| CLERKS (Clerks, 1994. Kevin Smith) |
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Parece que en el prestigiado festival Sundance de cine ndependiente cada año surge un niño prodigio que con su supuestamente nueva visión enamora al público especializado y a los legendarios jecutivos de Hollywood, ansiosos por encontrar (y explotar) algo que les dé nueva credibilidad y prestigio dentro de la comunidad cinematográfica. En ocasiones surge tal talento, como en el caso de Steven Soderbergh; en muchos otros casos (no quiero mencionar nombres) nunca volvemos a oir del prodigio. En el caso de Kevin Smith, para bien o para mal, se dió una mezcla de ambas situaciones; su primera película, estrenada en Sundance, fue Clerks, y tuvo tan buena acogida que se le auguraba un brillante futuro en el cine de estudio. Sin embargo, la sensibilidad de Smith es tan particular que, fuera de su reducido, pero fanático, culto de admiradores, ha tenido dificultad en conseguir el éxito económico (sinónimo de prestigio en Hollywood) que esperaban quienes predijeron su seguro éxito. Con Clerks (en ocasiones traducida como Detrás del Mostrador), Smith creó una película brillante, de extremadamente bajo presupuesto, pero con un guión tan innovadoramente mordaz que capturó la aprobación unánime de la crítica y del público. La trama es absurdamente simple: un día en la vida de Dante Hicks, un empleado de mostrador en una pequeña tienda de autoservicio, el ya legendario Quick Stop. Dante pasa el día lidiando con situaciones que van desde la farsa hasta la tragedia, incluyendo varias que combinan ambos esquemas. Al iniciar la película, Dante recibe la mala noticia
de que tiene que Tal como se oye, Clerks consiste básicamente en hora y media de parlamentos y discusiones, limitados a un par de locaciones. Digamos que es una especie de Mi cena con Andre para el público joven contemporáneo. Los personajes son tan pintorescos y los diálogos tan ferozmente incisivos que no hacen falta grandes adornos cinematográficos para mantener el interés. Aunque las actuaciones son generalmente malas y poco pulidas, el tono general de la cinta y su actitud, subversiva pero bondadosa, resultan en una película que logra un buen balance entre humor y drama, entre realismo y absurdo, y entre agresión y melancolía. La dirección y cinematografía son minimalistas y complementan perfectamente la sencilla historia. El que esté filmada en blanco y negro es una decisión económica, pero también ha ayudado a la narrativa, pues el tosco grano y mala iluminación prestan un tono documental que enfatiza el realismo de los personajes. La plana dirección de Smith parecía una decisión artística, pero como ha demostrado en sus posteriores obras, tal simplicidad obedece a que se trata de un mal director. Él mismo ha reconocido esto, de modo que trata de adaptar sus guiones a su particular estilo (o falta del mismo). En el contexto de la completa carrera fílmica de Smith, Clerks resultó ser la primera de una serie de cintas que tratan de la misma familia de personajes y lugares. Esta decisión va mucho más allá de ser un pequeño chiste privado. Smith ha creado una mitología rica en personajes y relaciones, que conservan la sencillez de la vida en un pequeño pueblo, pero que emocionalmente forman una épica que conviene conocer completamente para apreciar el detalle y atención que se ha aplicado a los brillantes guiones. Lo que nos lleva a la inefable pareja de Jay y el Silencioso Bob. Esta pareja de malvivientes forman el punto de unión entre todas las películas de Kevin Smith. Jay (Jason Mewes) y el Silencioso Bob (el mismo Kevin Smith) funcionan como observadores y comentaristas (bueno, al menos Jay... el Silencioso Bob hace honor a su nombre la mayor parte del tiempo) de los hechos que presencian, y sus apariciones marcan puntos esenciales para los personajes de cualquiera de las cintas en las que aparecen... pero ya hablaré de eso en escritos futuros. Clerks es una modesta obra de arte, que combina la vulgaridad, el humor y el drama para conseguir un resultado profundo, conciente de las inherentes contradicciones de la condición humana, y eminentemente divertido. Creo yo que es la mejor película de Kevin Smith, quien siguiendo la inspiración de Jim Jarmusch y Richard Linklatter (íconos del cine independiente), decidió realizar una película aún careciendo de la preparación adecuada, y logró triunfar a pesar de sus obvias limitaciones. Ampliamente recomendada tanto por logro propio como por la importante parte que desempeña en la obra futura de Smith. |