Un domingo en el campo (aproximación a una cierta ética
sexual)
No eran buenos tiempos los que corrían para Woody
Allen cuando se enfrentó al estreno de Comedia sexual de una
noche de verano. La película se había rodado y montado
entre la filmación y el montaje de Zelig (Ídem, 1983),
la película que lo reconciliaría con la crítica y
el público tras un difícil periplo que había empezado
con la recepción crítica de Interiores. Tras La última
noche de Boris Grushenko (Love and Death, 1975) Allen parecía
haber tocado techo artística y comercialmente al confeccionar un
gran éxito con la deliciosa Annie Hall (Ídem, 1977).
El realizador neoyorkino se había arriesgado ha hacer un film más
personal y la ecuación le salió perfecta. Pero, hay, Interiores
(Interiors, 1978) fue otro cantar. La respuesta del público
a esta obra embrionaria de Allen -no olvidemos que Annie Hall es
a Manhattan (Ídem, 1979) y a Hannah y sus hermanas
(Hannah and Her Sisters, 1986), lo que Interiores es a Septiembre
(September, 1987) y a Otra mujer (Another Woman, 1988)- fue
comúnmente negativa. Algo parecido a lo que sucedió en Recuerdos
(Stardust Memories, 1980), cambiando a Bergman por Fellini, e increpando
al director, al que identificaban con Sandy, el protagonista del film,
por "insultar" a la crítica y a su propio público.
Para el que esto escribe, tanto Interiores como Recuerdos son dos obras
magníficas, a las que el tiempo, una vez ha reposado la mayor parte
de la filmografía de Allen, parece haber puesto en su justo lugar.
Aún ahora Allen, se desquita de su condición de autor: "Hice
Interiores y Recuerdos y antes de que se estrenaran ya estaba
trabajando en otra cosa. La película podría ser un gran
éxito como Manhattan o Hannah y sus hermanas; a mi
me da igual. He intentado con todas mis fuerzas que mis películas
sean un no-acontecimiento. Sólo quiero trabajar, eso es todo. Sólo
quiero sacar la película para que la gente la vea. Sólo
quiero seguir esforzándome en hacerlas."(1)
Es curioso como de todas las reivindicaciones que se han
hecho de las obras más personales de Allen, aún queden por
mencionar películas como Comedia sexual de una noche de verano,
Broadway Danny Rose (Ídem, 1984) y September. El mismo
Juan Carlos Rentero despacha Comedia sexual.. de la siguiente forma: "Estamos
ante una película tópica y ñoña de las obsesiones
de Allen. Un triste homenaje a Shakespeare. La degeneración en
vodevil era la novedad más curiosa, pero lejos de entrever progresos
en su obra lo que daba la sensación era que estábamos en
el punto más negro y cerrado de su carrera" (2).
De hecho, en el mismo estreno del film la crítica norteamericana
dijo de ella que "Allen ha elaborado un drama personal interior
que el público sólo entiende a medias. ¿Resulta egoísta
desear que sus películas sean más divertidas? No lo creo,
pues se trataría de mejores películas" (3).
Hoy en día, con la comodidad de que el tiempo sustenta
tus opiniones, se puede afirmar sin mayor dilema el carácter alegre
e inteligente que respira Comedia sexual..., el primer Allen en
que las relaciones sentimentales pasaban de dos a tres parejas y que la
magia empezaba a ganar fuerza en sus historias (ya había algo de
magia en Recuerdos, aunque con un aspecto más onírico,
dada la complejidad del film, que se desarrolla prácticamente en
su totalidad en el interior de la mente del protagonista). El drama humano
es por eso bastante menos importante en esta comedia fresca y campestre
-algo realmente inusual en Allen, que ha ratificado miles de veces su
fobia al campo, de hecho, si algo le sobra a la cinta, son esos planos
intermedios en que se filma a patos y a búhos-, que juega a ser
una mezcla de la obra de Shakespeare La comedia de una noche de verano
y el film de Bergman Sonrisas de una noche de verano (Sommarnattens
leende, 1955), como tantas veces se ha dicho. Rodado en un solo escenario
(la casa se construyó expresamente para el film) y bastante campo
abierto -la mayoría de las escapadas buscando la infidelidad se
dirigen al río-, Comedia sexual de una noche de verano sigue
las peripecias de un grupo de (pseudo) intelectuales -un filósofo
(Jose Ferrer), un inventor (Andrew Hobbs), un médico (Tony Roberts)
y sus correspondientes parejas (Mia Farrow, Mary Steenburgen y Julie Hagerty,
respectivamente)- durante un día en el campo, en el que se las
apañarán para conquistar a las respectivas parejas de sus
amigos.
Con un tono desenfadado y algo alegórico la
cinta transcurre optimista, dibujando al habitual personaje de Allen (Andrew
Hobbs) como su habitual neurótico, obsesionado por haber perdido
la oportunidad de su vida junto a la que será la mujer de su cuñado
-de esta relación se extrae el mensaje más romántico
del film: que los momentos son efímeros y no tienen por que poder
repetirse a lo largo del tiempo-. La comedia viene dada tanto por los
ingeniosos inventos de Andrew, entre los que se halla una bola que visualiza
a los espíritus del bosque, la ninfomanía de la novia temporal
del doctor (4) o la presencia del mismo como ser
estrictamente racional, y pese a ello, tener las mismas tendencias infieles
que el resto de los no-letrados. El romanticismo vuelve a entrar de lleno
en el cine de Allen, sin tener el calado de Annie Hall y Manhattan,
de alguna manera, el amor en el campo de Allen es más efímero
que el amor del urbanita neoyorkino.
Primera colaboración con la que ya era su pareja,
la actriz Mia Farrow, en la que película que posiblemente aparece
más bella, bajo la magnífica -¿cómo si no
iba a ser?- fotografía del gran Gordon Willis. Farrow gana protagonismo
en la cinta como deseo sexual de todos los presentes en la casa y es el
verdadero motor romántico de la cinta, por más que Allen,
tal y como haría en el futuro con Hannah y sus hermanas, Balas
sobre Broadway (Bullets Over Broadway, 1994) (5),
Poderosa afrodita y Un final made in Hollywood (Hollywood's Ending,
2002), regrese a los brazos de su cónyuge. Si el encuentro con
Diane Keaton le había llevado ha hacer sus mejores películas,
fue a partir de su relación con Farrow que Allen entró en
su proceso de mayor creatividad, incluso cuando ya las cosas empezaron
a dejar de funcionar, y llegaron obras de la maestría de Delitos
y faltas (Crimes and Misdemeanors, 1989) y Maridos y mujeres
(Husbands and Wifes, 1992).
Comedia sexual de una noche de verano es al
optimismo y a las ganas de vida, lo que Septiembre al dolor y a
la desesperanza. Seguramente este "postre ligero" como lo definía
el propio Allen, no complazca ni a los devoradores de la comedia desenfrenada
ni al espectador ávido de dramas brechtolianos, es por ello, que
quizás aún el film no es recordado con el cariño
necesario que merece la obra de Allen. Hablando sobre amor y sexo, Andrew
dice: "Que son antónimos, de hecho, el sexo libera tensiones
mientras que el amor las produce". Siguiendo este particular
punto de vista, Comedia sexual... ofrece justo dicho retrato: Mientras
que la pareja enamorada de Andrew y su mujer no funciona en la cama, y
por lo tanto, son infelices, la desenfadada ninfomanía de la enfermera
y los habituales líos de faldas de el doctor los convierten en
personajes totalmente risueños... justo hasta que el doctor se
enamora y empieza a sufrir hasta llevarlo al intento de suicidio.
Es cierto que a partir de esta cinta llegarían
obras tan imprescindibles como Zelig y La rosa púrpura
de El Cairo (The Purple Rose of Cairo, 1985), con lo que Allen
empezaría a demostrar que su talento jamás había
desaparecido, el público (básicamente el europeo) a partir
de entonces decidió tener paciencia y saber disfrutar con cada
uno de los siguientes films del realizador de Manhattan. Y la historia
ya llega hasta hoy, curiosamente, la peor etapa de Allen como cineasta...
digo esto, aún sabiendo que igual dentro de diez años, me
tengo que tragar mis palabras.
(1) Woody por Allen. Stig Björkman. Ed. Plot.
Madrid, 1993
(2) Woody Allen. Juan Carlos Rentero. Ed. JC 5º
Edición. Madrid, 2002
(3) Extraído sin firma de Todo sobre Woody Allen.
Pep Aixalà. Ed. Oceano. Barcelona, 2001.
(4) Impagable el diálogo en el ajedrez en el que
el filósofo le cuestiona ciertas preguntas sobre su vida sexual.
(5) Se entiende que el papel de Woody Allen está
reflejado en la figura del actor John Cusack.
|