Y LA NAVE VA (E la nave va, 1983)  
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Sumario
Por J.A. Souto Pacheco
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2004

Federico Fellini, el iluisonista

El hilo conductor de Y la nave va es un personaje llamado Orlando que aparece ante las cámaras, y ante el espectador por tanto, como narrador de un extraño viaje por mar. A bordo del transatlántico “Gloria N.”, viajan amigos y admiradores de Edmea Tetua, una célebre cantante de ópera, con el fin de cumplir su postrero deseo: arrojar sus cenizas al mar frente a la apócrifa isla de Erimo. Partiendo desde sus compañeros belcantistas al archiduque austrohúngaro, el director italiano conforma un elenco de personajes variopinto, muy felliniano en definitiva. Las palabras de Orlando servirán para ir presentando a los personajes que pueblan tan pintoresca embarcación, involucrando al espectador en la convivencia de a bordo, en el día a día de los personajes. El narrador no permanece ajeno a la historia, más bien al contrario puesto en sus presencias ante la cámara filtra múltiples detalles y se inmiscuye en situaciones privadas de los invitados a este funeral.

La travesía del cortejo funerario no discurre por mares tranquilos. El marco en el que se produce el viaje es de alta tensión, previo al atentado de Sarajevo que supuso el detonante de la primera confrontación mundial. Ciertos entresijos de la lucha de poder se dejan ver en las estancias del barco y el fantasma de la guerra irrumpirá con la llegada al barco de unos refugiados serbios primero, y con la aparición (nunca mejor dicho) de un amenazante buque de guerra después.

Y la nave va, supone en la filmografía de Federico Fellini una especie de metáfora de su propio cine y la dibuja tal como él sabe, haciendo coexistir la realidad con lo fantástico. Es fácil observar que lo que Fellini nos quiere mostrar es el fin de una época. El esparcimiento de las cenizas de la diva operística se convierte así en una metáfora clara de la descomposición de un mundo al que Fellini mira con nostalgia. La ópera sería, en este sentido, la referencia o el marco conceptual. El arte total. De este modo, Fellini realiza el dibujo de un tiempo en el que la ópera podía ser sinónimo de exaltación artística y humana. Las composiciones de Verdi y Rossini son utilizadas de esta forma por el director italiano en esta cinta, y así son vividas por los personajes.

Fellini nos detiene en el tiempo para mirar con nostalgia el pasado del cine y la ópera. Partiendo del evocador cine mudo con el que comienza Y la nave va, teje un número de ilusionismo, lleno de magia y con formato de gran espectáculo. Pero Fellini no miente, y acaba revelándonos, como el ilusionista que ya no puede sacar conejos de su chistera, la tramoya de su último truco. Un homenaje al cine, a la ilusión, al arte de mentir, a un mundo propio que se acaba.

Este concepto operístico también empapa la coralidad de los personajes y la confección de los decorados (estos pueden verse como si se tratase de la tramoya escénica de una representación operística). Vistos desde un plano individual, los personajes están mostrados a través de la niebla de lo incierto, de la máscara carnavalesca, suspendidos entre lo grotesco y una extraña recreación de la realidad. Los personajes no evolucionan, están descritos desde lo poético, más definidos por su imagen que por su psicologismo. Es en su visión conjunta, en el elenco de personajes entendidos como coro operístico donde alcanzan toda su intensidad y definición. Los personajes deambulan por el barco viviendo situaciones a medio camino entre lo divertido y lo patético, colocados en un universo único y cerrado, presos -de algún modo- en una nave que viaja a un lugar mítico e irrecuperable. Por eso Fellini apuesta por un tratamiento visual artificioso y no trata de ocultarlo en ningún momento, sino que lo agudiza y remarca, siendo éste uno de los puentes fuertes de la cinta. En la retina del espectador quedan para siempre imágenes poderosas como la del concierto en la cocina, los ojos grises de la princesa ciega, la cubierta del barco iluminada por la luz azul de la luna y el rojo ardiente del sol, el esparcimiento de las cenizas de Edmea... La iluminación y el tratamiento del color que ofrece Giussepe Rotunno es fundamental en este aspecto.

En la nave conviven dos mundos. Uno de ellos es el de las divas y sopranos, el de los directores de orquesta y los aristócratas; el otro es el de las calderas, el de los trabajadores de la embarcación, el del rinoceronte y la suciedad. La unión de ambos mundos, propiciada por la llegada al navío de los refugiados serbios, provocará el caos final y de manera colateral el hundimiento del “Gloria N.”. Fellini confronta estos dos mundos, marcando la diferencia de estamentos y clases sociales, como ya lo hiciera en Ensayo de orquesta , provocando una colisión que comporta un final apocalíptico pero dejando una puerta abierta a la regeneración social. Una vez consumada la catástrofe, será el rinoceronte quien posea la llave de la salvación del narrador.

La película podría calificarse como una ópera bufa cinematográfica. El film arranca en blanco y negro como si se tratase de una película muda; la velocidad de las imágenes pasa a ser normal; aparece el sonido; después, el color; y finalmente, la nave inicia su viaje, al mismo tiempo que la trama comienza a desarrollarse. Al final de la película, se evidencia la ficción. Aparece el plató, los trucos empleados, los decorados, el equipo técnico. La moraleja es clara. Fellini apuesta por un regreso a los orígenes para asegurar la supervivencia del cine. Y la nave va es una parodia de la ópera y Fellini parece decirnos que el cine es una imitación del natural mucho más eficaz que el natural mismo.