| HISTORIAS EXTRAORDINARIAS (Histories Extraordinaires, 1968) |
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Universos encontradosExiste un problema con las películas compuestas por episodios y es que, inevitablemente, son obras irregulares, piezas en las que se dan cita fragmentos de enorme calidad con otros menos logrados. Ejemplo paradigmático de ello es Historias extraordinarias que, intentando emular el éxito de los films de Roger Corman, adaptaba tres relatos de Edgar Allan Poe con desigual fortuna. La película en cuestión estaba compuesta por Metzengerstein, insufrible evidencia de la incapacidad cinematográfica de Roger Vadim (pese al protagonismo de una bellísima Jane Fonda); William Wilson, notable adaptación por parte de Louis Malle de una de las obras más complejas del escritor bostoniano; y la gran sorpresa, Tobby Dammit de Fellini. En efecto, Tobby Dammit es una sorpresa por varios motivos: primero, porque propone una marcada escisión en el conjunto global de Historias extraordinarias, al desvincularse estilísticamente de los episodios restantes (1); segundo porque, a diferencia de los anteriores, Never bet the devil your head es uno de los relatos "menores" de Edgar Allan Poe; y tercero, y sobretodo, porque para todo aquél que conozca, siquiera mínimamente, la obra de Poe y Fellini apenas verá conexión entre ambas y sí dos naturalezas diametralmente opuestas, sin un mínimo atisbo de comunión entre ambas. Entonces, ¿qué es lo que lleva a Fellini a adaptar una narración menor de Poe y, sobretodo, qué le conduce a intentar establecer, pese a las insalvables diferencias, un turbador nexo de unión entre la figura artística del escritor y la suya propia? La respuesta se encuentra en Fellini, Ocho y medio (Otto e mezzo, 1963). Vayamos por partes. Ante todo, y para dejar bien claras sus intenciones, Fellini cambia el título del cuento original: ya no se titula Nunca apuestes tu cabeza al diablo (2), si no Tobby Dammit. Asimismo, se desentiende del subtítulo con el que Poe redondeó sus intenciones satíricas, Cuento con moraleja. Ello desplaza toda la atención hacia el personaje interpretado (espléndidamente, por cierto) por Terence Stamp, dejando la anécdota argumental arrinconada en un segundo término. Asimismo, la profesión a la que este personaje se dedica es la de director de cine. Esta es la base con la que comienzan no las semejanzas, sino las subversiones entre este sugestivo cortometraje y Ocho y medio: en aquélla Marcello Mastroianni, era un cineasta en crisis que acudía a un balneario para intentar recuperarse de su maltrecho estado creativo y emocional; en esta Terence Stamp es, prácticamente, un muerto viviente al que nada ni nadie puede sanar. El balneario se metamorfosea en un aeropuerto, un festival de cine y, finalmente, unas calles fantasmales, oníricas, tenebristas, evidente proyección formal de la psique de Tobby Dammit. Asimismo, si Guido Andelmi(3) se veía implacablemente acosado por todas las personas que tenía a su alrededor e imposibilitado para alcanzar sus objetivos (terminar un guión, desinhibirse de todo y de todos, ), en clara alusión a la propia figura de Fellini, a su "incapacidad" para seguir con la trayectoria de sus obras anteriores (directamente relacionadas con el neorrealismo Las noches de Cabiria / La notte di Cabiria, 1957, por ejemplo), Tobby Dammit es la declaración de principios del Fellini post-Ocho y medio (4). Del Fellini poseído por los fantasmas interiores, desligándose del cine tradicional e integrándolo en su propia idiosincrasia; del, en palabras de Terenci Moix, «creador que se convierte en figura omnipotente, chamán y dictador a la vez» (5) . Tobby Dammit, en efecto, es la metonimia de su nueva manera de entender el cine: el laconismo del que el personaje hace gala, no es más que la representación de la extremada introversión que Fellini llevaría a cabo en sus posteriores obras; la Niña-Diablo , el enfrentamiento directo con sus propias obsesiones; la decapitación de Tobby, sencillamente, el cambio de rumbo hacia una obra personal, introspectiva, nada fácil de asimilar (véase El Satirición / Fellini-Satyricon, 1969 o Roma / Ídem, 1971 como modelos). De esta manera, Poe se convierte en la excusa perfecta para que Fellini reconsidere su figura en la cinematografía de los años sesenta. Lo que, en 1845, se concibió como una narración satírica y, en cierta manera, cínica sobre la libertad creadora de un escritor, se transmuta en un ejercicio de estilo tan extremadamente personal que llega a incomodar. Sin duda, nada mejor que el hermetismo de Poe para un desfile de angustias y alucinaciones, que nacen y perecen en sí mismas, dejando en el espectador la penetrante sensación de haber contemplado una obra maestra. (1) Es curioso señalar que Historias extraordinarias
es la última película colectiva en la que colaboró
Fellini. Curioso porque las dos anteriores, L´amore in città
(1953) y Boccaccio 70 (1962), son anteriores al gran punto de inflexión
en la obra de Fellini, Ocho y medio (1963), película que
marca un antes y un después en la filmografía del cineasta,
que propone un giro radical en su manera de concebir el cine y que, como
se verá a continuación, está inquietantemente relacionada
con Tobby Dammit. |