| LEGEND (Legend, 1985) |
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Poesía visualDurante los años ochenta se produjeron diversas obras que mostraban mundos irreales poblados de seres fantásticos, como elfos, trasgos, trolls, enanos... y todo tipo de criaturas que ahora nos son tan familiares gracias a Peter Jackson, pero que existían en el cine mucho antes de que a él se le ocurriera adaptar a Tolkien. Fue la década de películas como Cristal Oscuro (Jim Henson y Frank Oz, 1982), Dentro del laberinto (Jim Henson, 1986) o la misma Willow (Ron Howard, 1988). Ridley Scott acababa de realizar su obra más famosa, Blade Runner (1982) cuando empezó a pensar en la realización de Legend, un cuento de hadas escrito por William Hjortsberg y producido por la Universal. Al igual que ya le ocurrió con Blade Runner, los problemas y exigencias impuestos por el estudio no pararon de sucederse, y lo que había de ser una obra especialmente personal y bien acabada, acabó deparando en un film bastante mediocre, en el que, si bien la puesta en escena es soberbia y las imágenes bellísimas, la coherencia narrativa es inexistente, y el desarrollo de las acciones se pierde en una simpleza y torpeza absolutas.Los avatares con el montaje de la película, y las diferentes versiones que para el mercado americano y el europeo se le fueron exigiendo a Scott (algunas escenas variaban, con la intención de adaptarse mejor a los gustos de cada público), han dejado como muestra un film lleno de fisuras, lamentablemente inconexo entre escenas y con un argumento demasiado pobre, que se resume en lo siguiente: Darkness, el señor oscuro, quiere reinar y dominar la Tierra, y para ello debe eliminar a todos los unicornios que existan, símbolos de la pureza y de la libertad. De los dos que quedan, consigue que sus trasgos secuaces eliminen a uno, pero aún le queda el otro. La princesa del bosque trata de evitarlo, pero es apresada por Darkness y cae hipnotizada bajo sus redes. Su amado Jack tratara de rescatarla, ayudado por sus amigos, habitantes del bosque como él. Uno de los elementos más extraños de este film, a la vez que ciertamente interesante, reside en el hecho de que ni el espacio ni el tiempo están definidos. Los personajes se mueven dentro de un lugar impreciso, en un bosque fantástico que pertenece tan sólo al reino de la fantasía, y por ello no tiene especial relevancia identificarlo ni dar más señas sobre su lógica espacio-temporal. Por otro lado, la caracterización de los personajes no está tampoco desarrollada, y lo único que sabemos de ellos o podemos intuir es lo que vemos y oímos en pantalla, absolutamente nada más. Jack (Tom Cruise), es un joven que vive en el bosque, supuestamente un campesino, y la princesa Lili (Mia Sara) pertenece a un reino del que no conocemos nada, con un castillo inexistente y una vida totalmente apartada de los límites del encuadre. Lo mismo sucede con los demás personajes, están ahí sin más, no importa el cómo, el cuándo o el por qué de su existencia. Este hecho se hace en un primer momento desconcertante, pero al cabo del film va perdiendo importancia en favor del hipnotismo de las imágenes, cuidadas hasta el último detalle. No obstante, lo interesante de la ilógica de este mundo irreal, pierde fuerza ante la falta de coherencia narrativa de la que hemos hablado. El esteticismo de las imágenes no se corresponde con un montaje demasiado vertiginoso que evita la comprensión y lectura correcta de muchos de los planos mostrados, además de que los diálogos no arrojan suficiente luz sobre las acciones y el desarrollo del argumento. La iluminación de Alex Thomson, pese a ser de una belleza soberbia, resulta demasiado oscura para la brevedad de los planos, hecho que dificulta mucho su lectura. Sin embargo, ésto sólo es imputable al montaje, puesto que el tratamiento visual es del todo hipnótico y bellísimo. Hay a lo largo del film algunas escenas que merecen especial mención por su marcado interés estético. De entre ellas, destacan a mi juicio dos. La primera, es la muerte del unicornio. Scott consiguió aquí transmitir el horror ante el ataque al animal mediante un montaje en paralelo. Por un lado, se muestra a Lili cantándole al unicornio y acercándose cariñosamente a él, y por el otro a los trasgos disponiéndose a disparar el dardo mortal. La fuerza de esta escena reside en el contraste. Las imágenes de Lili son de colores suaves y bañadas por el sol. El bosque aparece teñido de una luz mágica, todo reviste un marcado caracter bucólico y de belleza sobrenatural. Opuesto a esto aparecen los planos de los trasgos, iluminados también por el sol, pero con una atmósfera totalmente diferente, quizás marcada por el desagradable aspecto de estos seres, que confiere un sentido lúgubre, sucio y terrorífico.El suspense llega al punto más algido mediante el montaje y la planificación, aquí muy acertados, cerrando el campo y aumentando el ritmo de los planos hasta el instante en que el dardo es disparado y el animal huye herido. La otra escena a destacar es el baile de Lili ante Darkness. Éste, interpretado por un Tim Curry irreconocible bajo un maquillaje espectacular (Robb Bottin consiguió con ello una merecidísma nominación al Óscar, basándose para ello en el terrorífico diablo de la secuencia Night on Bald Mountain, de la película de Disney Fantasia, 1950) trata de seducir a la joven atrayéndola con joyas y bailando con ella convierténdose en una oscura y enigmática figura. Ella se rinde ante el lujurioso baile, y queda convertida en uno de ellos, danzando eróticamente y quedando su ya desgajado vestido blanco convertido en un sofisticado y lujoso traje negro (el vestuario corrió a cargo de Charles Knode, quien ya había colaborado con Scott en Blade Runner). El aspecto de la joven, puro y virginal hasta ese momento, es ahora el de una concubina diabólica, con los ojos y labios pintados de negro y una expresión de lascivia en su rostro. Toda esta transformación se sucede en la guarida de Darkness, un espacio lúgubre poblado de enormes columnas. La escenografía fue otro de los logros de este film, a cargo de Ann Mollo. Como en Blade Runner, la arquitectura tiene un papel esencial en esta escena. La guarida recuerda al enorme salón de la Tyrell Corporation, y las gigantescas columnas barrocas se presentan amenazadoras, engullendo y aterrando a la protagonista, quien sucumbe finalmente a la hipnótica atracción del lujo y la belleza de su entorno. La música de Jerry Goldsmith acompaña toda la secuencia, misteriosa y mágica como todo lo demás. Una escena fantástica desde luego, muestra del enorme talento de Scott para sugerir con imágenes perfectas una idea determinada. Hay en la película, además, un cuidado tratamiento de la luz y los colores. El azul acompaña en todo momento a Jack y al unicornio, los únicos personajes que a lo largo de toda la cinta conservan su carácter inocente y puro. Bellísima es la escena en la que Jack acaricia al animal, envuelto éste en un halo de luz azul angelical y casi sobrenatural. Por otro lado, el rojo intenso de la piel de Darkness, los enormes cuernos y sus horribles pezuñas,dan como resultado una de las mejores caracterizaciones del diablo que se han hecho a lo largo de la historia del cine. Su guarida está revestida de tonos rojizos, con una iluminación contrastada y sombría. Finalmente, el bosque aparece como otro personaje más. Su aspecto inicial, bañado por la luz del sol, primaveral y de colores celestes y verdes, se convierte a partir del asesinato del unicornio en un frío invierno, con oscuros tonos grises y azules metálicos, bañados por una espesa niebla y la nieve que lo cubre todo. Legend es hoy una película de culto, aumentando éste a medida que los años pasan. Sus errores de montaje, ritmo y contenido se han ido perdonando con el tiempo, dejando que la enorme fuerza de las imágenes y la perfección estética de algunas escenas se encarguen de elevar la película a una categoría que en conjunto no merece. No hay que desestimar el trabajo artístico realizado individualmente por cada uno de los profesionales que trabajaron para la película. Pero está claro que el enfoque de la misma no fue el acertado. Dirigida en un principio al público adolescente, Legend no consiguió lógicamente llegar a él, siendo demasiado poética y alejada de las convencionales películas de fantasía y aventuras. El film supuso un fracaso estrepitoso para la Universal. Se hace difícil y contradictorio analizar esta película, puesto que la atracción de sus imágenes disputa con el parco contenido del guión y la incoherencia del argumento. Quizás hagan falta algunos años más para que la obra sea apreciada en mayor medida, pero desde luego, nunca será considerada como una de las mejores obras de Ridley Scott. |