| RECUERDOS (Stardust Memories, 1980) |
|
|
||||||||||||||||||
Cuando Allen es cita y referenciaNo descubro nada si comienzo recordando la admiración que siente Woody Allen hacia las figuras europeas que tradicionalmente se han erigido como los dioses cinematográficos del viejo continente. Allen jamás ha escondido su amor por el cine de Buñuel, Antonioni, Bergman o Fellini y siempre ha despachado con educación y poco más a los Vidor, Ford y compañía. Por ello Allen a lo largo de su carrera, ha intentado siempre combinar pequeños acercamientos a este tipo de cineastas con films narrativa y formalmente más europeos, es lo que muchas veces se ha despachado con el estúpido epíteto de “ seria ” en el caso de esos films más europeos y definir como “ comedias ” o “ de su estilo ” en los casos en que los que el director neoyorquino ha hecho un cine menos trascendente (en apariencia, por supuesto) o que a priori se acerca más a los límites de un género determinado respetando códigos y convenciones. En 1980, Woody Allen realiza este film. Pero es inevitable trazar, aunque sea brevemente, el recorrido que le ha llevado a él ya que Recuerdos no es más que la reflexión de Woody Allen sobre su propio cine. La tradicional división de la filmografía de Allen va encaminada de algún modo en lo que cuenta la película de 1980, cosa que confirma la validez de la división ya que el propio cineasta la asume (básicamente porque es evidente). Así tenemos un grupo de comedias que arrancan con Toma el dinero y corre y terminan con Annie Hall, film-puente que une un período y otro. En 1978 rueda Interiores, un film que le hermana de lleno con el Antonioni de La Noche y sigue hasta este film, Recuerdos. Así, en la fecha de realización Allen ha pasado de un extremo al otro, de la comedia de construida por y para el gag hasta el drama más duro, seco y reflexivo. ¿Qué conclusión saca el propio Allen de esto? La respuesta es Recuerdos. Demostrando la universalidad y por lo tanto genialidad de Federico Fellini, Allen coge el 8 ½ del maestro italiano y lo moldea hasta hacerlo encajar para si mismo, para su propio cine y para sus ideas al respecto de oficio de cineasta. Lo mismo que escribía Carlos Losilla en su brillante artículo para Dirigido Por… (nº 299) respecto al film de Fellini, sirve para el de Allen: «“Ocho y medio despliega esta disyuntiva básica en términos bastante drásticos: la voluntad de expresión contra la posibilidad de llevarla a cabo». Quizás la cinta de Fellini si que va encaminada en un sentido más global. Como dice la cita, trata sobre la (im)posibilidad de llevar a cabo un film por las limitaciones del propio lenguaje, en cambio, y aquí la gran diferencia, la película de Allen trata sobre él, sobre su carrera en concreto, sobre la imposibilidad de hacer los films que él quiere, una imposibilidad más por causas físicas (de productores, de falta de respaldo de público) que artísticas. Así, la película de Allen esta plagada de auto-citas, no son pocas las veces que la gente le recuerda que “ me gustan más tus películas cómicas ” o los productores le quieren cortar una película por “ ser demasiado intelectual ” o porque “ ya no tiene gracia” . De todos modos la opción de Allen no es clara, por un lado desprecia a ese público que nada más le ve como un contador de chistes (y no hace falta más que ver como los filma) pero también despacha con grandes dosis de mala leche aquellos que quieren ver más de lo que hay en el encuadre. Bajo ese juicio de valores, Allen tan solo hace caso a aquellos que ven el cine como medio de expresión personal, aquellos quienes respetan la opción de un autor a hacer las películas que le dicta el corazón caso del profesor y la violinista, los únicos que sienten un verdadero respeto por él…son los únicos que no le comentan nada acerca de sus films. ¿Qué se extrae de esto? Primero la anteriormente comentada reflexión sobre su propia carrera, que más allá de divisiones, en la medida de lo posible hará lo que quiera, en segundo término esta lo que Fellini retrató con maestría y que de nuevo adquiere otro matiz bajo el punto de vista de Allen, el oficio de hacer cine, la fama, las contradicciones, la incomprensión, el ver al cineasta como ser humano. ¿Qué demuestra? Que Allen es un cineasta con personalidad propia, la referencia felliniana que a priori puede parecer una enor me losa se queda en herramienta bien utilizada («no es un homenaje, es una copia» exclama en una de las proyecciones) y por lo tanto se diluye ante el talento del propio Allen, demostrando lo que jamás me cansaré de decir y parece que muchos olvidaron por el camino, el cine es un arte en si mismo y no hace falta recurrir constantemente a referencias de otros campos, pero para eso hay que quitarse los complejos de inferioridad que parece se que tienen cuando se habla de cine, siempre respaldados por la enorme ignorancia (y falta de ganas por subsanarla) que se tiene respecto al cine. |