TODO LO QUE SIEMPRE QUISO SABER SOBRE...
(Everything you always wanted to know about sex * but..., 1972)
 
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Sumario
Por Sergio Vargas
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2003

Antología de parodias

El origen del pretencioso y llamativo título de la tercera película de Woody Allen, si obviamos el curioso experimento que supuso su debut, What´s up, Tiger Lily, hay que buscarlo en el bestseller del Dr.David Reuben, un libro de título homónimo en el que cada capítulo o sección venía encabezado por una determinada pregunta sobre algún aspecto de la sexualidad, en cuya respuesta se explayaba a continuación el citado doctor. No pudiendo decirse que se trate de una adaptación, lo que sí hizo Allen fue tomar prestado el título del libro, así como algunas de las preguntas que en él se hallaban, ejerciendo éstas a su vez de encabezamiento para los siete fragmentos en los que se divide el film. En cada uno de ellos, Allen origina divertidas situaciones en las que más que tratar de dar respuesta a estas preguntas lo que pretende es lo mismo que en la mayoría de sus primeras películas, hacer reír gracias a su humor absurdo construido en base a alocadas sucesiones de gags y parodias, que en ocasiones rozaban el surrealismo. De aquí, y no del carácter epísodico del film, es precisamente de donde proviene la irregularidad del mismo, ya que en el fondo, la mayor parte de las veces estos gags, no son sino meras payasadas, sin embargo hay que reconocerle a Allen su talento, pues a pesar de los altibajos el resultado final es una divertida comedia con algunos momentos brillantes.

El primero de los capítulos, ¿Surten efecto los afrodisíacos? , nos traslada a la Edad Media, con Allen transformado en el bufón de la corte, que, persuadido por el fantasma de su padre (secuencia que parodia claramente al Hamlet de Shakespeare, al que ya se alude en un monólogo previo), y con la ayuda del hechicero del reino, tratará de seducir a la mismísima Reina (Lynn Redgrave) mediante la ayuda de un brebaje afrodisíaco. Los celos del Rey (Anthony Quayle) terminarán originando una de las numerosas situaciones cómicas de la película. Este fragmento es uno de los cuatro en los que Allen interpreta además de dirigir, y quizá junto con el penúltimo, es en el que más aprovecha su capacidad cómica para los diálogos, dando rienda suelta a su labia habitual, en parte porque el propio personaje, un bufón, necesita ser gracioso de por sí. Por el contrario, la parte final del segmento, en la que Allen se esconde del Rey tras el Real vestido de la Reina, utiliza más el gag visual dignamente heredado de Charlot o los hermanos Marx, manteniéndolo con gracia y talento hasta el inevitable final. Desde el mismo principio cualquier espectador se da cuenta que no va a salir del cine sabiendo más de sexo que Lorena Berdún, pero sí que va a pasar un rato divertido.

En ¿Qué es sodomía? (aunque no soy ningún experto, creo que ¿Qué es zoofilia? hubiese sido un título bastante más apropiado), nos encontramos con una de las mejores ideas de la cinta, conteniendo alguno de los mejores gags, a pesar de que termina por resultar repetitiva. Gene Wilder es un doctor que un día recibe la visita de un pastor armenio enamorado de su oveja. Éste le pide encarecidamente que hable con ella, pues ha dejado de amarle. El Dr. Ross, que así se llama el personaje de Wilder, en principio se negará rotundamente… hasta que conoce a la tierna ovejita. A partir de aquí, nos encontraremos con un catálogo de escenas románticas con el doctor y la oveja como únicos protagonistas. Queda para la galería el final con el doctor sorprendido por su esposa y los periodistas en el lecho de amor con el pobre animal vestido con lencería fina.

El tercero de los fragmentos, ¿Por qué algunas mujeres tienen dificultad en alcanzar el orgasmo? nos presenta a Allen en el papel de Fabrizio, un italiano que no consigue que su pareja, Gina (Louise Lasser, con la que ya colaborase en Bananas ), disfrute en la cama. Tras hablar con un amigo sobre el tema y devanarse los sesos con el asunto, descubre de forma casual que la cama no es necesaria, pudiendo recurrir a lugares públicos, donde corran el riesgo de ser descubiertos in fraganti , que es lo que realmente excita a Gina. Aunque recuerda a la pareja de amantes de La edad de oro ( L´Àge d'or , de Luis Buñuel, 1930), la idea de Allen, que consintió finalmente en rodar este episodio en lugar del que estaba previsto sobre la masturbación, a petición de la propia Lasser, fue la de realizar una parodia de las películas italianas contemporáneas, para lo que decidió además rodarlo en italiano y luego colocar unos subtítulos. Finalmente, Allen quedó satisfecho con el resultado llegando a decir: «Simplemente me encanta. Parece una sátira sobre Bertolucci.», según reza en el interior del DVD de la película. A pesar de lograr plenamente su objetivo, éste es probablemente el peor de los segmentos, principalmente porque se aleja del estilo del resto, sustituyéndose el humor absurdo y los gags por la citada parodia, que necesita mucho más de la complicidad del espectador.

El siguiente episodio, ¿Son los travestis homosexuales?, un matrimonio visitará a los padres de su futuro yerno. Lou Jacobi, que interpreta al marido, sube hacia el baño, pero su verdadera intención es colarse en el dormitorio de sus anfitriones y probarse los modelitos de la dueña. Esta particular afición por usar bragas de encaje y faldas plisadas le meterá en un buen embrollo. De nuevo optando por el gag visual, esta vez sin la presencia de Allen, Jacobi se apropia completamente del fragmento, y su interpretación es sin duda uno de los highlights de la película. Impagable su desfile de modelos en el dormitorio, y con el traje completo (sombrero incluido) hablando con el guardia haciendose pasar por mujer. Dura el tiempo justo y la conclusión es verdaderamente perfecta. Para mí, junto con el último, el mejor de los siete episodios.

A continuación nos encontramos con una breve y eficaz parodia de los antiguos concursos de televisión, protagonizado por personajes del medio interpretándose a si mismos, que lleva por título ¿Qué son los pervertidos? Rodado en blanco y negro, recrea un estudio de televisión en el que se desarrolla un programa-concurso ficticio llamado ¿Cuál es mi perversión?. En él, los personajes van haciendo preguntas que puedan responderse con sí o no al concursante (que ganará dinero con cada respuesta negativa), tratando de adivinar la perversión de éste. La parodia de los concursos está bastante conseguida, con el presentador Jack Barry como maestro de ceremonias, aunque no es especialmente divertido. Eso sí, el desenlace hace gala de un surrealismo digno del mismísimo Buñuel antes citado, y la carcajada es inevitable ante el cuadro que nos presentan: El concursante, habiendo ganado el concurso, puede dar rienda suelta a su perversión. Éste, es atado a una silla, por una encuerada dominatriz, mientras su sufrida esposa, se arrodilla a su lado royendo un hueso, como si del perro de la familia se tratase.

En el penúltimo de los fragmentos que componen la película, el Allen actor toma de nuevo las riendas. Y una vez más el vehículo usado será la parodia, en esta ocasión de las películas de amenazas descomunales de serie-B, tipo El ataque de la mujer de 50 pies , o The Blob, aunque la amenaza que perseguirá a Allen y su compañera será una descomunal teta, producto de las investigaciones de un doctor chiflado (John Carradine) que realiza invesigaciones en el amplio campo del sexo. Con semejante argumento cabe esperar más de lo mismo, el humor absurdo que tan bien le funcionaba, partiendo de los extravagantes experimentos del científico, su criado jorobado, y coronándolo todo esta vez con la captura del “monstruo” con un sujetador no menos gigante.

El episodio que cierra la película es probablemente uno de los momentos más recordados de toda la filmografía de Woody Allen. En él, se reconstruye todo el proceso que tiene lugar desde la cita entre hombre y mujer hasta el esperado orgasmo, unas horas más tarde. Todo ello visto desde…¡¡¡el interior del órgano reproductor masculino!!! Éste, es representado como una enorme sala de mandos, parecida a la de cualquier nave vista en las películas de ciencia-ficción, donde Burt Reynolds y Tony Randall manejan el cotarro, y Allen es uno de los muchos espermatozoides que esperan filosofando en el enorme corredor, temiendo por su desconocido destino: ¿será la temida goma de látex o el ansiado óvulo?

Estos siete episodios construyen en poco más de hora y media una obra bastante representativa de la primera época de Allen, divertida, y en el fondo bastante inocente, a pesar de lo que prometían los títulos de algunos de los fragmentos.