| LA FIERA DE MI NIÑA (Bringin Up Baby, 1938) |
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Tras el huesoEl género de la comedia screwball americana es propio, además de una nacionalidad determinada, de una época histórica también concreta, la de los años treinta y cuarenta del siglo pasado. Estas comedias se caracterizan por narrar historias románticas en clave cómica, protagonizadas por personajes excéntricos y pertenecientes a clases sociales normalmente acomodadas, que se ven inmersos en un embrollo de situaciones equívocas, confusiones y malentendidos que dificultan las relaciones entre ellos. Las mujeres suelen tener en estas películas un rol dominante,elemento que, por lo atípico que resultaba para aquella época, proporcionaba comicidad a la historia, acrecentado también por el hecho de que los hombres se mostraban a menudo humillados por las situaciones en las que estas mujeres solían implicarlos. Ellas llevaban casi siempre los hilos de la trama y eran responsables de la complicación de las situaciones. Era la conocida lucha de sexos la que predominaba en los argumentos de estas comedias, cuyos máximos artífices fueron, sin duda, los hermanos Marx y las películas de Lubitsch, Frank Capra, George Cukor y, por supuesto, Howard Hawks. Posteriormente surgirían otros directores que aprendieron muy bien los trucos de estos maestros, como haría Blake Edwards, Billy Wilder o incluso Bodganovich. Los diálogos son la clave, siempre vertiginosos y a menudo difícilmente inteligibles por la simultaneidad de participación de varios actores hablando a la vez. El ritmo de la acción es muy rápido y alocado, con un clímax que parece ser del todo imposible para la resolución de las situaciones, pero que se salda normalmente con un final feliz para los protagonistas. El cine de Howard Hawks es ante todo muestra de la versatilidad que un autor puede llegar a conseguir durante toda su carrera. Ensalzado por los críticos de la Nouvelle Vague durante los años cincuenta y sesenta, Hawks ha gozado como pocos de la inusual consideración de autor dentro de la industria norteamericana. Hawks, pese a trabajar siempre dentro del marco y condiciones de los estudios, nunca se vio sometido estrictamente a las rígidas exigencias de los grandes productores, y consiguió imprimir a toda su obra de un sello personal y de una cierta libertad creativa poco frecuente en la industria americana. Es difícil concretar en cuál de los innumerables géneros que tocó Hawks destacó con mayor brillo, pero lo más seguro sea afirmar que los films más recordados del director fueron quizás sus comedias, hecho en parte debido a que el toque cómico no sólo aparecía en las obras del realizador suscritas a este género, sino que en la mayoría de sus films este elemento se hacía patente de un modo u otro. Hawks presumía de haber dado con la piedra angular en la efectividad de las situaciones cómicas que llevaba a la pantalla. Afirmaba que la clave para que una situación haga reir al espectador, se basa en que los diálogos no deben ser graciosos por sí solos(1), sino todo lo contrario, que éstos debían ser réplicas creíbles y adecuadas a las situaciones y que lo que los hiciera resultar cómicos debía ser el contraste de éstos con las actitudes de los personajes que desarrollaban la acción. Así, en La fiera de mi niña, el personaje de David Huxley (Cary Grant) habla muy en serio durante todo el film, sus comentarios no son en sí mismos graciosos, sino que lo que les hace parecer como tales es la actitud ridícula y contradictoria que Huxley adopta frente a unas situaciones del todo humillantes para él. Huxley no para de repetir durante todo el film que quisiera verse liberado de Susan Vance (Katharine Hepburn), pero la verdad es que hace bien poco para alejarse realmente de ella, accediendo en todo lo que Susan planea en su juego de seducción hacia él. La fiera de mi niña es considerada, más de sesenta años después de su estreno, como una de las mejores comedias jamás realizadas. Pese a que el tipo de humor de estas películas de enredo americanas resulte actualmente para muchos desgastado y caduco, lo cierto es que se puede afirmar que el género no ha tenido un desarrollo comparable en toda la historia del cine a a quél que tuvo durante las dos décadas doradas en las que se desarrollaron sus mejores obras. La situación social exigía del cine un medio de evasión a la crisis, y además la irrupción del sonoro propició, con sus precarios requisitos técnicos en la captación del sonido, quelos diálogos fuesen un recurso indispensable para estas películas. Los guionistas tenían ahora mucho que decir, y así lo demuestra el hecho de que algunos de los mejores en toda la historia del cine realizaron sus mejores obras durante estos años. Charles Brackett, I.A.L. Diamond, Ben Hecht, Charles McArthur, Dudley Nichols... todos ellos escribieron o adaptaron guiones que pasarán a la historia como ejemplos indiscutibles de buenas comedias. Nichols fue el guionista de La fiera de mi niña, una película con una acción trepidante que narra la difícil situación en la que se ve metido un científico paleontólogo (Huxley), al conocer a una excéntrica mujer (Susan). Ésta le hará perder, además de la clavícula intercostal de un brontosaurus,en la reconstrucción ósea del cual Huxley lleva trabajando largo tiempo, la posibilidad de conseguir una sustanciosa donación económica para el museo. Las situaciones absurdas y las coincidencias se van encadenando hasta desembocar en una complicada resolución final, muy propia, como ya se ha dicho, del género. Lo más destacado de la película son sin duda los personajes principales. Hepburn y Grant interpretan soberbiamente sus papeles, por lo que el tandem ha sido y será merecidamente recordado durante largos años. De todos es sabida la afición de Hawks por la caza. La película está planteada de hecho como si de una cacería se tratase y a este respecto las similitudes son evidentes. A parte de la presencia reiterada de los animales, y su importancia para el desarrollo de la narración (el dinosaurio, el perro George, el leopardo Baby y su fiero gemelo, el personaje del experto cazador amigo de la tía de Susan que imita a la perfección a los animales salvajes...) Susan se pasa el film intentando "cazar" literalmente a David, hecho que encuentra su mejor ejemplificación en la escena en la que, tras caer los dos por una pendiente, la cabeza de David acaba dentro de la red del ridículo cazamariposas con el que Susan pretendía atrapar al leopardo. El final, además es también muy significativo a este respecto, pues la escena de la caída del brontosaurus, -siempre por culpa de Susan-, viene a simbolizar que el mundo de David, aunque de apariencia segura y sólida, acaba resultando frágil y se desmorona ante el triunfo de Susan, quien consigue finalmente que David se enamore de ella. Esta escena es sencillamente genial, con la Hepburn balanceándose en lo alto de la escalera como una niña pequeña, mientras le confiesa su amor a David y se da cuenta de que él también la ama. La cámara la sigue en cortas panorámicas laterales, que aún enfatizan más la sensación de inestabilidad que en breve provocará la desastrosa caída del dinosaurio. Y ésta, observada en un impresionante plano general, da una idea perfecta de la magnitud del gigante esqueleto desmoronado. El estilo formal de la película, la elección de los decorados y la ambientación, diferencia claramente los dos mundos en los que se mueve Huxley, el sobrio y refinado decorado del museo, con un interior austero y frío, y una realización con planos estáticos, se contrapone a los exteriores abiertos, luminosos y llenos de vida en los que David se topará con Susan (el campo de golf, las calles de la ciudad, la casa de la tía, los exteriores salvajes de los jardines...), y con el ritmo de montaje más rápido y los movimientos de cámara que simbolizan la desenfrenada y alocada actitud de ella. Como siempre en Hawks, la cámara es un instrumento al servicio de la narración, y nunca protagonista de la misma. Y además, como muy bien apunta Quim Casas, este hecho es especialmente importante en sus comedias - y extensible a muchas otras películas del género-, en las que lo importante, por encima de todo, son los personajes y las relaciones que el diálogo establece entre ellos, por lo que la forma pasa a un discreto segundo plano y la cámara sólo se deja ver cuando es necesario para la comprensión del relato (2) . Uno de los recursos más acertados del realizador es precisamente el dejarle al espectador cierta libertad de elección en la observación de la escena. En las escenas corales, en las que intervenían diversos personajes, a Hawks le gustaba mostrar el grupo, normalmente en plano medio o americano, hecho que permitía al espectador observar a todos los actores y sus reacciones. Este hecho llegaba a su punto máximo cuando intervenía en sus películas Walter Brennan, al que el espectador no perdía de vista nunca, pues su actitud y reacciones provocaban las situaciones más cómicas. En La fiera de mi niña, la escena de la llegada de la tía Elisabeth (May Robson) y la conversación posterior con el amigo de ésta, el comandante Applegate (Charlie Ruggles) son una buena muestra de ello, con Cary Grant intentando por todos los medios quedar bien ante la posible inversora de su museo, con la que no ha tenido un buen comienzo al presentarse ante ella con una ridícula bata femenina como única prenda de vestir. Otro ejemplo de este tipo de realización lo constituye el maravilloso fragmento final de la prisión, el cual recuerda a las escenas con múltiples actores de las películas de los Hermanos Marx, y en la que en escasas ocasiones se aisla a los personajes en planos individuales, sino que aparecen normalmente agrupados, para poder observar en todo momento las reacciones y comportamiento de los principales. La fiera de mi niña es una de las mejores obras de Hawks. En ella, los personajes lo son todo y la acción está supeditada a ellos. La coherencia de los acontecimientos pasa a segundo término. Lo importante no es la verosimilitud de las situaciones, sino la lógica de unos personajes exagerados y ridículos en sus comportamientos. La película posee momentos difíciles de olvidar, como la disparatada y absurda escena del aparcamiento en el campo de golf, o la divertida sucesión de incidentes y equívocos en el restaurante, que culmina en el famoso gag del esmóking y el vestido de Susan. Pese a no gozar de demasiado éxito en el momento de su estreno, la película ha conseguido con los años el estatus que realmente merece, el de ser una de las mejores comedias, no sólo del genial realizador que fue Hawks, sino de toda la historia del cine. (1) Hawks decía: «No recurerdo haber usado jamás
una frase graciosa en una película. Resultan graciosas por sus
actitudes, por las actitudes que indican lo contrario de lo que tratan
de decir» Hawks según Hawks, de Joseph McBride, Ed.
Akal, Barcelona, 1998, p.81. |