BLACK HAWK DERRIBADO (Black Hawk Down, 2002)  
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Sumario
Por Emilio Martínez-Borso

Cartel de la película





















Miradas de Cine © 2002-2003

Gangs of Mogadisco

La última propuesta de Ridley Scott estrenada entre nosotros deviene un producto tan extraño y peculiar dentro de el género y estilo que en el fluye que no hace más que invitar a descubrir todos los hilos y conflictos que envuelven esta aparente aventura bélica, acentuada si cabe cuando uno ve los nombres de los responsables que se ocultan tras las cámaras creando una primera confusión en el espectador más o menos avanzado e interesado en las mentes de la gente que se dedica al oficio/ arte de hacer películas (Ésta película es un claro ejemplo de ello como explicaré más adelante).

A principios de los años noventa, los Estados Unidos enviaron tropas de sus marines a Somalia con el fin de ayudar en las labores de lucha contra los señores de la guerra que tenían sumido al país en una gran pobreza además de la guerra civil. Durante una aparente misión sin peligro, un cuerpo de soldados se vio rodeado por la multitud enfurecida convirtiendo las calles de la ciudad en un auténtico campo de batalla entre el grupo de apenas 30 soldados con los miles de somalíes armados con piedras y palos. Durante la contienda, murieron 17 soldados norteamericanos y más de mil somalíes. A pesar del poco eco que tuvo esa contienda, las imágenes de los cuerpos de los soldados mutilados y arrastrados por las calles de Mogadiscio sirvieron para que Clinton retirara de allí a las tropas. Pues bien, ese es el argumento de la película sobre el cual giran los 150 minutos de metraje, sobre una batalla. Parece una broma, pero no lo es.

El megaproductor Jerry Bruckheimer, compró los derechos cinematográficos del libro de Mark Bowden y encargó a Ken Nolan que comprimiera las 15 horas que duró la batalla en un guión que durara 145 minutos. Sabiendo que era imposible retratar todo aquello minuciosamente y que no se podían representar a todos los personajes, se tomaron ciertas licencias creativas a modo de condensar tamaño material.

Bruckheimer le ofreció el proyecto a Scott quien se encontraba en un resurgir artístico tras los triunfos critico-comerciales de Gladiator (Gladiator, 2000) y Hannibal (Hannibal, 2001) y haber estado en una especie de crisis creativa durante los años noventa que le llevó a dirigir joyas como La teniente O´Neil (G.I. Jane, 1997) y Tormenta Blanca (White Squall, 1995) entre otras, produciéndose la primera colaboración entre dos de las personalidades más distantes y quizás más relevantes del panorama cinematográfico norteamericano actual. Bruckheimer es conocido por producir grandes blockbusters capaces de arrasar en taquilla y permanecer en la memoria del espectador, algunos porque no están mal, y otros porque realmente sí están muy mal, pero es cierto que Bruckheimer ha contribuido a formar nuestro paso de la infancia a la adolescencia con películas como Superdetective en Hollywood (Beverly Hills Cop, 1984) o Top gun (Top gun,1987), ambas del hermano de Ridley, Tony. Scott por su parte, dejando de la ese período oscuro que fueron los 90, se ha caracterizado por intentar elucubrar un mensaje dentro de sus películas de esperanza dentro de las más horribles circunstancias, sociedades o formas de vida que hayamos elegido como nuestras, como son el caso de Blade Runner (Blade Runner, 1982) o incluso con cintas más actuales como Hannibal.

Así pues, la asociación entre el “arte” de Scott y el “oficio” de Bruckheimer prometía como mínimo un producto apetecible. No hay que olvidar tampoco que aunque Scott tenga sus visiones artísticas, no deja de ser un muy buen director de cine en lo que a oficio se refiere. Cualquiera de sus películas estará bien dirigida, otra cosa es lo que cuenta o si realmente cuenta algo. Bruckheimer consciente que el material que posee al estar basado en un hecho real y de ser de una calidad superior al que venía barajando últimamente (Si es que Pearl Harbour –Michael Bay, 2000– no hay por donde cogerla, en cambio ha vuelto a acertar con su última aportación, Los Piratas del CaribePirates of the Caribean; Gore Verbinski, 2003–) se queda en un segundo plano para aportar su logística y su dinero para dejar cancha libre a Scott quien deviene el mayor protagonista de la película, ya que realmente si el productor quisiera algo con su sello habitual no hubiera dudado en encargarle el trabajito a cualquiera de sus protegidos, caso de Bay o Tony Scott

Así pues, Scott consciente de su poder y posición se concentra en mostrar la historia desde un punto de vista plural y coral, sin un protagonista destacado ni un hilo argumental bien definido que enlace primeros con segundos actos, ni una trama que nos lleve hacia el desenlace. Así pues, el director opta por ofrecernos un documental reconstruido y ficcionalizado de dos horas y media con actores profesionales y de muchos millones de presupuesto. Eso se nota desde el principio con la breve introducción que nos hace al país donde se sitúa la película que por razones obvias no pudieron rodar en los escenarios naturales teniendo que construir los decorados en Marruecos), situación geográfico-política y que tras unas breves secuencias de presentación de los personajes del ejército que tendrán su cierto protagonismo, ya pasa rápidamente al corazón de Mogadiscio para empezar con la misión.

Ese es el estilo que busca Scott en la película, un ritmo muy rápido, casi frenético, como aquellos momentos, que se corten y fragmenten bruscamente como los acontecimientos que se van sucediendo, sin dejar lugar para el descanso ni el reposo. Si los personajes no lo tienen, el espectador tampoco, por eso opta por un estilo documental muy cercano. Casi toda la película es cámara al hombro o en steady, y los planos fijos están acompañados de grandes sacudidas en los momentos de ráfagas o explosiones, la cámara siempre sigue a los personajes y los encuadra de forma cerrada, los encierra cinematográficamente del mismo modo que los somalíes los encierran físicamente. Scott tampoco concede concesiones en lo que a mostrar ciertas secuencias se refiere. Al rodar en forma documental se intenta acercar a la realidad de la mejor forma posible, por ello veremos en primer plano amputaciones, operaciones, muertos, disparos, tiros, agresiones, linchamientos, caras de soldados que no saben que hacer, caras de somalíes que no entienden que está sucediendo. Quizás el problema de Scott es que queriendo ser objetivo mostrando los dos bandos, se decanta inconscientemente hacia el bando americano, no por una cuestión de patriotismo o de fascismo como algunos le han achacado, Scott está por encima de eso, sino por el mismo motivo que tiende a mostrar siempre ese halo de esperanza dentro de las condiciones más hostiles, viendo a los soldados inferiores quizás como la teniente Ripley que intenta escapar del Alien para salvar su vida.

Otro aspecto que Scott ha cuidado hasta el mínimo detalle ha sido el sonido. Ya que la mayor parte de la acción se centra en las batallas urbanas continuas (más cercanas a las descritas por Herbert Ashbury en su libro "Gangs of New York" sobre la creación de la ciudad y de sus bandas, y fuente de inspiración de Scorsese y Jose Luís Borges entre otros, que a las peleas y persecuciones más propias de películas policíacas protagonizadas por Steven Seagal, Bruce Willis o Arnold Schwarzenegger), el sonido incesante de morteros, rifles y explosiones será lo que acompañe durante todo el metraje a los jóvenes marines que intentan escapar de su situación. Un sonido estudiado y modificado para que se clave en el oído del espectador siendo éste un elemento de angustia más importante que las propias imágenes durante toda la proyección. Del mismo modo, el montaje de la película realizado por el colaborador habitual de Scott (del mismo modo que siempre utiliza al mismo músico, director de fotografía, ayudante de dirección...) Pietro Scalia, está lleno de cortes y barullos, fragmentado a la vez que brusco, pero sin caer en el estilo videoclipero, seguramente un recurso mucho más fácil pero que por suerte aquí se ha evitado.

En cuanto al apartado interpretativo, para enfatizar el concepto de historia coral sin una cara concreta, Scott se rodea de una mezcla de actores jóvenes, algunos poco conocidos pero la mayoría desconocidos para el público mayoritario, juntándolos con jóvenes veteranos actores de multitud de películas que a pesar de resultar familiares, no restan credibilidad al asunto. De este modo, junto a rostros como Josh Hartnett o Ewan McGreggor , quizás los dos más famosos por aquel entonces, también podemos observar a un Eric Bana pre-Hulk, a un Orlando Bloom antes de la fama que le acarrearía el papel de Legolas de la trilogía tolkeniana o a Ewen Bremer, de la mano de veteranos como Tom Sizemore o Jasón Isaacs, obteniendo como resultado una eficiencia considerable y un aceptable nivel interpretativo sin empañar el ansiado concepto de anonimato buscado por Scott.

Para finalizar y de paso abordar toda la controversia y polémica que rodeó a la película desde que se conoció su rodaje, tal y como siempre ha defendido el director, él no he inventado ninguna historia, esos hechos sucedieron, y lo ha intentado mostrar de la forma más parecida, respetuosa y real posible. Que no te gusta la versión que se da, pues quizás sea culpa del gobierno que envió allí a los marines, o de los señores de la guerra somalíes, pero no de un equipo de cineastas que intentan dar a conocer unos hechos casi desconocidos para la mayor parte de la población mundial. La película es tan simple que no se podría ni catalogar como bélica, más bien como un docu-drama a lo bestia, exagerado sí, pero que conflicto bélico y armado no lo es.