Estudio Robert Rodríguez. A favor  
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Por Manuel Ortega
Miradas de Cine © 2002-2003

Nunca he sido un defensor de Robert Rodríguez. Ni lo he sido ni probablemente lo seré. Tendrían que cambiar mucho las cosas, Robert Rodríguez o yo. Y creo que a estas alturas del partido es muy difícil una remontada por cualquiera de las 3 partes. Pero con todo y con eso su cine me parece tan válido como el que se hace con la condición y convicción de saber hasta donde se puede llegar, de vislumbrar un sentido único y notorio que no es otro que el de recuperar los géneros cinematográficos pasándolos por la turmix de las nuevas tecnologías y del conocimiento de las historia y de la delimitación genérica. Es por eso que aunque nunca me lanzo a sus películas la primera semana de exhibición, al final, comparándolas con otras lindezas más entupidas o más “inteligentes”, acabo decidiéndome por pasar un rato agradable y no exento de encanto e interés, con un director que parece que tiene muy claro lo que busca y como encontrarlo, ya sea sólo o en compañía de otros.

Pero parece que la independencia de Rodríguez ha ido cambiando la apreciación que de él se tenía. Ya no es ese chico simpático que se ofreció a la universidad como cobaya para nuevas investigaciones médicas para hacer su primera película con el dinero que nos podemos gastar en un fin de semana de farra, ahora es un niñato mimado e infantiloide con más de 30 años y cuya megalomanía e independencia hace levantar unas críticas que se dirigen más hacia la persona que hacia el cineasta. Porque a veces los directores, guionistas, maquilladores frustrados que se esconden tras algunos de los críticos se arrogan el derecho a juzgar de manera más dura a los que se han ganado el derecho a hacer cine por sí mismo y empezando desde el arroyo. Es algo en lo que se puede caer con facilidad y que el ser humano que no consigue lo que pretende suele culpar a quien lo consigue desde su misma situación, no al que maneja los hilos y los sueños de cada cual. ¿A qué parece que estoy hablando de Amenabar?

Pues eso, Rodríguez es un ejemplo de superación, paradigma de una manera laboriosa y tenaz para llegar a la nada para muchos, a un cine más que correcto para otros, a un fenomenal exponente del cine nacido en los noventa para muy pocos. Yo por una vez seré moderado y me situaré en el segundo grupo y allí me quedaré a la espera de que siga estrenando periódicamente.

Pero no creo que a nadie se le pasara por la cabeza, allá por 1992, el quedarse sin ver la película de la que todos hablaban. Una película que había costado solamente 7000 dólares y que venía precedida por cierto prestigio y algún premio en Sundance (cuando te podías fiar de lo que salía de ese evento). Luego cuando la veías te preguntabas cuales eran la clave del éxito de este torpe y descarado ejercicio, deudor hasta los tribunales de Sergio Leone y, tras la sorpresa inicial del planteamiento y las hechuras, cansino, monótono y vacío. Coescrita por el protagonista Carlos Gallardo que a la vez fue compañero de universidad y de movidas experimentales con la ciencia y del que poco más se supo.

Pocas veces una secuela ha sido tan diferente a su predecesora en presupuesto, elenco y acabado final como lo es Desperado de El mariachi, quizá la película más odiada para todos los que esperaban un director indie, un nuevo Tarantino, un artista torturado y profundo. Pues no, Robert Rodríguez demostraba que su ingenio y sus formas no escondían nada más que falta de medios, porque si en lo citado arriba había una gran diferencia entre su primera y su segunda película, en intenciones y en el fondo de su discurso coincidían plenamente. Y quizá más clara aún que en la primera empezamos a divisar la autoría de Rodríguez y sus características más identificativas: estética videoclipera, colorido, humor fácil, comic, violencia, contradicciones ideológicas, acción percutante, enfrentamientos constantes entre personajes…. Esto es, un cúmulo de virtudes (o defectos) de difícil defensa racional pero con una hábil capacidad de conexión y divertimento. Desperado es el libro de estilo, la más meridiana declaración de intenciones de Rodríguez (en mi opinión más que El mariachi), la mayor puya a Redford en su estética, pero en el fondo una muestra de estilo indie en su ética del hacer algo por encima de estudios, majors y mierdas. Lo que creo que quería el señor Sundace Kid

Luego llego el éxito con las películas más característica de Rodríguez para casi todos sus fans….y la más impersonal según este humilde cronista que dista mucho de ser fan. Abierto hasta el amanecer es un divertimento que se reparten a medias director y guionista, Rodríguez y Tarantino, ¿por este orden? Un divertimento que les debió divertir mucho a ellos, pero que no pasa de ser una mera nuestra de que el agua y el aceite se estropea mutuamente. La primera parte queda para Tarantino y su verborreica manera de llevar el argumento, su thriller bañado de road movie con diálogos imposibles, con sus chistes intercalados y, por que no decirlo, una estética visual muy cercana a la del niño prodigio del video club. Luego llega Salma Hayek con la serpiente y casi nos olvidamos de la peli. Se pega su baile, la temperatura sube y cuando finaliza, empieza Rodríguez. Y la película de carretera se convierte en la visión de nuestro director del género de terror. Sangre y más sangre, muertes espectaculares y un tempo alargado hasta la exasperación. Cuando matan a Salma Hayek uno ya sabe que no habrá nada más que recordar de una película, tan irregular como aburrida, tan sorprendente como ineficaz, vacua y artificial.

Su paso por la desafortunadísima Four rooms la resolvió con solvencia y con el único sketch merecedor de una mínima consideración. La historia de esos 2 niños insoportables con un peligroso padre compuesto por el cada vez más gesticulante Antonio Banderas, además de servir como antecedente claro de Spy kids, pone un poco de acción ante el tedio insoportable de las nimiedades de Rockwell y Anders y el exhibicionista “deja vù” hitchcokiano de Tarantino. Pero no pasaba de ser un oasis de agua hirviendo en un desierto descorazonador.

¿Y recuerdan a aquel guionista que seguramente se hizo de oro y que revistas como Fotogramas se dedicó a santificar? ¿No era Kevin Williamson un bluff con algo de suerte y un buen lanzamiento? ¿Alguien sabe si tiene algún proyecto en manos Andres Kevin Waller? Un libreto del guionista de Scream sirvió para que Rodríguez hiciera su película más divertida e incorrecta. Una especie de remake de La invasión de los ladrones de cuerpo (Invasion of the body sbatcher, Don Siegel, 1956) pero llevado a la estupidizante universidad norteamericana. En un tiempo de versiones de clásicos para descerebrados (Crueles intenciones, Alguien como tú, 10 razones para odiarte o Menos es más -1-) The faculty se erige en un monumento a la mala baba sobre todo por la manera de rodarla de Rodríguez con todo el desprecio hacia unos niñatos que sólo encuentran el camino de la verdad mediante la cocaína. Un elenco de rutilantes estrellas juveniles y la presencia de grandes de la interpretación como Bebe Neuwirth o Robert Patrick dan a este filme la calidad que atesora y la riqueza de lo que sugiere.

Después de 3 años dedicándose a supervisar las dos demenciales secuelas de Abierto hasta el amanecer, volvió como director con Spy kids. Spy Kids es su película más completa y más adulta, lo que no deja de ser paradójico al tratarse de una obra dirigida a lo más pequeños de la casa. Pero lo hace sin olvidar ambas cualidades que le caracterizaba, el carácter lúdico, visual y narrativo hasta las últimas consecuencias y, sobre todo, la incorrección que lleva consigo una afilada ironía patente en las relaciones familiares de los protagonistas y en matices relacionados con los gadgets, con el cambio en la educación del ejercito infantil (geniales las imágenes televisivas finales) y con el programa televisivo que presenta Fegan Flops/Alan Cummings, meridiana pero reconocible alusión a ese ininteligible y feliz mundo donde habitan los Teletubbies.

Además con esta película se confirman una cosa buena y otra cosa mala (o viceversa, según se mire) que ya intuíamos del hispano de oro de Hollywood. La primera, que es la positiva para mí, es que es uno de los narradores mejor dotados del cine actual, con un estilo agresivo, vigoroso y espectacular. La otra, la negativa para el que firma, es su incapacidad o su nula disposición para intentar llegar un poco más lejos, para contarnos algo sobre nosotros, algo que nos haga crecer o envejecer en la sala. Su cine es divertido y adrenalínico, pero infantil o macarra que casi es lo mismo. Esto lo separa de los grandes narradores como Aldrich, Fleisher o Siegel, comprometidos en el mejor sentido de la palabra, pero con los que sin embargo comparte el gusto por contar y contar bien.

Este año puede que se estrenen 3 películas de Rodríguez. La primera Spy kids2 ya la hemos visto, y sin dejar de resultar simpática y entretenida, es un paso atrás en todos los aspectos respecto a la primera entrega. Lo que nos queda por ver son la tercera parte de ésta y la tercera parte de El mariachi, recibida con frialdad allá donde se haya estrenado. Pero lo dicho, estaremos a la espera sorteando las carteleras donde Michael Bay o Manoel de Oliveira habiten

(1) Cruel intentions, Roger Kumble, 1999; She’s all that, Robert Iscove, 1999; 10 things I hate about you, Gil Junger, 1999; Id, Pascal Jorgen, 2000.