| 1988 • PELLE, EL CONQUISTADOR (Pelle erobreren, Bille August) |
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Despertar a la vidaLa novela en la que está basada la película fue escrita por Martín Andersen Nexo entre los años 1906 y 1910, en una época anterior a su militancia comunista. El autor estuvo exiliado de su Dinamarca natal en la República Democrática Alemana, país éste que le vio morir en el año 1954. Por esta magna obra ya se habían interesado cineastas como Dreyer, Polanski o Widerberg. Bille August se pudo hacer con los derechos de la novela aunque sólo pudo llevar a la pantalla el primero de los cuatro volúmenes por razones presupuestarias. La vida de un padre y un hijo suecos, que se ven obligados a exiliarse a Dinamarca, donde siempre son considerados como extranjeros, es la historia que cuenta Pelle, el conquistador. En Dinamarca, consiguen trabajo en una granja, donde viven en condiciones de esclavitud. Bajo este pesado yugo, la vida transcurre con nuevas experiencias para Pelle, con miserias y pobreza, con miedo y amores, con muertes y sueños. La historia de Pelle, el conquistador es un folletín dramático, desde el principio hasta el final de la trama podemos observar todas las caras de la tristeza y las miserias humanas. Una historia alargada en demasía para unos, y preciosista y estética para otros, de obra mediocre a mayestática. Donde acostumbra a existir unanimidad es en la apreciación del trabajo de los actores principales. Los dos actores son los verdaderos protagonistas del largometraje. Max von Sydow ofrece un trabajo con la eficacia y la solvencia que acostumbra. Pero es Pelle Hvenegaard quien se lleva la palma. El personaje de Pelle llena la pantalla, encarnando un personaje que parecía estar escrito para él ya que su madre tenía el libro de Andersen Nexo como referente vital, llegando a decidir que su hijo llevaría el mismo nombre del protagonista. El film se centra en las vivencias del niño, como tantas veces hemos visto en las típicas películas de iniciación y descubrimiento. No es una película innovadora, la sombra de Dickens y sus adaptaciones al cine planea en toda ella. Ofrece el interés de una correcta realización (August controla el material dramático y consigue una obra que emociona sin utilizar las trampas de la mayoría de los melodramas), apoyada sobre todo en una excelente fotografía (el envoltorio del film es casi perfecto gracias al buen hacer de Jorgen Perssoni), la música de Stean Nilsson y en el trabajo de los actores (que llenan de vida la pantalla, con una interpretación que afortunadamente nos aleja de la odiosa lágrima fácil). El paisaje, la excelente ambientación y el realismo físico de alguna de las escenas (como por ejemplo, la atractiva secuencia del rescate de los náufragos o la huida de Pelle por encima de un mar helado) conforman sólidos pilares en los que cimentar el interés del film. La perfecta fusión entre el hombre y la naturaleza, el paralelismo entre la grandiosidad de los paisajes y la dimensión de los sentimientos humanos (que llegan a abrazar grandes esperanzas con grandes desengaños, a amores con odios, o a dolores y humillaciones cotidianas con alegrías) se nos va desgranando poco a poco, con lentitud. August no toma un posicionamiento moralista, no entra en la crítica social facilona, sino que deja que la historia se cuente a sí misma, deja que las imágenes nos evoquen y nos sugieran aquello que no vemos. Podría parecer que quiere limpiar nuestra mirada adulta para convertirla en la propia mirada de Pelle, para que descubramos el nacer a la vida que ven sus ojos. El punto débil de la película reside en su exasperante linealidad y en el exceso de elementos melodramáticos que la constituyen. En este sentido, quedan muchas pequeñas historias desdibujadas que ofrecen un carácter meramente anecdótico al relato. Estas subtramas forman parte esencial del aprendizaje a la vida de Pelle; pero no es menos cierto que historias como las infidelidades del terrateniente o la posterior venganza de su esposa, o la del bebé que aparece ahogado en el río, lastran el contenido global de la película por lo que tienen de inacabadas. Sin embargo, no querría acabar este artículo dejando un sabor amargo. Bille August no se deja llevar por demagogias fáciles. Ancla su mirada en los personajes y les deja vivir a su aire, marcando un distanciamiento entre el espectador y lo que vemos. Y es que Pelle, el conquistador tiene fuerza, es un film emotivo y duro, es una historia que soportará el paso del tiempo porque está bien contada y porque explica cosas que conectan directamente con la esencia humana. Y es que tras la historia entre el padre y el hijo, asoma todo un discurso social sobre la clase oprimida y la prepotencia del opresor. La vida pasa pero hay cosas que nunca cambian. |