| PULP FICTION (Pulp Fiction, 1994. Quentin Tarantino) |
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| De todos los directores americanos que han iniciado su andadura en los años noventa, no tengo ninguna duda al quedarme con Quentin Tarantino. Su debut con la fabulosa Reservoir Dogs (1992) nos descubrió a un cineasta sorprendente que supo encantar a partes iguales a crítica y público y se convirtió casi inmediatamente en una película de culto. Yo, por ejemplo, tengo un amigo que puede tirarse diez minutos recitando el diálogo del prólogo de memoria, toda esa larga conversación sobre las propinas y Madonna, como quien reza el padrenuestro. Tras una obra maestra como esa, las expectativas sobre el nuevo film eran enormes, y por supuesto las posibilidades de llevarse un chasco. Pulp Fiction, sin embargo, no defraudó a nadie. La primera vez que se ve esta película, es realmente una sensación maravillosa. Tiene momentos que uno no puede llegarse a creer lo que está viendo. Me viene a la cabeza la escena en que Butch (Bruce Willis) va a escapar ensangrentado de la tienda del siniestro amigo del siniestro Zed, pero el remordimiento no le deja, y armándose con una katana, baja al sótano, casi tan asustado como nosotros, que no tenemos ni la más remota idea de lo que nos vamos a encontrar tras esa puerta, aunque sabemos que probablemente va a ser algo terrible, y también sabemos que queremos verlo ya. Como olvidar a Uma Thurman interpretando a Mia, la esposa de el mafioso Marcellus Wallace. Cualquiera que no haya visto la película, pensaría que estoy loco si dijera que me gustaría ser John Travolta durante esa noche. Pero es algo que me encantaría, a pesar de todo, a pesar del ajetreo final. ¿Y que decir de Harvey Keitel, el señor Lobo? «Soy Lobo, soluciono problemas». Pulp Fiction no son sólo dos horas y media de entretenimiento puro y duro bañado en una banda sonora de lujo, son dos horas y media que respiran cine por todos y cada uno de sus fotogramas. En Pulp Fiction se dan cita todos los géneros de una forma totalmente natural, aunque si hubiese que decantarse por uno, yo tiraría por el de la comedia, una comedia desde luego muy retorcida, pero es una de las películas con las que más me he reído y más he disfrutado en toda mi vida. La película nos narra un par de días en la vida de dos gángsters, Vincent Vega, quizá el único papel decente de John Travolta a lo largo de su extensa trayectoria, y Jules Wingfield, un inolvidable Samuel L. Jackson, que ante la visión de un supuesto milagro, decidirá dejar la profesión. La historia de Vincent y Jules está estrechamente relacionada con la de un boxeador metido en el pellejo de Bruce Willis, que amañará un combate por partida doble con el fin de retirarse para siempre de la profesión sin tener nunca más problemas económicos, con la de un pareja de inexpertos atracadores (Tim Roth y Amanda Plummer) que se encuentran en el lugar exacto en un momento inadecuado, y con una serie de personajes e historias cuyas relaciones se van desvelando poco a poco con un complicado y divertido montaje que se erige rápidamente en otro de los atractivos de la película gracias a su excelente planificación. El guión de Tarantino y Avary es realmente prodigioso, situaciones hilarantes, dramáticas, violentas, con unos diálogos sencillamente naturales y poderosos a un tiempo. Gracias a esos diálogos puede mantener planos fijos de dos minutos enfocando a la cara de Bruce Willis (¡que no es Uma Thurman, es Bruce Willis!) y aún así, conseguir que el espectador continúe pegado a su asiento, puede hacer un guiño a Psicosis y no caer en el ridículo. Puede provocar las carcajadas más enormes tras un inquietante monólogo de Christopher Walken hablando con un niño pequeño y puede empapar en sangre la luna de un coche y hacer que nos ríamos. Tiene todo ese poder y mucho más. Puede enseñarnos a poner inyecciones de adrenalina o a limpiar una casa tras una fiesta loca (o incluso tras cosas peores) en ocasiones que requieran urgencia, puede hacer que nos preguntemos como sabrá un batido de cinco dólares, y como sabría si nos lo ofreciese Uma Thurman (sí, es una obsesión, ¿pasa algo?) Puede incluso hacer que nos volvamos a acercar a esa magnífica novela que es la Biblia, concretamente al libro de Ezequiel. Pero lo más importante es que puede conseguir que cosas que ya estaban inventadas hace tiempo resulten originales sin haber presumido de serlo en ningún momento, pues siempre ha reconocido orgullosamente sus influencias, desde Truffaut o Godard hasta Brian de Palma, pasando por Hawks o Hitchcock, entre otros, y eso no deja de ser una virtud. Y es que seis años trabajando en un videoclub tenían que dar su fruto de alguna forma. Las referencias son incontables: el maletín resplandeciente tomado de El beso mortal (Kiss me Deadly, Robert Aldrich, 1955), la inyección reanimadora del documental American Boy: A Profile of Steven Prince (id., Martin Scorsese, 1978), o el hecho de que en el restaurante donde cenan Mia y Vincent nos encontremos con el camarero-clon de Rickie Nelson, que no es gratuito, pues Rio Bravo (id., de Howard Hawks, 1959) es la película favorita de Tarantino (y también de John Carpenter, por cierto). Aparte de estas, hay otras muchas referencias en diálogos, situaciones e incluso personajes que remiten a Luc Besson, John Woo, Jean-Luc Godard o Don Siegel entre otros. Pero a pesar de todo esto y de las similitudes narrativas que puede haber entre la obra de Tarantino y por ejemplo, Atraco perfecto (The Killing, Stanley Kubrick, 1956) lo que nos ofrece el director de Jackie Brown (id., 1999) es probablemente lo más innovador que se ha hecho y se hará en EEUU en mucho, mucho tiempo. Y mientras éste ha ido pasando, el cine de Tarantino
ha servido a su vez de influencia a una gran cantidad de nuevos realizadores,
como el brasileño Fernando Mireilles y su sorprendente debut con
Ciudad de Dios (Cidade de Deus, 2002), Guy Ritchie y su
Snatch. Cerdos y diamantes (Snatch, 2000), Sexy Beast
(id., de Jonathan Glazer, 2000) o Amores perros (id., de Alejandro
González Iñarritu, 2000) por citar algunos de los ejemplos
más representativos. ¿Por qué ocurre esto? Pues porque
Pulp Fiction (y Reservoir Dogs, y Jackie Brown) es
una película fundamental. Quien todavía no la haya visto,
tiene que hacer cuanto antes una cosa muy importante. Con prioridad absoluta.
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