objetivo por el cual el cineasta ha dirigido una película se nos revela como la clave para llegar a comprender lo profunda que puede ser una obra cinematográfica y a partir del conocimiento de ese motivo, juzgar.

Pero seguramente el cine es lo más tramposo que hay hoy en día. Para hacer una película se necesita que miles y miles de factores sean propicios, cosa que desvirtúa en gran medida el juicio que se le puede hacer a una película que no es mas que el resultado finalísimo de todos esos factores. Además, el cine, y muchísimo mas hoy en día, corre con el lastre de que el guión parece haber sustituido a las formas propias que el cine conquistó hace ya muchos años, apenas juzgamos una película por sus formas sino por lo que nos cuenta, y con eso nos quedamos tan a gusto. Nos limitamos a exigir personajes bien trabajados, con muchos matices y situaciones que nos hagan sentir grandes emociones, pero despreciamos el valorar las formas como elemento capital en el cine. Nos limitamos a “una puesta en escena correcta” “adecuada” “formalmente fallida” pero apenas nos hemos planteado su análisis serio, el guión, nuestra obsesión por el, es lo que nos impide entrar a juzgar una película por lo que debería ser juzgada en primer lugar. Ya que si una película se divide en tres partes “guión-puesta en escena-montaje”, las tres son igual de importantes, pero sin duda alguna es la puesta en escena y el montaje es lo que hace que el cine sea cine. Y aquí no hay vuelta de hoja.

De este modo nos hemos convertido en meros observadores y criticadores de guiones y no de películas. Puesto que si la puesta en escena la despreciamos, a veces inconscientemente pero casi siempre despreciándole con la coletilla de turno, el montaje se ha convertido por parte de los cineastas en un simple ejercicio de juntar planos con el Avid y por la parte que nos toca apenas le prestamos importancia... a menos que nos pongan delante un montaje paralelo espectacular entonces, nosotros, autocomplacientes y demostrando lo mucho que sabemos, hablaremos de una gran labor de montaje, sin apenas plantearnos la verdadera utilidad e intencionalidad del mismo.

Tanto los que hablamos del cine como los que lo hacen deberíamos parar y plantearnos de nuevo que es el cine, porque nos enfrentamos a la obra cinematográfica de un modo tan parcial. El cine es para mi la forma de arte más completa y compleja que existe, pero entre todos estamos haciendo del cine una ridiculez, estamos despreciando las posibilidades que nos brinda el cinematógrafo unas posibilidades que como ya he dicho nos fueron descubiertas por cineastas de un calibre inmenso hace ya muchos años pero que no hemos sabido ver ni aplicar, no hemos sabido recoger los frutos de Murnau, de Ford o de Hawks así que deberíamos empezar de cero otra vez, volver a lo que fue el cine para volver a encauzar en el camino correcto un arte devaluado. Espero que comprendan la generalización, puesto que hoy en día hay gente que engrandece y hace que nos sintamos orgullosos de que nos guste el cine, y sin querer entrar en una lista de nombres me gustaría poner el ejemplo de Pedro Almodóvar, un cineasta del que ni mucho menos soy gran seguidor ( le defiendo a capa y espada a pesar de que no me gusten muchas de sus películas) pero que ha conseguido evolucionar hasta tal punto que, ténganlo por seguro, ya no hará malas películas. Algunos le acusan de haber traicionado su propio universo temático y que por eso sus ultimas películas carecen de valor, esos son los mismos que ven el cine con un solo ojo, los que ven el cine guionizado y no ven el logro formal que ha conseguido el cineasta con sus últimas películas.

Es mas que probable que mis palabras sean el producto de una mente ignorante (pero es ella en la que me escudo y la que me da el valor de decir por primera vez en esta revista lo que pienso del cine) que se ha visto atacada por un virus llamado Nouvelle Vague. Mi formula es fácil, desde mi cómoda posición me lo cargo todo y ahora toca alabar a Hawks. Si, este es el objetivo de estas líneas.

Constatar que el cinematógrafo a Howard Hawks le ha servido como vehículo de expresión de sus propias ideas y que ha utilizado el cine como cine. El guión, la puesta en escena y la utilización del montaje como elementos indisociables a sus ideas, apoyado en la búsqueda constante de nuevas reformulaciones de los elementos cinematográficos que hacen que Howard Hawks sea uno de esos cineastas eternos.

Pero también constatar que el cinematógrafo esta muriendo.


A la altura de la vista, Hawks y las formas

En el campo formal Howard Hawks no inventó prácticamente nada, pero fue de los pocos que contribuyeron a sentar sus bases y construir sobre ellas aportando granitos de arena que visto lo visto, constituyen montañas. No es cuestión de decir una estupidez como que “Hawks invento el plano medio” sino que hizo de las herramientas propias y únicas del lenguaje cinematográfico la base para construir sus historias y expresar sus ideas. Pero si una palabra define el cine hawksiano esa es la sencillez. La compleja sencillez.

Es mas que mítica la frase en la que el realizador declaraba que filmaba a sus personajes a la altura de la vista. Una frase que es la muestra clara de esa sencillez. Pero tampoco nos quedemos con un significado único de la frase, lo que viene a decir Hawks es que no se deben buscar los recursos visuales bonitos o difíciles sino los que son necesarios porque esos son los correctos. Aquí transcribo de memoria (perdón por las incorrecciones) unas declaraciones que realizo Howard Hawks durante su estancia en el Festival de Cine de San Sebastián en la edición de 1972: «(...) Si un actor se mueve bien, hago que se mueva y lo ruedo con una panorámica, si una actriz queda mejor quieta, como Lauren Bacall, la ruedo en plano fijo (...) Si el mejor actor de western es John Wayne, le escojo a el como actor, si tengo que hacer una comedia elijo a Cary Grant»

Varias lecturas se pueden hacer de estas declaraciones, incluso podría pensarse en la desidia y la dejadez de Hawks a la hora de plantearse la puesta en escena de sus películas. Bien, ya lo dijo Truffaut, que Howard Hawks, junto a John Ford son los directores de la puesta en escena invisible. Y ahí radica la grandeza de las formas en el conjunto del cine hawksiano, en esa puesta en escena invisible en que por sencillo y practico apenas se nota su mano.

No quiero quedarme en lo que normalmente se juzga (composición, movimientos de cámara y poco mas) Howard Hawks siempre le dio sentido a todos los elementos. Sé que puede sonar estúpido pero el manejo no ya solo del sonido sino de cuestiones como el vestuario o el atrezzo (y no hay mas que remitirse a Scarface) hacen de Hawks un cineasta enorme que jugaba con todo para ponerlo al servicio de sus historias. El hoy devaluadísimo y por mecánico carente de sentido uso de los planos y contraplanos, la gratuituidad con que los cineastas escogen los colores del vestuario de sus actores o nulísima atención que se le prestan hoy en día a los títulos de crédito no hacen mas que engrandecer a unos y descubrir a los otros. Demostrar que hay cineastas que hacen cine y cineastas que no. Y esta claro que no será Hawks quien diga que el se preocupa por estas cosas, no será él quien resalte hechos que como bien sabia, como sus personajes, no era mas que su trabajo y que por ello lo hacia.

Y si a alguien le puede parecer ridículo que un director de cine sea “mejor” en función del vestuario de sus películas tiene toda la razón del mundo, pero esos detalles hacen que un film sea redondo.

Además no se trata de eso (de cuanto más mejor), porque lo realmente ridículo e insultante es que haya gente que no se preocupe por ello. Quizás y tan solo quiero poner un ejemplo para invitar a analizar otras cosas que son importantes dentro de una película, deberíamos empezar a plantearnos que en la gama de colores, los hay que son opuestos, contrarios y complementarios (oh!, quizás no es lo mismo que alguien vaya de azul que de rojo).

No quiero hacerme pesado, en el cine de Hawks son múltiples los elementos que tienen sentido y que están trabajados, compruébenlo, se sorprenderán.

Las constantes. “Lo Hawksiano”.

Es ya casi inevitable el hablar del paso del tiempo y la familia al referirnos al cine de Coppola, la amistad traicionada en el cine de Peckinpah o el desarraigo de los personajes de Nicholas Ray. Esas características que pueden verse mejor o peor trabajadas a lo largo de la filmografía de los cineastas son lo que hacen que el conjunto de esa filmografía adquiera un sentido, una dirección que nos haga comprender que quiere expresar el cineasta (sin olvidar el como, por supuesto). El cine de Hawks, como en el de los grandes, tiene ciertas constantes ya sea en el tema que trata la película o en la naturaleza de sus personajes que hacen que se pueda hablar de un cine Hawksiano.

Las damas primero. Los personajes femeninos en el cine de Howard Hawks parecen sacados del mismo molde. Son siempre autosuficientes y fuertes. Son, casi siempre, el motor de la historia, el detonante. Ya sea Susan Vance de La fiera de mi niña (Bringing up Baby, 1938) o el personaje que tan magníficamente interpreta Paula Prentis en Su juego favorito (Man´s Favorite Sport?, 1964) –dos películas separadas por 26 años nada menos– siempre responden a esas características. Son siempre las mujeres quienes llevan la voz cantante en la mayoría de películas de Hawks y actúan como “elemento desestabilizador” de la vida de los personajes masculinos. Tomemos brevemente La fiera de mi niña, Grant se va a casar con una mujer que es la antitesis absoluta de la mujer hawksiana...lógicamente Grant acabara enamorándose de la sobrina alocada interpretada por Katharien Hepburn. Hawks conoce bien a la mujer y se deja de los maniqueísmos y tópicos que aun hoy en día forman el 90% de personajes femeninos que aparecen en la gran pantalla.

Mayor diversificación hay en lo que respecta a los personajes masculinos. Si bien algunos suelen ser taciturnos, despistados y bastante desastrosos, generalmente en las comedias, los otros responden a un patrón también marcado por el genero en el que se insertan, el western o el cine negro. Pero todos mantienen la constante del profesionalismo, la ética profesional y el asumir la responsabilidad y el cumplimiento de unos compromisos adquiridos. En la comedia, una vez mas, La fiera de mi niña. En el western, el Dunson de Río Rojo (Red River, 1948) o el paradigma del profesionalismo hawksiano, el John Wayne de Río Bravo (íd, 1959), que se enfrenta a un mayor numero de enemigos porque es simplemente su trabajo y que rechaza la ayuda de un ganadero, porque este no tiene porque hacerlo, no es su trabajo.

Un tema que en El sargento York (Sergeant York, 1941)) se revela como trascendental para el personaje, Alvin York sabe que su deber es ir a la guerra, pero eso va en contra de sus creencias...al final triunfa el cumplimiento del deber sobre cualquier cosa.

Respecto al profesionalismo en los films de Hawks, se aprecia también un rechazo a todos aquellos que no lo son, a aquellos que no cumplen sus compromisos. El aviador muerto por no hacer bien su trabajo en Solo los ángeles tienen alas (Only Angels have Wings, 1939) (con la increíble secuencia del ¿Quién es Joe?) seria la “parte seria” de ese rechazo, Rock Hudson en Su juego favorito, representaría la parte cómica, Hawks le hace mil y una perrerías (y a nosotros nos hace pasar un momento inolvidable) por haberse hecho pasar por un gran pescador.

No quiero avasallar con infinidad de ejemplos que se repiten a lo largo de la filmografía hawksiana como sus reformulaciones temáticas o la relectura de los géneros que propicio cambios tan significativos como poco reconocidos en la concepción del cine clásico (he reducido considerablemente mi escrito original con esa finalidad), eso se lo dejo a ustedes. Entren en el cine de Howard Hawks y descubran la coherencia tanto estilística como temática de un artista que tan solo hacia su trabajo.

Una ultima cosa...

Si van a ver una película de Howard Hawks o de cualquier otro, pero en especial de Hawks (ya que es de quien me he atrevido a hablar) olvídense de colores, puestas en escenas y atrezzos bien trabajados. Olvídense de todo y disfruten de la película. Plantéense las reflexiones cuando piensen en el cine como arte y no como entretenimiento.

Será entonces cuando se darán cuenta de lo bueno que es ver el cine como entretenimiento pero también puede que se den cuenta que el cine y sus formas están muriendo.