| SPY KIDS 2 (Spy Kids 2, 2002) |
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Zoología fílmicaPosiblemente el hecho de que este mes dediquemos el habitual estudio de MdC a un realizador como Robert Rodriguez, indique más bien poco de la política de autores que podemos seguir (si es que tenemos alguna) en la revista. En una sección que ha albergado personalidades como Billy Wilder, Howard Hawks, Bertrand Tavernier, Stanley Kubrick, Roman Polanski o Orson Welles entre otros... ¿cómo encaja aquí un personaje que basa su filmografía en prácticamente dos trilogías, un film alimenticio y otro de encargo? Al margen de entrar en el funcionamiento interno de la revisa, que dudo que pueda interesar a nadie, vale decir que la elección tomada podría venir firmada por lo que ya comentan, tanto Jorge Mauro de Pedro en su artículo-estudio "en contra" de Robert Rodriguez: "Tomemos aire mientras las balas perdidas silban a nuestro alrededor y preparémonos para los dos meses Woody Allen con los que cerraremos temporada. Mientras, diviértanse con Rodríguez, pero no vayan a creer ni por un instante que alguien lo considera un autor de cine... acepten el guiño, lean las reseñas de las películas -donde predominará la ironía, ya les advierto- y no confundan nuestra necesidad de tratar temas de actualidad con la pasión por un cineasta que, francamente querida... nos importa un bledo"; cómo Manuel Ortega en su artículo-estudio "a favor": "Su cine es divertido y adrenalínico, pero infantil o macarra que casi es lo mismo. Esto lo separa de los grandes narradores como Aldrich, Fleisher o Siegel, comprometidos en el mejor sentido de la palabra, pero con los que sin embargo comparte el gusto por contar y contar bien". O lo que es lo mismo, entre la disparidad de criterios y filias nacidas en el seno de una revista, que a la contra de otras, permite el librepensamiento de sus redactores, pudiendo aupar tanto el último Oliveira cómo el último Hark (el último Von Trier o el último Gibson), no existe en esta una vía única de opinión si no una disparidad de opiniones que puedan dar pie a la más agria de las polémicas: ya sea a propósito de un western tan logrado como Open range (Ídem, 2003. Kevin Costner), como por la ensalada de chile picante que es ese western tex-mex llamado El mexicano (Once Upon a Time in México, 2003. Robert Rodriguez). Así, al margen de que unos se sientan más o menos fascinados por ese mundo artesanal y digital que crea Rodriguez en su rancho de Austin, hay que saber, de vez en cuando, aupar a todos estos outsiders de Hollywood, que como Kevin Smith o Tom DiCillo están creando una nueva Serie B alejada de los tortuosos caminos de las TV-movies, con un conjunto de películas irregulares pero, en ocasiones, sumamente atractivas, y que posiblemente les permita dar un salto posterior a primera división, siguiendo los pasos del hoy admirado Peter Jackson (personalmente, yo dudo que Rodriguez aceptase cambiar su habitual forma de escribir/rodar/montar sus películas). Así que puestos a citar a alguien, ¿por qué no coger a un rey del subgénero como Robert Rodriguez? ¿Por qué no podemos aceptar su socarronería imaginativa tanto como repudiamos su torpeza compositiva? Ya lo digo en el artículo de este estudio dedicado a Desperado (Ídem, 1995): Rodriguez es un niño grande con una cámara. Si Steven Spielberg fijó su cinefilia en los productos de aventuras, catástrofes y extraterrestres de los cincuenta y los sesenta, el realizador de Spy Kids 2 vuelca su cinefilia de género tanto en el propio Spielberg como en el actual Peter Jackson, y si además, se atreve a dibujar la historia como las rocambolescas orgías de tiros de Sergio Leone, mejor que mejor. Con la pasión de un Ed Wood de nuevo milenio y la megalomanía de un Welles falto de talento, Rodriguez corrompe las leyes básicas de la cinematografía para dar rienda suelta a su imperio imaginativo, más cercano a Port Aventura que a Hayao Miyazaki, y en el caso de Spy kids 2, más cercano a Aladdin, La bruja novata o al Ejército de las tinieblas que a Porco rosso, Parque Jurásico III o Las dos torres (1). Superior a su precuela, por la que siento una cierta indiferencia, aunque todo lo que he leído apunta a lo contrario, la verdad es que Spy kids 2, con todos sus chistes sin gracia –en especial los concernientes a la relación entre padres y abuelos– y su atropellado y horripilante clímax, me parece una manera de llevar al límite todos los aciertos de Spy kids, así como El mexicano me parece el devenir lógico –es decir: una potencialización de todos los caracteres sobresalientes de sus films precedentes– de todas las peripecias de El mariachi (Ídem, 1992), así como seguro Spy kids 3D (Ídem, 2003), será la rizada del rizo más esperpéntica (y atractiva) realizada en el cine desde que en la Pesadilla final: La muerte de Freddy (Freddy's dead. The Final Nightmare, 1991. Rachel Taalay) nos invitaba el actor del film a ponernos las gafas monocromáticas para revivir el espectáculo setentero de los volúmenes visuales. Spy Kids 2, que lleva como subtítulo La isla de los sueños perdidos, posee toda su gracia en el diseño de producción artesanal e independiente que impone Rodriguez a sus films, que sin disimular su dependencia de la escasez de medios, la suple con la versatilidad que le da crear mundos propios y extraños cómodamente en su ordenador personal. Esos mundos, extraídos tanto de las maquetas móviles y la stop-motion de Ray Harrihausen así como de la herencia, cinematográfica de los films realizados sobre el Dr.Moureau, plagados de figuras tan asombrosas como los dinosaurios de Spielberg, pero con un amor clásico más cercano a las producciones de Jack Arnold o Tod Browning, mezclados con un sentido del humor muy visual -está claro que el fuerte de Rodriguez no deviene en lo literario precisamente-, lleno de guiños cinéfilos (ojo al detalle de Juni rebuscando en el tesoro y encontrando la cabeza de oro por la que casi es aplastado por una gran roca rodante Indiana Jones en el prólogo de En busca del arca perdida / Raiders of the lost ark, 1981. Steven Spileberg), confieren el total interés de esta cinta para niños tan mayores como puede ser el propio Rodriguez (o el brillante crítico Àngel Sala, ferviente admirador de la obra de Rodriguez). Por eso cuando he vuelto a ver Spy kids 2 he intentado apartarme lo más posible de las luchas de celos entre los personajes jóvenes y cerrar los ojos y taparme los oídos cada vez que aparecen los Cortez en versión adulta (padres y abuelos), y dejarme simplemente llevar por las imágenes de las "serpientijas" luchando contra el "mono-araña", controladas por una isla en la que habita un nuevo Moureau con la cara de Steve Buscemi y un villano con la socarronería de Mike Judge, uno de los padres de la contracultura norteamericana de los noventa, creador de una de las series de animación más brutales de la historia de la televisión: Beavis & Butthead. Al final de la cinta hay un paso más en esta falta de mesura que tiene Rodriguez y pone una absurda actuación de Carmen y Juni como si de Britney Lopez y Angus Van Santana se trataran (sic)... otra muestra más de que el arroje de Rodriguez va bastantes cuerpos por delante de su talento. (1) Aladdin (Ídem, 1992. Ron Clements, John
Musker); La bruja novata (Bedknobs and Bromsticks, 1971. Robert
Stevenson); El ejército de las tinieblas (Army of Darkness,
1992. Sam Raimi); Porco Rosso (Kurenai no buta, 1992. Hayao Miyazaki);
Parque Jurásico III (Jurassic Park III, 2001. Joe Johnston);
Las dos torres (The Lord of the Rings. The Two Towers, 2002. Peter
Jackson). |