ABIERTO HASTA EL AMANECER (From Dusk Till Dawn, 1996)  
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Sumario
Por Alejandro Díaz
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2003

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Robert Rodriguez y Quentin Tarantino se conocieron allá por 1992, cuando coincidieron con sus respectivos films de debut en el Festival de cine de Toronto. Desde ese instante surgió una amistad que, tras algunos flirteos no demasiado memorables, terminó consolidándose definitivamente en Abierto hasta el amanecer, una película escrita por Tarantino y dirigida (o al menos así lo dicen los créditos oficiales) por Rodriguez. A partir de este punto es evidente que las carreras de ambos realizadores han seguido caminos muy diferentes. Mientras el mexicano se ha incorporado inequívocamente al cine de consumo americano para adolescentes o, directamente, para los niños, y amenaza ahora con una nueva vuelta de tuerca al tema de El mariachi (íd., 1992), Tarantino filmó su obra de mayor madurez con Jackie Brown (íd., 1997), y ha permanecido inactivo desde entonces hasta este mismo año, en el que, según parece, se estrenará su esperado cuarto largo como director. Dicho esto, es menester señalar que si Abierto hasta el amanecer parece la mejor película de Robert Rodriguez es debido a la influencia de Tarantino, hasta el punto de que el film es, sobre todo en su primera mitad, claramente deudor del talento del creador de Pulp Fiction (íd., 1994). Por otra parte, también se puede decir que la firmada por Rodriguez es la mejor adaptación de un guión de Tarantino no dirigido por el propio Quentin, desde luego bastante más lograda que la de Tony Scott (Amor a quemarropa/True Romance, 1993.) y, sobre todo, que la abominable Asesinos natos (Natural Born Killers, 1994. Oliver Stone).

«Queríamos que fuese como una película de exploitation de los setenta. Por eso cogimos a todos esos tíos como Fred Williamson, Tom Savini, Michael Parks, John Saxon [...]». Estas son declaraciones de Rodriguez con motivo del estreno del film, y la verdad es que cualquiera que esté mínimamente familiarizado con el universo (meta)cinematográfico de Tarantino sabrá ver que esta obsesión por los films de acción baratos de los setenta es bastante más propia de él que de Rodriguez. Que éste haya tratado de hacerla suya en sus declaraciones es otra cosa... La realidad de la génesis del proyecto Abierto hasta el amanecer es que partió como una idea que Robert Kurtzman le propuso a Tarantino cuando éste trabajaba en el famoso videoclub donde cultivó su particular cinefilia (o video-filia). Kurtzman figura, por tanto, como argumentista del film, aunque sus intereses estarán seguramente más centrados en la última parte, ya que Kurtzman es uno de los fundadores de la KNB (Kurtzman-Nicotero-Berger), empresa responsable de la creación de los efectos especiales de Abierto hasta el amanecer y de algunas de sus películas inspiradoras, como El ejército de las tinieblas (Army of Darkness, 1993. Sam Raimi).

Pero entremos ya a analizar ligeramente el guión de Abierto hasta el amanecer, sin duda uno de los puntos fuertes, tal y como yo lo veo, de la película. El film tiene, como ya se ha dicho, dos partes perfectamente diferenciadas, y que se complementan muy bien entre sí. En el primer tramo asistimos a las andanzas de los hermanos Gecko (encarnados por un George Clooney que daba el salto desde la serie televisiva "Urgencias" –"E.R." en Estados Unidos– a la gran pantalla y por el propio Tarantino) a través de los parajes desérticos de Texas donde llevan a cabo sus fechorías. Al mismo tiempo, Tarantino nos presenta a la familia que comanda Jacob Fuller (¿hace falta recalcar el cinematográfico apellido de este personaje?), papel compuesto por un, como siempre, excelente Harvey Keitel, y dicha familia está formada por él y sus dos hijos (encarnados por Juliette Lewis y Ernest Liu). El padre ha iniciado una especie de retiro espiritual que se verá violentado por la intrusión de la pareja de delincuentes, que secuestrarán a la familia y la obligarán a seguirles en su huida hacia Mexico. En todo este periplo inicial Tarantino sigue su habitual táctica de presentación de personajes a través de diálogos chispeantes (y llenos de expresiones malsonantes) que añaden una cierta densidad a los caracteres. En el segundo bloque, que tiene lugar en el local de carretera Titty Twister (“La teta enroscada”), los Gecko y sus secuestrados hacen una parada nocturna antes de dirigirse al lugar de retiro donde piensan vivir a partir de entonces, que no es otro que la localidad de El Rey (claro guiño a la novela de Jim Thompson “La huida”, en la que se basó la película homónima de Sam Peckinpah: El Rey era el sitio al que la pareja protagonista del libro se dirigía tras cruzar la frontera, si bien no resultaba precisamente un paraíso para los delincuentes). Pero el bar oculta, en realidad, una guarida de vampiros y otras fuerzas demoníacas...

Tarantino demuestra de nuevo, además de su vena cinéfila, su innegable capacidad de combinación y subversión de los géneros cinematográficos. Lo que empieza como una road movie de criminales fronterizos con ribetes de spaghetti-western acaba como un auténtico baño de sangre en el más puro estilo gore del Peter Jackson de los comienzos (el de películas como Braindead/íd., 1992). Sin embargo, hay algo que hace a Abierto hasta el amanecer superior a esta clase de películas, y es el sentido del humor que recorre toda la cinta. Desde la anécdota inicial en la licorería (atentos a la fotografía de archivo de su fallecido dueño que sale en el tronchante informativo que emiten por televisión...) hasta las peleas vampíricas (obsérvese cómo Tarantino va haciendo pausas en la acción para el diálogo, evitando siempre la confusión), todo el film está tamizado por un gamberrismo que en ocasiones raya con la más pura inmoralidad (cf. Clooney acabando con la vida de su hermano; Harvey Keitel instando a su familia a que le liquide en cuanto se haya convertido en vampiro...). Además, está el hecho de dejar, una vez más, al espectador sin referentes claros a los que agarrarse, ya que le obliga a identificarse con unos personajes secundarios (los clientes del bar que sobreviven) que, de sopetón, se tornan protagonistas absolutos de la sangrienta función. Y es que el retorcido sentido del humor es lo único que justifica una parte final absolutamente desmadrada y, desde luego, no apta para todas las sensibilidades (ni para todos los estómagos).

Tarantino nunca cae en el juego de los típicos films de terror que van haciendo morir a sus personajes de modo mecánico... Abierto hasta el amanecer va de sorpresa en sorpresa. Todo puede ocurrir en esta cinta. Entrando en la labor de realización, resulta totalmente coherente con el guión. Las atmósferas desérticas, rojizas, del arranque; la posterior llegada a la frontera mexicana (tremenda la secuencia de la inspección de camioneta en la aduana); y el ambiente nocturno del Titty Twister están perfectamente recreados por... ¿Rodriguez? En fin, resulta difícil creer que, teniendo a Tarantino en el lugar del rodaje, éste no haya metido mano en la realización. De hecho hay un plano ya mítico en sus películas, como es el de la apertura del maletero del coche con la cámara situada desde el interior, que se vuelve a ver aquí. Y si uno rastrea el film encuentra más tics de Rodriguez en el montaje que en la propia puesta en escena y en el guión, a excepción de detalles tan estúpidos como esa especie de cinturón-pistola-genital que, recordemos, ya salía en un momento de Desperado (íd., 1994), película hueca y pirotécnica hasta el aburrimiento.

Abierto hasta el amanecer es, voy concluyendo, una obra pensada para el disfrute del espectador más propenso a los excesos salvajes pero, también, para el goce de los propios responsables del film. Uno nota perfectamente que los intérpretes se divierten de lo lindo con sus papeles y eso contagia a las imágenes de la película. La labor fotográfica y la de diseño de producción son magníficas, y los efectos especiales están perfectamente ajustados a las necesidades de la historia. La selección musical también es notable (¿otra herencia tarantiniana?), con mención especial para el grupo Tito & Tarantula, que aparecen actuando en el bar con su excepcional rock sureño. Una película que debe verse, insisto, con sentido del humor, aun cuando su frivolización de la violencia pueda resultar peligrosa. La verdad es que ese y no otro me parece el punto más discutible de este film y del “universo Tarantino” en general. La “violencia divertida” ha malacostumbrado al público de modo alarmante. Un servidor ha podido comprobar esto en varias ocasiones, como en la secuencia de la muerte del personaje de Woody Harrelson en La delgada línea roja (The Thin Red Line, 1998. Terrence Malick), incomprensiblemente reída por una parte del público asistente, o, por poner un ejemplo mucho más reciente, durante la proyección de la fallida (pero en absoluto graciosa) Deathwatch (íd., 2003. Michael J. Basset). Sin embargo, no estoy del todo seguro de que la responsabilidad de esta inmoral falta de escrúpulos ante la violencia en pantalla sea íntegramente de un director que también ha sabido eludirla en muchas ocasiones, y que combina el humor con la turbación en dichas situaciones.

Nota: La película tiene, por el momento, dos secuelas oficiales. La primera fue dirigida por Scott Spiegel, viejo amigo de Tarantino, y firmante del guión de El principiante (The Rookie, 1990. Clint Eastwood), contando con el protagonismo de Robert Patrick. La tercera parte, firmada por P. J. Pesce, fue subtitulada como La hija del verdugo y tiene lugar durante el México de la revolución.