DIAS DE RADIO (Radio Days, 1987)  
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Sumario
Por Jorge-Mauro de Pedro
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2003

Wild man jazz

«No hay papeles principales, ni siquiera una historia; es anecdótica y echa de menos una historia en la que apoyarse» WA, sobre Días de radio.

Comienzo con una reflexión espontánea, con un "¡ay!" que tengo metido en el pecho. Leo en los papeles (antes periódicos) algo que me descoloca: resulta que Woody Allen ha puesto precio a su "pisito" de Manhattan (na, pide unos 30 millones de euros... lo típico) y se ha decidido a escribir un libro con sus memorias en el que promete carnaza y basura maloliente... a quién esté –nuevamente– dispuesto a pagar una cantidad desorbitada por su publicación. ¿Todo hombre tiene un precio? ¿O simplemente se acerca la jubilación y Woody empieza a hacer números?

Y es que uno, viendo –por qué no– una película como Días de radio, donde entre otras cosas se hace una acertada reconstrucción de época, se andaba preguntando cómo era posible que las pelis de Allen costasen de media unos 20 millones de dólares (esta, concretamente, bajó de los 15). En una industria despilfarradora como la norteamericana, no salían las cuentas.

Parece que Allen –que siempre ha presumido de tener su siguiente película financiada antes de empezar– comienza a afrontar la cruda realidad, madurando a fuerza de golpes. Toca recoger premios, pasearse por los oscars, hacer unos cuantos chistes, aceptar palmaditas en la espalda, rodar en Barcelona o Asturias si alguien pone la pasta... porque hasta ahora, este director –recordémoslo– veía como la productora se limitaba a meter mano en su sueldo cuando se pasaba del presupuesto asignado. Allen cobraba como director, como guionista y cuando actuaba, como actor. ¿Qué cuál era su sueldo? El fijado por el sindicado. Ni más ni menos.

Apasionado por el jazz –estilo musical que impregna la mayoría de sus películas, abriéndolas y cerrándolas– y nostálgico de una época fácilmente asociable con su infancia y adolescencia, en Días de radio Allen conjuga ambos elementos ofreciéndonos una lúcida improvisación alrededor del transistor y su circunstancia.

Porque más que de la radio y de sus voces, rodeada siempre de esa magia y cercanía difusa, Allen nos describe a los de siempre: su atribulada familia, sus jóvenes compañeros y un barrio extraño (Rockaway Beach) con el genuino encanto de principios de los cuarenta.

Ese claro contraste entre dos mundos («el de las estrellas de la radio, ricas y famosas, y el de sus fieles y envidiosos oyentes, pertenecientes a la pobre y sufrida clase trabajadora judía» –1–) está relatado con la habitual pericia para el gag, remitiéndonos en algunos momentos a sus alocadas y primerizas Toma el dinero y corre (Take the Money and Run, 1969), Bananas (id., 1971) y compañía.

Días de radio –a pesar de la dura opinión que Allen tenga de la misma– funciona como cúmulo de estampas más o menos graciosas, engarzadas entre sí –cierto es– sin mucha hilazón. Se deja ver con una media sonrisa sostenida, da pie a alguna que otra carcajada sincera y nos permite -entre otras cosas- penetrar en el Radio City Music Hall (la catedral de la onda media), asistir en directo a segmentos verídicos de aquellos programas, aquella publicidad ingenua... en fin, un homenaje a la cultura popular muy similar al que hizo Jose Luis Sáenz de Heredia en sus Historias de la radio (1955) .

Allen, el más célebre constructor de aforismos del siglo XX, fue nuevamente nominado al mejor guión (recordemos que por aquél entonces ya tenía dos oscars ganados en este apartado), aunque el film no funcionó del todo bien (¿esperaba la gente algo distinto después de la excelente Hannah y sus hermanas (Hannah and Her Sisters, 1987)?).

«Yo soy un convencido de que el 75 por ciento de una película es el guión. Si le dabas un mal guión a Kurosawa, a Fellini o a Bergman, por más que fueran genios lo más probable es que hicieran una mala película. Si a un director mediocre le das un buen guión, probablemente va a hacer una gran película. Y si contratas a buenos actores teniendo un buen guión, aunque no tengas la menor idea de cómo se dirige una película, lo más probable es que las cosas te salgan bien» WA.

(1) "Woody Allen" de Jorge Fonte. Editorial Cátedra. Signo e Imagen / Cineastas.