COMEDIA SEXUAL DE UNA NOCHE DE VERANO
(A Midsummer Night's Sex Commedy, 1982)
 
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Sumario
Por Alejandro G.Calvo
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2003

Un domingo en el campo (aproximación a una cierta ética sexual)

No eran buenos tiempos los que corrían para Woody Allen cuando se enfrentó al estreno de Comedia sexual de una noche de verano. La película se había rodado y montado entre la filmación y el montaje de Zelig (Ídem, 1983), la película que lo reconciliaría con la crítica y el público tras un difícil periplo que había empezado con la recepción crítica de Interiores. Tras La última noche de Boris Grushenko (Love and Death, 1975) Allen parecía haber tocado techo artística y comercialmente al confeccionar un gran éxito con la deliciosa Annie Hall (Ídem, 1977). El realizador neoyorkino se había arriesgado ha hacer un film más personal y la ecuación le salió perfecta. Pero, hay, Interiores (Interiors, 1978) fue otro cantar. La respuesta del público a esta obra embrionaria de Allen -no olvidemos que Annie Hall es a Manhattan (Ídem, 1979) y a Hannah y sus hermanas (Hannah and Her Sisters, 1986), lo que Interiores es a Septiembre (September, 1987) y a Otra mujer (Another Woman, 1988)- fue comúnmente negativa. Algo parecido a lo que sucedió en Recuerdos (Stardust Memories, 1980), cambiando a Bergman por Fellini, e increpando al director, al que identificaban con Sandy, el protagonista del film, por "insultar" a la crítica y a su propio público. Para el que esto escribe, tanto Interiores como Recuerdos son dos obras magníficas, a las que el tiempo, una vez ha reposado la mayor parte de la filmografía de Allen, parece haber puesto en su justo lugar. Aún ahora Allen, se desquita de su condición de autor: "Hice Interiores y Recuerdos y antes de que se estrenaran ya estaba trabajando en otra cosa. La película podría ser un gran éxito como Manhattan o Hannah y sus hermanas; a mi me da igual. He intentado con todas mis fuerzas que mis películas sean un no-acontecimiento. Sólo quiero trabajar, eso es todo. Sólo quiero sacar la película para que la gente la vea. Sólo quiero seguir esforzándome en hacerlas."(1)

Es curioso como de todas las reivindicaciones que se han hecho de las obras más personales de Allen, aún queden por mencionar películas como Comedia sexual de una noche de verano, Broadway Danny Rose (Ídem, 1984) y September. El mismo Juan Carlos Rentero despacha Comedia sexual.. de la siguiente forma: "Estamos ante una película tópica y ñoña de las obsesiones de Allen. Un triste homenaje a Shakespeare. La degeneración en vodevil era la novedad más curiosa, pero lejos de entrever progresos en su obra lo que daba la sensación era que estábamos en el punto más negro y cerrado de su carrera" (2). De hecho, en el mismo estreno del film la crítica norteamericana dijo de ella que "Allen ha elaborado un drama personal interior que el público sólo entiende a medias. ¿Resulta egoísta desear que sus películas sean más divertidas? No lo creo, pues se trataría de mejores películas" (3).

Hoy en día, con la comodidad de que el tiempo sustenta tus opiniones, se puede afirmar sin mayor dilema el carácter alegre e inteligente que respira Comedia sexual..., el primer Allen en que las relaciones sentimentales pasaban de dos a tres parejas y que la magia empezaba a ganar fuerza en sus historias (ya había algo de magia en Recuerdos, aunque con un aspecto más onírico, dada la complejidad del film, que se desarrolla prácticamente en su totalidad en el interior de la mente del protagonista). El drama humano es por eso bastante menos importante en esta comedia fresca y campestre -algo realmente inusual en Allen, que ha ratificado miles de veces su fobia al campo, de hecho, si algo le sobra a la cinta, son esos planos intermedios en que se filma a patos y a búhos-, que juega a ser una mezcla de la obra de Shakespeare La comedia de una noche de verano y el film de Bergman Sonrisas de una noche de verano (Sommarnattens leende, 1955), como tantas veces se ha dicho. Rodado en un solo escenario (la casa se construyó expresamente para el film) y bastante campo abierto -la mayoría de las escapadas buscando la infidelidad se dirigen al río-, Comedia sexual de una noche de verano sigue las peripecias de un grupo de (pseudo) intelectuales -un filósofo (Jose Ferrer), un inventor (Andrew Hobbs), un médico (Tony Roberts) y sus correspondientes parejas (Mia Farrow, Mary Steenburgen y Julie Hagerty, respectivamente)- durante un día en el campo, en el que se las apañarán para conquistar a las respectivas parejas de sus amigos.

Con un tono desenfadado y algo alegórico la cinta transcurre optimista, dibujando al habitual personaje de Allen (Andrew Hobbs) como su habitual neurótico, obsesionado por haber perdido la oportunidad de su vida junto a la que será la mujer de su cuñado -de esta relación se extrae el mensaje más romántico del film: que los momentos son efímeros y no tienen por que poder repetirse a lo largo del tiempo-. La comedia viene dada tanto por los ingeniosos inventos de Andrew, entre los que se halla una bola que visualiza a los espíritus del bosque, la ninfomanía de la novia temporal del doctor (4) o la presencia del mismo como ser estrictamente racional, y pese a ello, tener las mismas tendencias infieles que el resto de los no-letrados. El romanticismo vuelve a entrar de lleno en el cine de Allen, sin tener el calado de Annie Hall y Manhattan, de alguna manera, el amor en el campo de Allen es más efímero que el amor del urbanita neoyorkino.

Primera colaboración con la que ya era su pareja, la actriz Mia Farrow, en la que película que posiblemente aparece más bella, bajo la magnífica -¿cómo si no iba a ser?- fotografía del gran Gordon Willis. Farrow gana protagonismo en la cinta como deseo sexual de todos los presentes en la casa y es el verdadero motor romántico de la cinta, por más que Allen, tal y como haría en el futuro con Hannah y sus hermanas, Balas sobre Broadway (Bullets Over Broadway, 1994) (5), Poderosa afrodita y Un final made in Hollywood (Hollywood's Ending, 2002), regrese a los brazos de su cónyuge. Si el encuentro con Diane Keaton le había llevado ha hacer sus mejores películas, fue a partir de su relación con Farrow que Allen entró en su proceso de mayor creatividad, incluso cuando ya las cosas empezaron a dejar de funcionar, y llegaron obras de la maestría de Delitos y faltas (Crimes and Misdemeanors, 1989) y Maridos y mujeres (Husbands and Wifes, 1992).

Comedia sexual de una noche de verano es al optimismo y a las ganas de vida, lo que Septiembre al dolor y a la desesperanza. Seguramente este "postre ligero" como lo definía el propio Allen, no complazca ni a los devoradores de la comedia desenfrenada ni al espectador ávido de dramas brechtolianos, es por ello, que quizás aún el film no es recordado con el cariño necesario que merece la obra de Allen. Hablando sobre amor y sexo, Andrew dice: "Que son antónimos, de hecho, el sexo libera tensiones mientras que el amor las produce". Siguiendo este particular punto de vista, Comedia sexual... ofrece justo dicho retrato: Mientras que la pareja enamorada de Andrew y su mujer no funciona en la cama, y por lo tanto, son infelices, la desenfadada ninfomanía de la enfermera y los habituales líos de faldas de el doctor los convierten en personajes totalmente risueños... justo hasta que el doctor se enamora y empieza a sufrir hasta llevarlo al intento de suicidio.

Es cierto que a partir de esta cinta llegarían obras tan imprescindibles como Zelig y La rosa púrpura de El Cairo (The Purple Rose of Cairo, 1985), con lo que Allen empezaría a demostrar que su talento jamás había desaparecido, el público (básicamente el europeo) a partir de entonces decidió tener paciencia y saber disfrutar con cada uno de los siguientes films del realizador de Manhattan. Y la historia ya llega hasta hoy, curiosamente, la peor etapa de Allen como cineasta... digo esto, aún sabiendo que igual dentro de diez años, me tengo que tragar mis palabras.

(1) Woody por Allen. Stig Björkman. Ed. Plot. Madrid, 1993
(2) Woody Allen. Juan Carlos Rentero. Ed. JC 5º Edición. Madrid, 2002
(3) Extraído sin firma de Todo sobre Woody Allen. Pep Aixalà. Ed. Oceano. Barcelona, 2001.
(4) Impagable el diálogo en el ajedrez en el que el filósofo le cuestiona ciertas preguntas sobre su vida sexual.
(5) Se entiende que el papel de Woody Allen está reflejado en la figura del actor John Cusack.