EL NÚMERO UNO (What's up Tiger Lily?, 1966)  
Ficha
Top
Sumario
Por Joaquín Vallet Rodrigo
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2003

Woody Allen en pañales

A veces ocurre que los albores cinematográficos de un genio no despiertan las pasiones que suscitará su obra posterior. Sucedió con Stanley Kubrick y El beso del asesino (1955), con las primeras películas mudas de Alfred Hitchcock o, más recientemente, con el incomprendido Sydney (1995) de Paul Thomas Anderson. Empero, ello no quiere decir que dichos films sean impersonales o imperfectos. Por el contrario, en la mayoría de ocasiones plantean todas las constantes estilísticas que su responsable madurará (y sublimará) en sus siguientes piezas.

What´s up, Tiger Lily? , que quede claro, no es exactamente la ópera prima de Woody Allen (1), pero sí anuncia la incesante capacidad del cineasta para la creación de experimentos fílmicos tan sorprendentes como logrados: los soliloquios lanzados directamente al espectador de Annie Hall (1977), el falso documental Zelig (1983), la metaficción casi pirandelliana de Desmontando a Harry (1997), etc. todo ello de notables referencias a la Nouvelle Vague francesa en general y al cine de Godard en particular.

What´s up, Tiger Lily? es, sin duda, el más curioso de todos sus ensayos cinematográficos. Se trata de una propuesta sumamente chocante, pese a la aparente (muy aparente) intrascendencia de la misma: Woody Allen se limita a comprar los derechos de una vulgar película japonesa de espionaje (2) y doblarla con un nuevo guión, escrito por él mismo en colaboración con otros varios escritores, mutando por completo el sentido de cada frase y estableciendo un extraño (y divertidísimo) nexo de unión con la imagen.

Con ello, las intenciones del cineasta no son tan baladíes como, en un primer golpe de vista, podría parecer. Por el contrario queda más que patente que Woody Allen sabe de sobra lo que quiere ejemplificar. Primero: la destrucción de la obra artística o, mejor dicho, del artificio artístico. Nada es lo que parece en su conjunto global y la obra de arte es, únicamente, un ardid estético tan cambiante de significado, dependiendo de subjetividades, que llega a alcanzar la absoluta inexistencia. Que, para ello, Allen haya elegido una película mediocre es una muestra más de su rebeldía y heterodoxia.

Segundo: el cine es una quimera, un juego de espejos. Si Mia Farrow se introducía dentro de una película en la magistral La Rosa Púrpura de El Cairo (1985), demostrando que el Séptimo Arte es más poderoso (y, evidentemente, más bonito) que la vida, What´s up, Tiger Lily? reflexiona sobre la creación cinematográfica. ¿Quién es el verdadero creador de una película? ¿Quien da vida a los personajes protagonistas y secundarios en unos papeles secuenciados? ¿Quien traduce estos papeles en imágenes? ¿Ninguno de los dos? No olvidemos que la directriz básica tomada por el autor de Manhattan en este proyecto es transformar la sintaxis de una pieza ya realizada en algo, radicalmente, diferente. Dicho de otra forma, establecer dos niveles creativos diferentes. Por tanto, si ya hemos dicho que, para Allen, el cine es más poderoso que la vida, ¿acaso no podríamos llegar a la conclusión que el cineasta nos está interrogando sobre uno de sus temas preferidos: la existencia de Dios? No es, como podría parecer a simple vista, una idea descabellada o muy cogida por los pelos, si nos atenemos a la posterior filmografía del cineasta y vemos en ella un todo integrador.

Jean Renoir dijo que un director de cine sólo hacía una película a lo largo de su vida. Si esto es verdad (como, en el fondo, yo creo que sí es) What´s up, Tiger Lily? dice más de la filmografía de Woody Allen como, a priori, parece. Establece algunas de sus obsesiones e impone la particular visión del cineasta sobre el invento de los Lumière, no sin ofrecer al espectador la posibilidad de la reflexión. Un pequeño avance de las maravillas posteriores.

(1) Oficialmente, su primera película es Toma el dinero y corre realizada en 1969, es decir, tres años después de ésta.
(2) De las muchas que proliferaron en los años sesenta a raíz del éxito de la “saga Bond”. Incluso aquí en España, Antonio Isai-Isasmendi se atrevió con el género con la insólita y apreciable Estambul 65 , prueba evidente de la enorme importancia comercial de este tipo de films.