SEPTIEMBRE (September, 1987)  
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Sumario
Por Javier Castro
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2003

La pieza que no termina de encajar

Me duele hablar mal de una película de mi director más admirado entre los que aun hacen cine (aunque ya no como antes, desde luego), pero seguramente “septiembre” sea la peor película de Woody Allen en su etapa dorada (para mi gusto, entre Annie Hall y Acordes y desacuerdos, aunque algunos la cerrarían en Desmontando a Harry). Y no porque sea realmente mala, pero al lado de sus obras maestras de este periodo poco hay que hacer. De cualquier manera, si lo comparamos con la obra de otros directores, podríamos decir que Septiembre es un “fracaso brillante”. Son famosos los problemas que tuvo durante el rodaje de la cinta. Tras rodar gran parte del film, sustituyó a algunos actores, como Maureen O´Sullivan, Sam Shepard o Christopher Walken y lo rodó de nuevo. Al tratarse de un drama, y con la mala fama que por entonces tenía Woody Allen en su país (a pesar de haber sido nominado a varios oscars con su anterior película, la genial Hannah y sus hermanas), fue un estrepitoso fracaso comercial.

Allen nos introduce en las raíces de la soledad, aunque sea en una casa llena de gente. La protagonista, Lane (interpretada por Mia Farrow), es una mujer depresiva, solitaria y con problemas económicos. Tras varios intentos de suicidio se ha ido a vivir al campo, a una antigua casa familiar. Tiene como inquilino a un escritor que busca tranquilidad para su novela. Uno de sus vecinos, un hombre maduro y viudo, está enamorado de ella, pero Lane cree tener futuro con el escritor. Este por su parte sólo se fija en una amiga de Lane, que está momentáneamente separada de su marido. Cuando están a punto de terminar las vacaciones y se acerca septiembre, llegan a la casa la madre de Lane y su actual marido. La tensión a la que se siente sometida Lane, centro de atención por sus problemas y catalizador de las relaciones entre los demás personajes, la hará replantearse nuevamente sus prioridades y su propia existencia.

Woody se ha jactado siempre de admirar a Ingmar Bergman(*), y esta admiración a dado lugar a varios intentos de recrear el mundo estético y la profundidad psicológica que imprime el maestro sueco. Sin duda, es en Interiores donde más cerca ha estado de emular a su admirado Bergman, pero no contento con ello volvió a intentarlo en este Septiembre con resultados muy inferiores. La película adolece de una excesiva ambición, unos diálogos afectados y pretenciosos, monólogos inverosímiles y caracteres demasiado extremos como para resultar creíbles. Las relaciones entre los personajes son forzadas, en el sentido de que no se justifican bien los sentimientos que prevalecen en ellas, siendo a veces demasiado inocentes, a veces enrevesados y complejos.

La película tiene un aspecto visual muy trabajado, especialmente en la fotografía de Carlo di Palma, donde las escenas de interior durante el apagón, rodadas casi a la luz de las velas, son de una enorme belleza plástica. Pero en general, durante toda la película hay una cierta tendencia al esteticismo y una cadencia tal vez demasiado preciosista y contemplativa para lo que cuenta, pero aunque no es la primera vez que hace esto, quizá sea en la que peor le ha quedado.

Para mi gusto Woody Allen es el cineasta más importante de las historia. Independientemente de que su cine no haya innovado, roto esquemas o inventado nuevo lenguaje fílmico, sus películas son el mejor retrato de la sociedad de fin de siglo XX, urbana, neurótica e insatisfecha que se puede legar a la posteridad. Dentro de 10.000 años, si es que aun existe este arte, su cine hablará de nuestra época de la misma manera que las pinturas de Altamira, los jeroglíficos egipcios, o la biblia de las suyas. Aunque haya directores como Ford, Hawks, Bergman, Welles o Hitchcock que han hecho mejores películas que Allen, su nivel medio en calidad, coherencia y profundidad es insuperable. Tal vez Septiembre no sea la película suya que se recuerde, pero como pieza en ese mosaico que es su obra, es una pieza que encaja y que se necesita para admirar el conjunto de la obra. La obra cumbre de finales del siglo XX.

(*) Cuenta Liv Ulmann, la gran actriz y directora que fue musa del maestro y ahora dirige sus guiones, que una vez les concertó una cita, y que en la cena apenas se dirigieron la palabra mientras ella intentaba meterles en la conversación. Ella pensaba que había sido un fracaso, pero luego ambos por separado se mostraron enormemente satisfechos y agradecidos por haber podido conocerse y estar un rato juntos. Seguro que Allen disfrutó más en esta cita que haciendo cualquiera de sus películas.