| SIN PERDÓN (Unforgiven, 1992. Clint Eastwood) |
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El último western, la última obra maestraSe me hace complicado hablarles de esta película, una de mis favoritas de todas las que he visto y que además, se enmarca en mi género preferido. Más difícil aun, sino imposible, hablarles del film de Eastwood cuando en esta misma revista existe un genial análisis escrito por Alejandro G. Calvo enmarcado dentro del estudio que desde Miradas de Cine le dedicamos al cineasta y que desde ya recomiendo. Que decir de un film tan bello, tan sucio, tan duro, tan grande, si Truffaut consideraba El cuarto mandamiento de Welles como una de las películas con mas sensibilidad junto a L’Atalante de Jean Vigo, no hay duda que Sin perdón merece estar ahí, junto a L’Atalante, junto a Centauros del desierto, junto a Los 400 golpes, junto a los films de Renoir, a los de Rosellini. Al lado de las películas que realmente expresan, sea dolor, alegría, felicidad o tristeza, al lado las películas que uno ve y cree que el cine siempre ha sido y será un arte sublime e insuperable en cuanto a capacidad expresiva siempre y cuando la responsabilidad de hacer una película caiga en manos de directores de cine de verdad. Sin perdón puede parecer una película carente de la épica de antaño, pero esa voluntad de mostrar a los anti-héroes, de mostrarlos humanos, frágiles a la vez que duros, violentos y carentes de moral es a mi juicio, donde reside la épica de Sin perdón. «Es duro matar a un hombre, le quitas todo lo que tiene y todo lo que podría tener» en un soberbio y seco primer plano puede parecer el fin del western, el fin del héroe, pero cuando es Munny quien lo dice se convierte automáticamente en épico, al igual que el famoso Wild Bunch de Peckinpah, Sin perdón representa la épica del fin de la épica si nos ponemos trascendentales. Nada es lo mismo desde el año 1992, nada es lo mismo desde que uno ver por primera vez una película como Sin perdón, lo mismo ocurre cuando uno ve un buen Hawks o un buen Becker por primera vez, la escala de valores cambia, la concepción y planteamientos que uno tiene sobre el cine quedan destrozados, minimizados ante la rotundidad de un film como este, ese listón que todos tenemos alcanza cotas estratosfericas, a uno le da vergüenza puntuar con un numero un film que al lado de Sin perdón quedaría no en evidencia sino en el baúl de la mas absoluta de las mediocridades. Eastwood consigue demostrar lo que los grandes cineastas han demostrado siempre, aunque ni mucho menos lo pretenda, que el clasicismo es mucho más valido que cualquier mamarrachada seudo-moderna perpetrada por tipos con gafas de pasta, que la fuerza de un film reside tanto en el guión como en la fotografía, la puesta en escena y un montaje coherente y con intención dramática. Si hay una obra maestra en la década de los noventa es Sin perdón y si existen las 25 mejores películas de la historia, una es Sin perdón. Tomando prestado a Chabrol se puede afirmar con total
seguridad que no te puede gustar el cine si no te gusta Sin perdón. |