| Woody Allen retratado |
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Ya he comentado alguna vez en algún texto la jugosísima experiencia que para mí representa el realizar los continuos estudios que realizamos en Miradas de Cine, al acercarme a la personalidad de un autor mediante, además, obviamente, de su filmografía, de todo aquello que pueda encontrar se ha escrito sobre él, o en algún caso, lo que el propio autor ha escrito, ya sea sobre su carrera cinematográfica, su biografía, sus teorías cinematográficas, literatura de ficción o poesía. Con Woody Allen la cosa se me ha antojado esta vez avasalladora, pues hay tanto material escrito sobre y por Woody, que realmente me ha sido imposible abarcar tanto material, con lo que no he podido simplemente elegir un libro sobre el realizador, si no entrar a comentar varios de los más interesantes a los que me he acercado. Así, reconociendo de antemano mi imprecisión, paso a desglosar los consiguientes textos consultados. El primer texto que conseguí leer sobre Woody Allen y que realmente me interesó, fue el editado en 1972 por el crítico Juan Carlos Rentero y que accedí mediante una reedición del 1980 en la que ya se comentaban todas las obras hasta Manhattan , que abría así su conocida colección como editor de libros de cine en la Editorial JC. El libro, titulado Woody Allen, contó el año pasado con una reedición en la que se añadía un comentario actual, 22 años después, en las que se analizaba con mucho menor rigor y de manera más fugaz, todas las obras hasta Un final made in Hollywood. Como puede suponer el lector, lo realmente interesante de este libro, son sus primeras 126 páginas, de las que se puede obtener una aproximación crítica a un realizador, que aún no se había convertido en el maestro reconocido hoy en día (a pesar de que ya había realizado tres de sus más interesantes obras: Annie Hall, Interiores y Manhattan), si no más bien como un cómico con inspiración e inquietudes intelectuales, bastante inesperadas para un artista que venía de la televisión y de los monólogos en los night clubs . Así es curioso leer la consideración de Rentero sobre la condición de autor de Allen: «Quizá sus próximas películas sean mucho más diáfanas en este aspecto. De momento resulta difícil decir que Woody Allen sea un autor. No sólo por que su obra es escasa, y eso condiciona el juicio, sino también porque a lo largo de la misma se ha distinguido por su irregularidad, los balbuceos nunca excesivamente definidos y las partes en que se ha dividido y subdividido su obra». Fijaros que ya con sólo sus primeras ocho películas el autor considera que la filmografía de Woody Allen está sometida a diversas etapas, error que incluso hoy en día cometemos y la entendemos con la poco acertada teoría, de que cada etapa responde a una etapa sentimental del propio autor (todo, como no, contaminado por su continua relación con la prensa amarilla y su condición de figura pública). El análisis de Rentero ya a posteriori resulta poco interesante, y responde más a la necesidad de volver a contemplar una obra de crítica, que a revisar conceptos y profundizar en estilo y estética. Rentero cita apropiadamente al Howard Hawks de Robin Wood, en el que el crítico, una vez hecha pública su homosexualidad realizó un nuevo análisis de toda su obra, muy por debajo del trabajo precedente. Algo parecido le pasa a Rentero que al volver sobre sus pasos, decide mantener intactos los, por lo menos curiosos, primeros textos, para luego hacer una lista escueta del restos de sus films y comentar su opinión, con lo que consigue la obra completa más incompleta que yo haya leído sobre Allen (obviando libros como Todo sobre Woody Allen de Pep Aixalà, ya comentado en esta sección de Miradas de Cine). El crítico y guionista (Darkness, Palabras encadenadas) Fernando de Felipe me comentó un día que la mejor manera de acertarse a un cineasta es a través de sus palabras, yo tomé nota, y desde entonces siempre persigo libros de entrevistas con los realizadores, que por desgracia, no siempre resultan igual de interesantes, tanto por que el crítico no sabe perseguir el interés del autor, como por que el cineasta se dedica a responder con enigmas o evasivas, por ser poco amigo de hablar de su cine, lo que es totalmente aceptable (ya sabéis que no es lo mismo leer a Tarantino que a Kitano, frente a la simpática verborrea del primero, el maestro japonés siempre responde de una manera mucho más simple y escueta). Con Woody Allen existen varios libros de entrevistas, de ellos, me gustaría señalar dos por su ambivalencia: El primero sería Woody por Allen realizada por el crítico y cineasta sueco Stig Björkman, y el segundo, sería el realizado por el nuevo director de contenidos de Cahiers du Cinema y reciente director de la sección cinematográfica del diario Le Monde , Jean Michel Frodon, titulado Conversaciones con Woody Allen. Ambos libros son fruto de las conversaciones que han tenido ambos críticos en diversas ocasiones con Woody Allen. Distan entre ellos diez años, el de Björkman está finalizado con el comentario sobre Misterioso asesinato en Manhattan y con un epílogo que consta (en la edición española) con una entrevista sobre Balas sobre Broadway a cargo de los hermanos David y Fernando Trueba (además de una entrevista colofón con Carlo diPalma y Jack Rollins, director de fotografía de Hannah y sus hermanas, Días de radio, Septiembre, Alice, Maridos y mujeres, Misterioso asesinato en Manhattan, Balas sobre Broadway, Poderosa afrodita, Todos dicen I love you y Desmontando a Harry, y productor de prácticamente todos los films de Allen, respectivamente), mientras que el de Frodon está fechado este mismo año. Pues bien, entre ambos, existe una diferencia abismal de contenidos, mientras el de Björkman resulta una imprescindible obra a la hora de conocer al cineasta (más incluso que la biografía escrita por Eric Lax, aún así, esta es mas recomendable que las memorias de Mia Farrow), el de Frodon, por lo general, es una obra casi sin profundidad, quizás debida en parte al gran tiempo que le dedica a sus últimos, y menos interesantes, films. El libro de Björkman está tratado como un proyecto que analiza cronológicamente todos sus films, mientras que el de Frodon resulta más bien una ensalada de temas, a los que el crítico ha reducido sus conversaciones, cortando y pegando allí donde le interesaba que estuvieran los comentarios respectivos. Ni punto de comparación. Frente al cómodo aprendizaje que resulta la lectura del primero, el segundo está más cerca de aparecer en el semanario dominical de cualquier periódico nacional. La causa de esto, no lo negaré, también puede deberse a las propias respuestas de Allen, bastante más interesante en cualquier comentario del de Björkman que varias páginas del libro de Frodon. Por último acabaré con una de mis debilidades: El monográfico que le dedicó la revista trimestral Nickel Odeon el pasado otoño. La revista que edita José Luis Garci y edita Juan Cobos, con todas las pegas que se le pueda poner a la hora de apreciar el estilo crítico de la misma, es para un servidor una de las aproximaciones más interesantes que realizo cuando me coincide un monográfico suyo con un director a estudio. Por supuesto, siempre preferiré los análisis y contenidos de la excelente e inmejorable revista Nosferatu , pero Nickel Odeon siempre posee la cualidad de hacerme reflexionar de una manera distinta a la crítica que estamos habituados a leer en la prensa mensual. Como digo, hay artículos peores y mejores, así como hay números enteros peores y mejores, pero en general, y más en particular el dedicado a Woody Allen (como el dedicado a Billy Wilder o, el más reciente, dedicado a la fotografía en el cine) es una obra muy interesante, que siempre consigue aportar datos o reflexiones originales (o nunca vistas) sobre cineastas tan “escritos” como Ray, Welles o Chaplin. El número dedicado a Allen es impagable ya desde la magnífica portada de José Ramón Sánchez. Estructurado en escritos abiertos sobre el cineasta, la habitual votación de lo mejor del realizador, el comentario de varias de sus películas (la eterna lista que siempre se queda corta), la filmografía y una bibliografía comentada del realizador (ejem). Como siempre, no hay comparación posible en los textos de Miguel Marías, Miguel Rubio o Eduardo Torres-Dulce, y lo peor lo encontramos, curiosamente, en el análisis del libro de Jean Michel Frodon Conversaciones con Woody Allen realizado a cargo de un poco inspirado Amando Pérez Beneyto (espero que no penséis lo mismo de este artículo en referencia a nuestro estudio de Allen). En fin, visiones románticas, intentando abarcar todo el inabarcable genio del maestro (valga la tontería), que hacen de la condena de ser cinéfilo, créanme, un verdadero placer. Bibliografía citada[1] Woody Allen. La biografía . Eric Lax. Ed. Columna. Barcelona, 1992. |