| 1966 • UN HOMBRE Y UNA MUJER (Un homme et une femme, Claude Lelouch) |
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Cursilería mainstreamHollywood es un entorno muy sensible a modas, tendencias y cambios de estación, como toda industria dedicada al prêt-à-porter. Y co-partícipe en numerosos crímenes: causa eficiente de grandes bluffs considerados en su momento el "no va más" de la originalidad y que sometidos hoy a revisión causan vergüenza ajena (no hace falta ir tan lejos en el tiempo: repásense las listas más recientes de premios concedidos... la sonrisa inicial termina trocándose en mueca de horror, espanto lovecraftiano y rigor mortis propio de dráculas de la Hammer). Y los premios a la mejor película extranjera no iban a ser ninguna excepción en este gran carrusel. Hubo etapas en las que les dio por los japoneses (¿mala conciencia por tener seis años ocupado el país?), por las italianas (¿premio a un protectorado con más de un 90% de cuota de pantalla americana desde que la guerra les dejase sin aliento?) o incluso... por las españoladas disfrazadas de post-modernidad (eso va por Garci, Trueba y Almodóvar, por supuesto). Así pues, aceptemos los premios como la lotería que son. Érase que se era un señor llamado Claude Lelouch (director, productor, montador, guionista y también encargado de la fotografía en la presente), que alcanzó fama internacional con esta peliculita bastante olvidable. Una funesta predecesora de Love Story (id., 1970) disfrazada de producto de qualité made in France, donde un hombre y una mujer con algún que otro trauma se encontraban... y claro, pasaba lo que tenía que pasar. Viuda (Anouk Aimée) y viudo (Jean-Louis Trintignant) con profesiones muy cools, conociéndose poco a poco; gotas de lluvia rebotando contra los cristales de un coche deportivo, simbolismo adolescente, parabrisas secando lágrimas, borrando las heridas del pasado, limpiando el rostro y aclarando la vista. Intercalado todo esto con alguna que otra muestra de corriente de conciencia que, en lugar de terminar por perfilar los personajes, nos convencía de su enclenque sicología. ¿Dónde estaba la gracia? Créanme que yo todavía la estoy buscando. ¿En la pegadiza música de Francis Lai? ¿En la combinación perfectamente aleatoria del formato blanco y negro con el color? ¿En el magnetismo que desprendían los dos (sosos) personajes? ¿En los hijos de ambos vagando por una playa recién azotada por el temporal? Je ne se pa, je sui perdú... El caso es que este director lleva toda su vida viviendo de las rentas de Un homme et une femme. Como si de la franquicia de La pantera rosa se tratase, ha intentado repetir éxito una y otra vez, con títulos engañosos en pos del agotado filón: Un autre homme, une autre chace (1977), Un homme et une femme, 20 ans déjà (1986)... incluso en su reciente contribución al film 11 de septiembre (11' 09'' 01, 2002) volvía a incidir en el tema del amor com si com sa: la falta de comunicación, la desazón, el deseo por hacerse entender, por llegar al otro. En resumidas cuentas: esta es una de las primeras películas que me viene a la cabeza cuando trato de casar "cine francés" con "pretencioso". Una tontería que traumatizó a la generación de nuestras madres... ¿dirán algún día lo mismo nuestros hijos de Amelie (Le Fabuleux Destin d'Amélie Poulain, 2001) o Lost in Translation (id., 2003)? ¡Tiempo, que juez tan implacable! |