| 1992 • INDOCHINA (Indochine, Régis Wagnier) |
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Antes de VietnamEn 1992 estaban nominadas al Oscar a la mejor película extranjera una película soberbia, dos de las que nadie ha oído hablar nunca más (al menos yo no sé nada ni de ellas ni de sus directores), y una película mediocre que además estaba nominada también a la mejor actriz. Ni que decir tiene que ésta fue la que ganó. Indochina, con la Gran Dama del cine europeo Catherine Deneuve como estandarte, venció a la genial Urga, el territorio de amor (Urga) de Nikita Mikhalkov (al cual compensaron un par de años después por una película algo menor, pero desde luego más del gusto americano), que venía de ganar un merecidísimo León de Oro en Venecia. Lo peor de todo es que, reconociendo su calidad bastante relativa, debo confesar que Indochina es de ese tipo de películas que a mí me gusta, no por sus valores cinematográficos, que algunos tiene, o por su planteamiento y guión, no muy logrados por excesivamente fáciles y manidos. Lo que pasa es que soy bastante sentimentaloide, y frases del tipo "nunca más volví a África" (o Indochina, o Tolibia de Arriba) me desarman; las grandes despedidas, los sacrificios abnegados y heroicos y esas patrañas sensibleras me conmueven como a cualquier Maruja aficionada a las telenovelas, aunque llegue a reconocer que son trucos burdos, zafios y rastreros. Si hay algo que fluye a raudales en esta cinta son todas esas cosas, aunque tras el tercer visionado de la cinta las lágrimas se tornen para muchos en bostezos y la emoción en indiferencia. Esta película pretende contarnos una de esas historias más grandes que la vida y, de paso, darnos unas ligeras nociones de historia. En la Indochina explotada por los franceses una de ellos se hace cargo de una niña de padres aborígenes a la muerte de estos, dueños ellos como la francesa de un montón de arbolitos productores de caucho. La cría como a una hija inculcándola su filosofía de vida: la indiferencia ante todo y ante todos, pero la niña crece y un mal día ambas se enamoran del mismo hombre, un Vincent Perez que derrite a cualquier mujer donde quiera que se encuentre respecto a la pantalla. La verdad es que para contarte este comienzo se tira casi una hora de película sin aportar gran cosa, lo que se resiente en las dos horitas y media de duración total. La francesa interviene con sus influencias para que se lleven al soldado (tal es la profesión del chico) al sitio más lejano, pero la joven no ha aprendido bien la lección y decide seguirle contra todo y contra todos. Por supuesto él no se puede resistir a los encantos de la joven, y fruto de su amor es la muerte de un alto mando, la deserción del soldado, un difícil periplo que les llevará a aliarse con los comunistas (que empezaban a pulular reclamando la independencia, libertad, igualdad y esas cosas que los franceses quieren sólo para ellos) y por supuesto un hijo. Hijo que es el que, en la Suiza de 1954, está escuchando por primera vez su historia de labios de la Deneuve. Aquí hemos llegado digamos a los primeros dos tercios de la historia, que continúa cada vez más rocambolesca, pero tampoco me voy a meter a destriparla más. Si algo tiene de bueno la película es una exquisita fotografía, ayudada por paisajes soberbios de bosques entre la bruma y las altas formaciones rocosas emergiendo de entre las aguas en los deltas del Mekong. También ayuda la ambientación de la época, sencilla por la abundancia de restos en las muchas partes de Indochina poco modernizadas desde la huída de los occidentales, pero no por ello menos realista y hermosa. En su línea habitual, Catherine Deneuve justifica por si sola la producción de esta película con su composición de mujer fría e insensible, aunque en algunos momentos la construcción de su personaje se vea resentida por algunos resbalones del guión. En definitiva, una película prescindible pero cuyo visionado puede resultar agradable según la sensibilidad del espectador. Para nada, desde luego, merecedora de recibir un premio que en manos de la cinta de Mihalkov habría tenido la continuidad que merece un galardón en cuyo historial están joyas como Dersu Uzala (id, Akira Kurosawa, 1975). Para terminar, me asalta una duda existencial. ¿Soy el único al que, tras terminar de ver esta película, le entran unas ganas terribles de fumar opio ? |