| DESPERADO (Desperado, 1995) |
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Mariachi totalUna secuela poco convencionalEn el verano de 1996 tuve la suerte de acudir en un cine de Sunset Boulevard en Los Angeles a la premiere de Desperado, un film, del que desconocía absolutamente todo, excepto, claro, al protagonista de la cinta, Antonio Banderas, algo que seguramente sólo me ocurría a mi, pues hasta la fecha, el bueno de Antonio, siempre mejor actor que un hombre hábil en escoger títulos con un mínimo de calidad –cf: Nunca hables con extraños, White river kid, Jugando a tope, The body, Original sin, Enemigos: Ecks contra Sever, Imagining Argentina… (1)– sólo había participado cómo secundario en películas cómo Philadelphia (Ídem, 1993. Johnatan Demme), Miami (Miami Rhapsody, 1995, David Frankel) o Entrevista con un vampiro (Interview with the vampire, 1994. Neil Jordan). Cómo digo, uno que es muy calmado e introvertido en una sala de cine, me quedé de piedra al comprobar la algarabía y el furor que se desataba en la sala, cada vez que El Mariachi (Banderas) soltaba sus armas contra los hombres de Bucho (Joaquim de Almeida) con continuas ovaciones del público. Este hecho, aún ahora, no me deja de sorprender, pues representa de manera bastante fidedigna, la extraordinaria química que se había establecido entre un grupo de cineastas del mundo independiente de Hollywood, con Quentin Tarantino a la cabeza, y un público norteamericano, que reconocía en esa camaradería metacinematográfica, un ávido y regocijante disfrute, parejo, para que se me entienda, al que por las mismas fechas, los ciudadanos españoles empezaban a sentir por el nuevo cine español de la mano de realizadores cómo Alex de la Iglesia, Alejandro Amenábar, Juanma Bajo Ulloa o Santiago Segura, entre otros. Por supuesto, le faltó tiempo al público norteamericano (y al español) para dar la espalda a este nuevo grupo de cineastas, tras los pinchazos de obras cómo la incomprendida Four Rooms (Ídem,1995. Robert Rodriguez, Quentin Tarantino, Allison Anders y Alexandre Rockwell) o la brillante Jackie Brown (Ídem,1997. Quentin Tarantino), relegando al dúo Tarantino-Rodriguez a un segundo plano, mientras coetáneos suyos con un cuarto del talento del realizador de Reservoir Dogs (Ídem, 1992) se dedicaban a realizar uno y otro films de estética tarantiniana, macahacando con la misma fórmula una y otra vez al público, hasta que consiguieron cansar al más fanático de las pulp movies. Es por eso que hoy, resulta complejo acercarse a un producto tan embrionario cómo lo fue en su día Desperado, una puesta de largo para el realizador texano Robert Rodriguez, actualizando y estilizando las formas de su primera cinta conocida, El Mariachi (Ídem, 1992), en un híbrido de secuela + remake, en un ejercicio muy parecido al que realizó Sam Raimi con el dúo Posesión infernal (The Evil Dead, 1981)-Terroríficamente muertos (Evil Dead 2, 1987). Vista hoy la trayectoria de Robert Rodriguez esté se descubre cómo un niño grande al que el tiempo no le ha restado un ápice de fantasía, y sin embargo, ha ido puliendo y curtiendo su estética cinematográfica, hasta el punto de llegar a ser un mago de las formas de serie B, cómo demuestra su reciente éxito con la saga Spy kids (Ídem, 2001). Rodriguez, y eso seguro que lo remarcan mis compañeros de redacción, adora sus obras hasta el punto de controlarlas hasta el más pequeño detalle, de ahí que su hambre cinéfila le convierta en un enfermo del nivel de los protagonistas de la Obra maestra (2000) de David Trueba, puesto que Rodriguez casi siempre firma sus films cómo: director, guionista, montador, productor, operador, realizador de sonido, director de fotografía, director de efectos especiales, director artístico y compositor. Desperado significó entrar en Hollywood por la puerta grande, y además, siendo abanderado del realizador de moda de la época, Quentin Tarantino, con el que compartiría dirección en Four rooms y guión en Abierto hasta el amanecer (From Dusk Till Dawn, 1996). En El Mariachi, el protagonista de la cinta, interpretado por el amigo de Rodriguez (que también puso dinero para financiar la cinta –2–), Carlos Gallardo, era confundido con un gángster apodado Azul y acaba tiroteado por las calles de un pueblucho mexicano, para al final de la cinta, perder a su amada y recibir un tremendo balazo en su mano por parte del villano del film, un gángster vestido en impoluto blanco llamado Moco. El film, con una estética desquiciada, repleta de picados y contrapicados de planos cortos, zooms frenéticos y multitud de carreras con cámara en mano traqueteando la imagen, simbolizan tanto la escasez de medios con la que disponía Rodriguez para la realizar la cinta, así como las increíbles ganas que poseía el realizador por hacer un film llamativo y espectacular, dentro de la marginada serie B norteamericana. Hoy en día una revisión de El Mariachi resulta más que simpática, incluso pese a las extravagantes escenas oníricas que el film posee en las pesadillas del protagonista. Sea cómo fuere, al final la cinta tuvo su repercusión, y le sirvió a Rodriguez para poner en marcha una versión mejorada de la propia cinta, que sirviera a la vez de secuela, y para ello, ya bajo la protección de Columbia contó con la presencia de su grupo humano habitual: Salma Hayek, Antonio Banderas, Cheech Marin, Danny Trejo y Carlos Gómez. Pim, pam, pum… todos muertosDesperado se abre con la visita a un bar de Buscemi (Steve Buscemi) bajo el "Six Blade Night" de los Dire Straits, donde se gana la atención del “selecto local” narrando la masacre en un bar de Zaragoza (Mexico) a cargo del «mexicano más grande que había visto en su vida…» presentación que dará paso a una ranchera interpretada por el nuevo Mariachi, en un local acompañado por sus camaradas Quino y Campa (al que da vida el original Mariachi, Carlos Gallardo) en lo que será otro de los sueños que atormentan a nuestro protagonista. Ya está abierto el film, a partir de aquí, Rodríguez pone en marcha todo su armamento cinefílico para deleitarnos con un baile de violencia coreografiada en forma de ballet, que incluyen tanto homenajes a Sergio Leone como a John Woo o, en último grado, a Sam Peckinpah. Las delirantes secuencias de acción, seguramente se acercan más a la estética de un Hard-boiled (Lashou Shentan, 1992. John Woo) a la mexicana, que a las ralentizaciones de los últimos Peckinpah, pero también incluye un catálogo de explosiones dignas de los peores realizadores de la serie El equipo A, y una socarronería muy digna del realizador de Pulp fiction (Ídem, 1994). Rodriguez maneja este nuevo juguete cómo mejor
sabe, que tampoco era mucho por la fecha, pero pese a todo, resta cómo
un buen divertimento con alguna que otra escena tronchante –la primera
matanza en el bar–, alguna que otra vergonzosa –esa ridícula
escena sexual de Banderas y Hayek– y unos fallos de raccord
que harían avergonzarse al propio Ed Wood (ojo al detalle del coito
entre Bucho y su prostituta, en el que ambos llevan la ropa interior puesta).
Su final feliz, con esa puerta abierta para que Once upon a time in
Mexico (2003) fuera posible, es la puerta que curtió a Rodriguez
en su primeros pasos en Hollywood, y que film a film fue mejorando, intentando
no envilecerse de los argumentos de la propia industria, manteniéndose
lo suficientemente alejado como para mantener ese cierto espíritu
independiente que incluso en films como The Faculty (Ídem,
1998) se sigue haciendo presente. |