| 2000 • TIGRE Y DRAGÓN (Wo Hu Zhang Long, Ang Lee) |
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El director taiwanés Ang Lee que ya gozaba de cierto reconocimiento a nivel mundial gracias a sus primeras incursiones en Hollywood con films como Sentido y sensibilidad (Sense And Sensibility, 1995) y La tormenta de hielo (Ice Storm, 1997), basada en la novela de Jane Austen, consiguió el mayor éxito de su carrera hasta esa fecha gracias a Tigre y dragón. Sus diez nominaciones a los oscars de 2000 contribuyeron en gran medida a este hecho, y se cuenta entre las pocas películas de habla no inglesa que han sido nominadas a mejor película en la categoría global. Además de ganar el premio a la mejor película de habla no inglesa, lo que la convierte en una de las elegidas para este dossier, se llevó merecidamente los premios a la mejor fotografía y a la mejor dirección artística. El gran acierto de Ang Lee con Tigre y Dragón fue el saber combinar con buen criterio la sensibilidad inherente a toda su filmografía y la acción deslumbrante de las luchas, de modo que el resultado final no consiste únicamente en un espectáculo de artes marciales de infinita belleza sino también en una historia de amor de las que no se olvidan fácilmente, y, lo que parecía más complicado tratándose de la gran superproducción que es, una película muy personal que también le valió una nominación al oscar al mejor director. Un tema común en las películas de Lee es la del amor que se enfrenta a las adversidades: Simon y Wei-Tung, la pareja gay de El banquete de bodas (Hsi Yen, 1993), que encuentran un obstáculo a su relación en la conservadora familia de Wei-Tung, las hermanas de Sentido y sensibilidad y las dificultades que se les plantean en sus historias amorosas, o el Dr. Banner y Betty Ross, en la reciente Hulk (íd., 2003), entre los que se interpone el lado más bestia del primero son buenos ejemplos de ello. En Tigre y dragón, tenemos dos historias de amor de este tipo. Por un lado está la de Li Mu Bai (Chow Yun Fat) y Yu Shu Lien (Michelle Yeoh). Desde un principio, el destino de estos dos personajes está condenado a una soledad compartida. El mejor amigo de Li Mu Bai se casó con Yu Shu Lien cuando eran jóvenes para morir asesinado poco después. El respeto mutuo al antiguo amigo por una parte y esposo por la otra, impedirá la consumación del amor que ambos se profesan. Este romance interruptus tiene su mayor punto fuerte en las contenidas y a la vez poderosas interpretaciones de sus protagonistas, pues logran transmitir la intensidad de sus sentimientos a través de silencios, de diálogos pausados y meditativos, y de unas miradas que lo dicen todo, ¿Para qué entonces las palabras?. «Los sentimientos reprimidos son más intensos», le dice ella en una ocasión, y ahí está el secreto del atractivo de esta aparentemente inocua relación, un silencioso amor en continuo estado latente que no se confiesa porque no es necesario y que se prolonga durante toda la película mientras ambos protagonistas se ven envueltos en una investigación para encontrar al ladrón de una espada (robo que se convierte en el motor de arranque de la historia) a través de enormes peleas que finalmente les llevarán a enfrentarse a Bi Yen Juli, la asesina del maestro de Li Mu Bai. La segunda historia de amor es la protagonizada por la joven y bella, no exenta de talento además, Zhang Ziyi, que da vida a Xiou Long, la hija del emperador, que se ve abocada a uno de esos matrimonios concertados tan en boga en el mundo oriental. Este hecho precipita la crisis existencial de la joven, que buscará la evasión a través de la aventura, enamorándose de un vulgar ladrón, eso sí, con algo de carisma, (enamoramiento presentado mediante un largo y elegante flashback que nos transporta al desierto, dejando aparcada la historia momentáneamente sin que ésta se resienta lo más mínimo) y robando la espada que dará más de un quebradero de cabeza a cierta pareja. Otro de los puntos comunes con la mayor parte de las películas del taiwanés, es la gran importancia de los personajes femeninos que gozan de fuertes personalidades, y se convierten en los auténticos protagonistas del film, y en Tigre y dragón esto es también un hecho. A Xiou Long le fascina la forma de vida de Yu Shu Lien, dueña de un grupo de escoltas, y también de cierto respeto social, pero a la vez se sorprende de que no esté casada, sabiendo como sabe todo el mundo su amor hacia Li Mu Bai. Ella, con toda la vida por delante y arrastrada por la impulsividad de la edad (y por el dragón que, según Lee, todos llevamos en nuestro interior), escoge los dos caminos, el amor y la aventura, arriesgándose a un futuro incierto, pero en cualquier caso intentándolo. Es éste un personaje que se mueve por impulsos sentimentales: el amor que siente por Xiou Hu, la compasión hacia su maestra, o la admiración que fluctua entre la envidia y el odio hacia Li Mu Bai y Yu Shu Lien. Ésta última, por el contrario, es una mujer sensata y reflexiva a la que los años de experiencia le han dado confianza y seguridad en sí misma, lo que le permite llevar con firmeza la terrible carga del amor correspondido pero nunca consumado. Al margen de la riqueza de los personajes y de todo el caudal de sentimientos ofrecido por el excelente guión (tambien nominado al oscar) basado en una novela de Du Lu Wang, la película es de una perfección técnica encomiable en todos sus aspectos. Una banda sonora con sonidos orientales que ejerce plenamente su función de soporte tanto en las luchas como en las escenas más sosegadas, fue también nominada al oscar junto con la canción, el vestuario y el montaje. Las luchas, son un punto y aparte en lo que se había visto hasta entonces. Excelentemente coreografíadas y repletas de vuelos, saltos y acrobacias imposibles, aportan continuamente el toque surrealista a una historia ya de por sí fantástica, además de representar un entretenimiento de auténtico lujo donde se saca el máximo partido a la variedad de los escenarios, las armas y técnicas empleadas. Tigre y dragón es una película que va mucho más lejos de las simples apariencias y es uno de esos ejemplos que demuestran que el talento comercial no tiene por qué estar reñido con el cinematográfico. La película se redondea con un final poco convencional que deja una puerta abierta a la esperanza, y otra… a la desesperación. Todo depende de si se sigue creyendo o no en las leyendas. |