LUNA NUEVA (His Girl Friday, 1940)  
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Sumario
Por Sergio Vargas
Cartel del film
Miradas de Cine © 2002-2003

La fluidez estática espacio temporal (o como correr estando quietos)

Cuando Howard Hawks emprendió el rodaje de Luna nueva, su comedia más desenfrenada, la obra de teatro de la que parte, The Front Page, de Ben Hecht y Charles McArthur, ya había conocido una adaptación cinematográfica pocos años antes a cargo de Lewis Milestone, Un gran reportaje (The Front Page, 1931). En principio puede parecer un tanto absurdo lanzarse a este proyecto con tan breve espacio entre ambas producciones, pero la clave del éxito de Hawks tenía nombre y se llamaba Rosalind Russell. Simplemente cambiando el sexo de uno de los personajes principales de la obra e introduciendo una rota relación de pareja entre ésta y el otro protagonista, se llevó todo hábilmente al terreno que tan bien manejaba, una guerra de sexos que en esta ocasión era más fuerte que nunca, porque a pesar de que Hildy Johnson, la periodista encarnada por la Russell, tiene una fuerte personalidad y una gran independencia como casi todos los personajes femeninos en las comedias de Hawks, en este guión de Charles Lederer, Walter Burns, director del periódico para el que ella trabaja y, a la sazón, su exmarido, en una más de las memorables interpretaciones de Cary Grant a las órdenes del director, no es un mero pelele que sufrirá lo indecible por permanecer al lado de la chica, sino un astuto, maquiavélico y ruin conspirador, que recurrirá al engaño, a la mentira y a cualquier bajeza imaginable no ya para conseguir una impactante primera plana o una noticia bomba en exclusiva, sino para lograr que Hildy abandone a un prometido con el que se va a casar al día siguiente y permanezca bajo sus órdenes en el periódico que quiere abandonar para siempre con motivo de su boda, y finalmente, en su corazón.

Aunque la mayor parte de la película transcurre en la sala de prensa del Morning Post, el periódico donde trabajan los protagonistas, careciendo además de exteriores, ambas cosas bastante lógicas teniendo en cuenta la fidelidad (salvo el cambio anteriormente mencionado y todo lo que éste implica, que no es poco) a la obra teatral de la que procede, en ningún momento resulta esto un obstáculo para la fluidez de la misma, pues los geniales y rapidísimos diálogos no dan ni un respiro, y no en vano son lo que más frecuentemente se destaca de la película, amén de las interpretaciones de todo el reparto, destacando a un Cary Grant bastante alejado de sus papeles habituales, y que a pesar de la maldad de su personaje acaba por granjearse la simpatía del espectador. Al comenzar el film, Hildy se presenta en el despacho de Walter para anunciarle (no sin cierto esfuerzo debido a una serie de malentendidos) su inminente matrimonio acompañado de su dimisión del periódico. A continuación Burns decide que quiere conocer al afortunado prometido, y, una vez conseguido su objetivo tras una breve confusión, decide “invitar” a comer a la feliz pareja, en una reunión donde comenzará a forjarse el plan para quedarse con Hildy. Es en esta primera parte de la película donde esos diálogos torbellinescos en los que varias personas están hablando simultáneamente quizá no resultan tan patentes, sin embargo, el duelo interpretativo Russell-Grant, en el que no paran de saltar chispas, no está exento de interés, con un Ralph Bellamy como espectador de lujo en el papel de Bruce Baldwin, el inocente prometido de Hildy.

El caso Williams, un hombre que ha sido condenado a muerte (y que casualmente será ejecutado si nadie lo impide el mismo día de la boda de Hildy) por disparar a un policía, se complica enormemente cuando el periódico defiende la postura de que Williams no está cuerdo y debería ser recluido en un centro para enfermos mentales, pero sin embargo el alcalde y el comisario, guiados por intereses personales en vísperas de las elecciones tratarán de que Williams sea ahorcado a cualquier precio. Esto introduce una componente dramática en la película que además será la herramienta principal empleada por Burns para mantener a Hildy trabajando en el periódico, al menos un día más, un día que a todos los efectos se convertirá en eterno. A medida que avanza la película y a la vez las noticias (todas en torno al caso Williams) van sucediéndose sin descanso en la redacción del periódico, los diálogos polifónicos van in crescendo a la vez que aumenta la sensación de velocidad, metiendo al espectador de lleno en la redacción del periódico en el momento de mayor actividad (vamos, como en nuestra redacción a finales de mes), con los periodistas convertidos en auténticos perros de presa a la caza de la noticia. La propia Hildy reconoce que no son seres humanos, sino periodistas. En esta parte del film Grant y Russell prácticamente no comparten la pantalla hasta el genial desenlace, y la trama se centra más en la corrupción reinante (pues no puede decirse que al lado del alcalde o el comisario, Burns sea el peor de todos) que se va descubriendo según se desarrolla el caso, y sobre todo, como Hildy se va dando cuenta (aunque quizá se dan más cuenta de ello sus compañeros de la redacción) de que le va a costar más de lo que creía desprenderse de una profesión que lleva muy dentro. Por supuesto, todo esto da pie a divertidas situaciones y diálogos, por ejemplo cuando Williams escapa debido a un clamoroso error del comisario, y los periodistas se ceban en el pobre infeliz y en los desastres que van cometiendo sus hombres. Aunque para mí el momento más divertido de la película es para Cary Grant, que en un solo gesto, en un único segundo de celuloide, consigue demostrar toda la ruindad de la que su personaje es capaz. Y es en el momento en que el prometido de Hildy está sentado a la mesa arreglando los papeles para hacerle un seguro a Burns, que está de pie, tras él, y entonces echa unas lagrimillas de cocodrilo pensando en el posible destino de Hildy a su muerte, y, consciente de que el otro no le está mirando, no duda en darle unos golpecitos en el hombro para que se fije. Si lo veo cien veces, cien veces me río. Particularmente me parece la mejor de las comedias de Hawks, la más completa y desde luego de las más divertidas.

Más de tres décadas después, Billy Wilder dirigió una nueva adaptación de la obra de Hetch y McArthur, Primera plana (The Front Page, 1974), donde una vez más los dos personajes principales eran masculinos y de la cual puede leerse un artículo de Alejandro G. Calvo en el estudio que le dedicabábamos en estas mismas páginas hace un año al director austríaco, y en 1988, Ted Kotcheff de nuevo cambió de sexo (bien entendido, por favor) en una mediocre e innecesaria película, Interferencias (Switching Channels) que hasta la fecha es la última adaptación de la obra.