ALICE (Alice, 1990)  
Ficha
Top
Sumario
Por J.A. Souto Pacheco
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2003

Buscando el país de las maravillas

Situada justo después de Delitos y faltas, una de las mejores películas de Woody Allen, y precediendo al experimento fallido que supuso Sombras en la niebla , el director neoyorquino nos ofreció este film situado a medio camino entre el drama y la comedia costumbrista. Allen entraba en la década de los noventa dejando atrás, salvando honrosas excepciones, lo más representativo de su filmografía.

Si cada nueva película del director de Manhattan suele ser recibida con los brazos abiertos por buena parte de la crítica, no es menos cierto que cada vez podemos escuchar más voces que disienten en considerarlo como un referente del cine actual y que menosprecian sus últimos films en relación a los que realizó entre finales de los 70 y durante toda la década de los 80. En este sentido, parece que tras la ruptura de su matrimonio con Mia Farrow, Woody Allen ha optado por aligerar sus películas, por quitar trascendencia a sus argumentos y centrarse en la comedia más disparatada. Desde Misterioso asesinato en Manhattan (su primera película tras su escándalo con Mia Farrow) hasta Un final made in Hollywood , Allen ha realizado una serie de películas (exceptuando Desmontando a Harry y Celebrity) que, en cierto modo, regresan al espíritu con el que el realizador irrumpió en el mundo del cine. Ya no se trata de la acumulación de gags, del slapstick, de Bananas o El dormilón pero si de unos argumentos plagados de situaciones locas y surrealistas en los que Allen da rienda suelta al cómico que nunca ha dejado de ser. Probablemente este tono ligero de sus últimos films ha provocado un cierto distanciamiento de aquellos seguidores que Allen fue reclutando a partir de Annie Hall. No obstante, tengo la certeza de que sus últimos films se irán revalorizando a medida que pase el tiempo. A los títulos de esta última etapa citados hasta ahora, podemos añadir otros como Todos dicen I love you o Granujas a medio pelo que sin duda alguna están por encima de la media actual en cuanto a comedia se refiere.

Volviendo al film que nos ocupa, y visto desde la perspectiva que nos deja el paso de los años, podemos verlo como muestra representativa de un cine que Woody Allen hizo a medida de la que por entonces era su musa y/o como un claro ejemplo de esa etapa de transición que va desde Delitos y faltas hasta Misterioso asesinato en Manhattan . El argumento (inspirado en el de Giuletta de los espíritus de Federico Fellini) nos presenta a una mujer casada con un hombre rico de la alta burguesía de Manhattan que aparentemente es feliz. Buena madre, católica, admiradora de la Madre Teresa de Calcuta, con una cuenta corriente inagotable, madre de dos hijos modélicos, con profesores y masajistas particulares y amigas de su mismo entorno social, Alice ve como los días transcurren y echando algo en falta en su interior. Alice sufre de dolores de espalda y aconsejada por varias personas decide acudir a la consulta de un doctor oriental para explicar su problema, cambiando así el típico diván del psicoanalista de tantas películas de Allen por un sucio local de Chinatown. Unas hierbas que el doctor le receta para sus males serán el detonante de una serie de situaciones que provocarán un cambio radical en su vida. Lo esotérico como alternativa a lo freudiano, menuda vuelta de tuerca al universo de Woody Allen.

El film fascinante en algunos momentos y disperso en otras ocasiones va del drama a la comedia costumbrista pasando por el fantástico sin que la historia que Woody Allen nos cuenta se acabe resintiendo. Los trucos que Allen va introduciendo en la historia hacen que el desarrollo de la misma avance sin descanso y que los personajes evolucionen en la dirección que él quiere. De algún modo, la película es un regreso al terreno del cuento fantástico que bebe por igual de la fantasía y el romanticismo de La rosa púrpura del Cairo y de la mayor carga transcendente e introspectiva de Otra mujer. Tres películas y tres mujeres en busca de su propia identidad.

Alice es la contrapartida católica del judío Judah de Delitos y faltas, ambos atormentados por unos sentimientos de culpa que cargan a sus espaldas. Los temas que estas dos películas tratan son los mismos, pero en Alice están expuestos desde una visión mucho más ligera.

Alice puede volverse invisible (cosa que le sirve para descubir la doble vida de su marido o los cotilleos de sus amigas), hablar con su musa o con su primer novio (ya muerto), volar con él sobre Manhattan o regresar a la casa en la que se crió para poder ver a sus padres tal cual eran, siendo éstos una muestra de esos viajes en el tiempo en el que los personajes de Woody Allen buscan respuestas para el presente tan al estilo de Bergman (utilizados por el director también en Otra mujer , Delitos y faltas y Desmontando a Harry). A través de estos elementos fantásticos, Alice realiza un viaje en dirección opuesta a la que Cecilia tomaba en La rosa púrpura del Cairo . Cecilia soñaba con un romance y con el mundo lujoso que veía en el cine para poder huir del dolor de su cotidianidad; por su lado, Alice encuentra en las hierbas del doctor chino el vehículo que le permite conocer su propia esencia, muy alejada de la suntuosidad y la hipocresía que le rodea en las calles de Manhattan.

Woody Allen muestra un especial esmero en las escenas en que nos muestra la aventura amorosa de Alice. En diversas conversaciones entre la pareja, ésta se nos aparece reflejada en un espejo, detrás de unos barrotes, tras un cristal por el que caen gotas de agua o mojándose bajo la lluvia. Parece como si el director nos quisiera resaltar la imposibilidad de esta historia de amor y al mismo tiempo nos proporcionase una visión frágil y delicada de los personajes. En este sentido, no es casual tampoco, que Carlo di Palma haga de Alice (con un trabajo similar al que ya realizara en Septiembre) un film de luces suaves y tenues, acordes con la idiosincrasia del personaje principal. Nótese como en el epílogo del film, cuando ya Alice ha iniciado su nueva vida la fotografía del film pasa a ser más naturalista, muy cercana a la de cualquier noticiario televisivo.

Alice no es una obra redonda. La película resulta ser demasiado redundante en ocasiones, con escenas muy similares que se repiten, y con un desenlace un tanto forzado y poco ingenioso si lo comparamos con otros films del director. Allen no sabía muy bien como resolver la trama, siendo el final que el film posee el segundo que rodó, con una satisfecha Alice columpiando a sus hijos mientras escuchamos la voz en off de sus chismosas amigas. Sin embargo, el director de las gafas de pasta negra acaba ganando la partida por los buenos momentos que la película guarda y por el gran reparto en el que se respalda (Mia Farrow, William Hurt, Joe Mantegna, Alec Baldwin, Bernardette Peters o Civil Shepperd..., sin olvidar la aparición de Elle McPherson: ¡quien pudiera ser Joe Ruffalo!, el personaje de Mantenga).