| 1982 • VOLVER A EMPEZAR (Volver a empezar, José Luis Garci) |
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Reinterpretación del clasicismoEn la actualidad la única manera de ser innovador es, por paradójico que parezca, seguir los postulados de la narración clásica. Pensemos, sino, en el radical impacto que producirían obras como Beau Geste (Ídem, 1939. William A. Wellman) o Raíces profundas (Shane, 1953. George Stevens) si hoy se estrenaran en cualquier festival europeo o americano. Serían piezas que asombrarían por su heterodoxia en comparación con el cine que se está viendo en estos días; películas que, sin ningún género de dudas, marcarían una nueva concepción cinematográfica aunque, en sus respectivos años de estreno, no despertaran mayor entusiasmo que el reconocimiento a su calidad intrínseca, debido a su pertenencia a un período estilístico concreto definitivamente perdido en nuestros días. Esto lo sabe perfectamente José Luis Garci y, de hecho, si se observa toda su filmografía desde Asignatura pendiente (1977) a la que, de momento, es su última película Historia de un beso (2002), vemos el talante innovador de un hombre que personaliza la narración tradicional norteamericana, dotándola de un brío intimista que muy pocos son capaces de conjugar. Tomando de base una puesta en escena serena que transmite el estado anímico de sus personajes con el capital protagonismo de la mirada, el cine de Garci avanza movido por la brisa de la cinefilia en un conjunto referencial a un cine quimérico que retrotrae a los sueños infantiles o adolescentes. En definitiva, un punto de vista depurado, casi neoclásico que, habida cuenta de la actual situación cinematográfica, se erige en uno de los estilos más valientes (independientemente de subjetividades) y sinceros que se pueden ver en estos días. Volver a empezar, concretamente, posee una enorme importancia dentro de la filmografía de Garci. Más allá del tan célebre como discutido "Oscar", la película marca un antes y un después de aplastante evidencia. Hasta entoces, Garci había optado por un cine pegado a la realidad social del momento: desde su primer film, Asignatura pendiente, pasando por su "secuela", Solos en la madrugada (1978) y concluyendo con la reivindicable Las verdes praderas (1979), el cineasta diseccionaba, con un pulso más que sobresaliente, las aspiraciones y frustaciones de una generación desorientada ante un cambio político y social que, no sólo afectaba directamente a sus vidas, sino que inauguraba una serie de caminos insospechados a lo largo de cuarenta años de férrea dictadura . Ante ello -1-, la posterior El Crack (1981), quedó como un insólito islote, un capricho personal de un cineasta obsesionado con el cine de género, al que homenajeaba con una contundencia digna de todo elogio y un dominio de la sintaxis narrativa a las puertas de la maestría. Ahora bien, Volver a empezar demostraba que las inclinaciones de Garci no se encontraban ni en el retrato coyuntural de una sociedad inmadura, ni en la resurrección de los géneros tradicionales, dichas inclinaciones se encaminaban a la desnuda exposición sentimental de unos personajes que se erigen, no ya en los alter ego del autor, sino en la modelación ficticia de su propia personalidad. Las obras posteriores del cineasta -2- así lo han corroborado. Volver a empezar es, amén de todo ello, una pieza diferente. Tomando de base el melodrama norteamericano y la contención dramática del supremo Breve encuentro (Brief encounter, 1946) de David Lean, la obra sorprende por su sobriedad y por la aparente simplicidad estructural. En efecto, Volver a empezar se detiene sobre un argumento sencillo y éste queda alargado a lo largo de ochenta minutos; no es una película que contenga sorpresas en sus intenciones ni tampoco puntos de giro que condicionen la historia y la hagan avanzar. Es más, Garci opta por la desdramatización más radical, edificando el argumento sobre las emociones, los instantes perdidos, los recuerdos indelebles y es la identificación del espectador ante unos estados anímicos concretos lo que provoca su inmersión en la trama. Todo ello potenciado con el trabajo extraordinario de dos magníficos actores (Antonio Ferrandis y Encarna Paso) que sintetizan, en la expresividad de unos rostros curtidos por la vida, un cúmulo de emociones imposibles de imaginar en otros actores. Volver a empezar se erige, por consiguiente, en un film básico para entender la tan difamada figura de Garci, la intencionalidad de una obra enclavada en la interiorización y el deseo de sacar a la luz el estado actual del Séptimo Arte: evidentemente, ante un cine que regurgita al espectador hasta los más básicos elementos, la filmografía de Garci demuestra que la narración clásica se ha convertido en un lujo al alcance de unos pocos. (1) Amén de los films citados, se
podría incluír Viva la clase media (1980) de José
María González Sinde, no sólo producida y protagonizada
por Garci, sino sirecta descendiente de sus films anteriores. |