| Las nominaciones ocultas |
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La mayor prueba del chovinismo estadounidense, no sobre todo, pero sí al menos para con su cine, o al menos del mundo del cine americano, pues el público en general salvo el de las grandes urbes no suele tener la posibilidad de opinar, y aunque la tenga al igual que el del resto del mundo no tiene el menor interés, es el tan cacareado Oscar a la mejor película extranjera. Y es que puede resultar sorprendente para el ciudadano americano medio, y con él para el miembro medio de la industria cinematográfica estadounidense, que en el resto del mundo se haga cine. Y más aun, que de vez en cuando sea bueno. No tan bueno como el americano, desde luego; para eso sólo unas pocas veces en la historia una película no americana ha sido nominada a la mejor película (y de estas, la mayoría se trata de películas inglesas), pero a veces una pequeña joya aislada o un casi-verdadero-maestro de provincias ha merecido tal reconocimiento. El problema no es el de reconocer el cine extranjero en alguna categoría. No me parece malo. El problema no es que los Oscar sean un premio de la industria americana, y como tal se ciña a ella (aunque, repito, no esté mal el Oscar a la mejor película extranjera como no lo está el Goya o el César de turno), cosa que la academia hacía en un principio. El problema comienza cuando se erigen (al menos publicitariamente) en el termómetro de la calidad del cine mundial. Y se agrava cuando de vez en cuando nominan a películas del resto del mundo (para los pocos americanos que entienden este concepto tan complejo, quiero decir, el de “resto del mundo”) fuera de la categoría de marras. La prueba es que el espectador medio del resto de occidente identifica unívocamente “Oscar a la mejor película” con “la mejor película del año en todo el mundo mundial”. ¿Por qué? Pues, publicidad mediante y entre otras razones, porque de vez en cuando nominan también a películas del resto del mundo, prueba de que de vez en cuando en el resto del mundo se hacen grandes películas, aunque no muy a menudo. Y la verdad es que a veces tienen razón, porque a veces, sobre todo en el pasado, pero a veces también en la actualidad, la mejor película del año es americana (aunque no siempre, ni mucho menos, lo es la ganadora del Oscar a la mejor película, o si no repasa el dossier del año pasado sobre los Oscar en general). Pero eso, sólo a veces. Evidentemente cuando en un país una película suya es nominada a alguna categoría, el orgullo patrio se hincha cual almorrana en bicicleta de montaña, y con él la recaudación de la película afectada, y con ella el prestigio de la industria nacional, de forma que nadie va a protestar por el abuso de autoridad del jefe americano. Si no lo hacen en otros terrenos más importantes, menos desde luego en este. Parece que no se den cuenta que en realidad este servilismo (ahora me refiero solo, o al menos especialmente, al cinematográfico) a la larga dificulta la producción y distribución del buen cine del resto del mundo. Y por eso hay películas que me llaman mucho la atención que jamás podré ver salvo, tal vez, pirateadas de internet… ¡uy!, ¡ya la he cagao!. Mañana la SGAE estará a mi puerta para que les pague unos duros por los derechos de algo que ellos no han hecho, pero les da igual, como les da igual que los tenga que pagar por mis vídeos domésticos digitalizados. Pero eso, que diría Billy Wilder, es otra historia. En es repaso por las nominaciones de películas extranjeras en categorías que no sean la del Oscar de marras me voy a saltar las películas hechas en los EEUU por directores no americanos (ningún sentido tiene hablar de la películas de Lubitsch, o Wilder, o Hitchcock, o Lasse Hallström o Peter Jackson por ejemplo, o las interpretaciones de Greta Garbo, Audrie Hepburn o Juliette Binoche en películas 100% americanas, etc...). Tampoco hablaré del cine inglés, que hay mucho por ahí metido y está revuelto con el americano (sino, consultad por ejemplo los últimos Baffta para ver la no-diferencia entre unos premios y otros), ni tampoco de las coproducciones, como pudiera ser entre otras Zorba el griego (Alexis Zorbas, 1964) dirigida por el chipriota Michael Cacoyannis. También el olvido se llevará las categorías de documentales y/o cortometrajes, como el Oscar que se llevó por el mejor documental corto el holandés Bert Haanstra gracias a esa pequeña joya de ritmo y precisión que es “glas”. Sólo hablaré del cine largometraje de ficción de los hermanos pobres del resto del mundo, enumerando y poco más los ejemplos más representativos de la generosidad del amigo americano. Tenemos que retrotraernos ni más ni menos que a 1946 para que los premios americanos se salgan de su tiesto y metan la raíz en el ajeno. Dos películas no americanas fueron nominadas aquel año. Los niños del paraíso (Les enfants du paradis. Marcel Carné 1945) al mejor guión original de Jackes Prévert y Roma, ciudad abierta (Roma, città aperta. Roberto Rossellini 1945) al mejor guión adaptado de Federico Fellini y Sergio Amidei. Lamento desconocer la primera, pero la segunda es sin duda una de las grandes obras de la historia del cine, probablemente mejor que cualquiera de la películas nominadas en cualquier categoría aquel año (con la posible excepción de mi debilidad, ¡Que bello es vivir! (It's a wonderfull live!) de Frank Capra). Al año siguiente Sergio Amidei repitió aunque esta vez al guión original junto a Adolfo Franci, C.G. Viola y Cesare Zavattini por El limpiabotas (Sciuscià, Vittorio de Sica 1946), que tuvo el honor de llevarse el primer Oscar a la mejor película extranjera. Guionista de Strombolli (Roberto Rossellini, 1950) entre otras grandes películas italianas, Amidei nunca provó el peso de la estatuilla. Eso sí, volvió a estar nominado junto a Alfred Hayes, Federico Fellini, Marcello Pagliero y Roberto Rossellini por Paisà en 1949 de nuevo al mejor guión original. Aquel mismo año Cesare Zavatinni lo estuvo al mejor guión adaptado por la soberbia y desasosegante Ladrón de bicicletas (Ladri de biciclette, Vittorio de Sica, 1948) que se alzo con el oscar extranjero. Los americanos babeaban, y con razón, con el neorrealismo italiano. En 1950 la nominación fue al mejor argumento para Giussepe de Santis y Carlo Lizzani por Arroz amargo (Riso amaro, Giuseppe de Santis, 1949). En el 51 el turno les volvió a los franceses, y en concreto uno de los más esteticistas y de los más sensibles directores de la historia del cine. Max Ophüls, junto con Jacques Natanson fueron nominados al oscar al mejor guión adaptado por La ronda (Le ronde, Max Ophüls, 1950), aunque el oscar extranjero comenzó su periplo por Japón. En el 54 otro italiano, Ettore Margadonna, estubo nominado al mejor argumento por Pan, amor y fantasía (Pane, amore e fantasia, Luigi Comencini, 1953). En el 54 Jacques Tati y Henry Marquet estuvieron nominados por el guión original de Las vacaciones de M. Hulot (Les vacances de M. Hulot, Jacques Tati, 1953), un año en el que la musa del neorrealismo, Anna Magnani ganó el Oscar a la mejor actriz aunque fuera por una cinta americana. El Oscar extranjero seguía un año más por Japón. Varias nominaciones más en el 56. Jean Paul Sartre y Cesare Zavattini vieron nominados sus argumentos respectivamente para Los orgullosos (Les orgueilleux, Yves Allégret y Rafael E. Portas, 1953) y Umberto D (Id, Vittorio de Sica, 1952), mientras que Federico Fellini y Tullio Pinelli veían nominado su guión original de La strada (Id. Federico Fellini, 1955). Al año siguiente Fellini junto a Ennio Flaiano y Tullio Pinelli estuvieron nominados por el guión original de la estupenda Los inútiles (I vitelloni, Federico Fellini, 1953) aunque el oscar extranjero lo ganó él mismo por otra película. Dos antológicas películas europeas estuvieron nominadas en el 59 al mejor guión original. François Truffaut y Marcel Moussy por Los cuatrocientos golpes (Les quatre cents coups, François Truffaut, 1959) e Ingmar Bergman por Fresas salvajes (Smultronstället, 1957), aunque ninguno de los dos se llevó el oscar extranjero, imagino que porque sus respectivos países no les seleccionaron. Desde luego ni la ganadora en este apartado ni las nominadas las hubieran hecho sombra, y en el caso del mejor guión original, se lo llevó la que menos se lo merecía, así que... Por fin en 1960 una película en habla no inglesa es nominada en varios de los apartados más importantes. La cinta de nacionalidad griega Nunca en domingo (Pote tin Kyriaki, 1960) del estadounidense afincado en europa Jules Dasin obtiene las nominaciones al mejor director, mejor actriz (la griega Melina Mercouri) y mejor guión original (del propio Dasin) entre otras. No estuvo nominada a la mejor película extranjera. El director de Rififfi (Du rififi chez les hommes, 1955) o Topkapi (id, 1964) tuvo que huir de EEUU durante la caza de brujas al ser denunciado como comunista. Desde luego que en Europa le fue mucho mejor que en USA, aunque por supuesto volvió al bajar la marea. Aquel año también estuvo nominada la escritora francesa Marguerite Duras por el guión original de Hiroshima mon amour, de Alain Resnais. La invasión europea continuó al año siguiente con la nominación de Federico Fellini como mejor director y mejor guionista (junto a Tullio Pinelli, Ennio Flaiano y Brunello Rondi) por La dolce vita, además de algunas menores. Hubo más películas extranjeras en algunas de las categorías técnicas (paso de nombrarlas a todas), pero quizá lo más sorprendente de aquel año fue el merecidísimo Oscar para Sophía Loren por su memorable papel en Dos mujeres (La ciociara, Vittorio de Sica, 1960). Por cierto, ninguna de estas tuvo nominación a la mejor película extranjera, lo cual se repitió en el 62. Pietro Germi como director y co-guionista (junto a Ennio de Concini y Alfredo Giannetti), premio este último que sí se llevaron para Italia, y Marcello Mastroianni como actor estuvieron nominados por Divorcio a la italiana (Divorzio all'italiana, 1961). Al mejor guión estuvo también Bergman por Como en un espejo (Såsom i en spegel, 1961), cinta que el año anterior había ganado el Oscar extranjero. Repitió Fellini en la ceremonia de 1963, y ya estamos todos aburridos de él, con 8 ½ como director, guionista (junto a Ennio Flaiano, Tullio Pinelli y Brunello Rondi) y alguna cosa más, aunque esta vez se llevó el Oscar extranjero para casa. También la italiana Los cuatro días de Nápoles (Le quattro giornate di Napoli, Nanni Loy, 1962) estuvo en la pugna del guión. En este caso los representantes fueron Campanile, Massimo Franciosa, Nanny Loy, Vasco Pratolini, Carlo Bernari y Pasquale Festa, autor este último de algunos de los mejores guiones de Visconti. Hubo también alguna que otra película en categorías inferiores. En el 64 Sophia Loren repitio nominación, esta vez sin premio, por Matrimonio a la italiana (Matrimonio all'italiana, Vittorio de Sica, 1964), y hubo otro par de cintas europeas en el apartado de guión. El japonés Hiroshi Teshigara estuvo en la pugna por la mejor dirección por La mujer de la luna (Suna no onna, 1964). Los paraguas de Cherburgo (Les parapluies de Cherbourg, Jaques Demi) tuvo varias nominaciones a pesar de haber ganado el año anterior el Oscar extranjero, entre ellos el del guión junto a la italiana Casanova 70 (id. Mario Monicelli 1965). En la edición del 66 dos películas europeas estuvieron nominadas en varias categorías, y algunas otras películas importantes también metieron el cuezo por ahí. Las dos más laureadas fueron Un hombre y una mujer (Un homme et une femme, 1966), que se llevó el oscar al mejor guión y a la mejor película extranjera, y algunas nominaciones más entre ellas al mejor director Claude Lelouch, y Blowup (id 1966) que tuvo nominaciones al mejor guión y director, Michelangelo Antonioni, entre otras. Un poco de chovinismo hispánico para el año siguiente. Jorge Semprúm estuvo nominado al mejor guión por La guerra ha terminado (La guerre est finie, Alain Resnais, 1966). Otro guión europeo nominado al año siguiente, y por fin en 1969 una película enteramente no americana ni rodada en inglés es nominada a la mejor película en general. Z (id. Costa-Gavras, 1969) estuvo nominada en todas las categorías importantes: mejor película, mejor director, guión adaptado para Gavras y Jorge Semprúm, y los dos que se llevó, mejor montaje (Françoise Bonnot) y mejor película extranjera. La caída de los dioses (La caduta degli dei, Luchino Visconti, 1969) también estuvo nominada al mejor guión adaptado. En el 70 hubo algunas nominaciones más, las más importantes para (como no) Fellini como mejor director por Satyricon (id. 1970) y al extraordinario guión del grandísimo Eric Rohmer para Mi noche con Maud (Ma nuit chez Maud, Eric Rohmer, 1969), que había estado nominada el año anterior como película extranjera. Una de esas películas imprescindibles para conocer el alma humana y las motivaciones de los hombres. Algunas nominaciones más al año siguiente en categorías de guión para abajo, y al año siguiente otra película europea, sueca esta vez, es nominada en las categorías más importantes. Los emigrantes (Utvandrarna, Jan Troell, 1971) compite a la mejor película, mejor director, mejor actriz (la maravillosa Liv Ullmann) y mejor guión adaptado, aunque no se llevó ninguno. Fue el año de Copolla.. Es curioso que la segunda parte de esta película, La nueva tierra (Nybyggarna, Jan Troell, 1972) fue la nominada aquel año a la mejor película extranjera, aunque la que ganó fue El discreto encanto de la bueguesía (Le charme discret de la bourgeoisie, 1972) de nuestro Luis Buñuel (representando a Francia). Por cierto, Buñuel también fue nominado al mejor guión original. Repitió de nuevo múltiples nominaciones otra película sueca al año siguiente. Gritos y susurros (Viskningar och rop, Ingmar Bergman, 1972), para mi gusto una de las pocas películas no geniales de Bergman, estuvo nominada a la mejor película, director, guión y vestuario, ganado el de mejor fotografía para ese genio que es Sven Nykvist. Hubo alguna otra nominación suelta más por ahí. Al año siguiente La noche americana (La nuit américaine, François Truffaut, 1973), que había ganado el oscar extranjero el año anterior, fue nominada al mejor director, guión y actriz secundaria (Valentina Cortese), el año en que el Oscar honirífico era para Jean Renoir. Y por enésima vez Fellini se llevó otra nominación, y por enésima vez por una cinta que había ganado el Oscar extranjero el año anterior. El año de Dersu Uzala (id. Akira Kurosawa, 1975) Amacord obtuvo nominaciones al mejor director y al mejor guión. Una de las candidatas al premio a la mejor actriz fue Isabelle Adjani por su papel en Diario íntimo de Adele H. (L'histoire d'Adèle H., 1975) de Truffaut, y hubo otras nominaciones menores para otras películas. Un tetrapléjico cinematográfico como John Avildsen por una basurilla como Rocky venció nada menos que a Bergman como mejor director en el 76. La magnífica disección de los personajes de Cara a cara (Ansikte mot ansikte, Ingmar Bergman 1976) proporcionó también una nueva nominación a Liv Ullmann, que tuvo que competir entre otras con la francesa Marie-Christine Barrault por Mi primo, mi prima (Cousine, cousine, Jean Charles Tacchella, 1975). Casanova de Fellini (Il Casanova di Federico Fellini, 1976) estuvo nominada al mejor guión y se llevó el Oscar al mejor vestuario creado por Danilo Donati, y Giancarlo Giannini estuvo nominado como mejor actor por Siete bellezas (Pasqualino settebellezze, Lina Wertmüller, 1976). En 1977 hubo menos películas extranjeras entre las nominadas. Destacaré a Marcello Mastroianni como mejor actor por Una jornada particular (Una giornata particolare, Ettore Scola, 1977) y el guión adaptado de Luis Buñuel y Jean Claude Carrière, esta vez representando a España, de Ese oscuro objeto del deseo. En el 78 la mejor película de la última etapa de Bergman, Sonata de otoño (Höstsonaten, 1978) supuso una nueva nominación al guión de Bergman (Ingmar) y a la interpretación principal de Bergman (Ingrid). En el 79 sólo una nominación bizarra de estas. La coproducción franco-italiana Vicios pequeños (La cage aux folles, Edouard Molinaro) le proporcionó a su director una nominación al mejor director. Tenemos que irnos hasta 1982 para encontrar una nueva nominación interesante. El año de José Luis Garci la claustrofóbica y desesperanzadora El submarino (Das Boot, Wolfgang Petersen, 1981) le valió a su director una nominación al mejor director y le llevó al poco tiempo a hacer en Hollywood películas muchísimo menos interesantes y profundas (en ambos sentidos). Al año siguiente se produjo el caso más espectacular de pleitesía al extranjero hasta entonces en la historia de estos premios. Una película menor de Ingmar Bergman, Fanny y Alexander (Fanny och Alexander, 1982), aunque varios billones de veces mejor que cualquiera de las nominadas aquel año en las categorías más importantes, estuvo nominada a 6 premios, de los que no se llevó (que alguien me explique por qué) ni el de mejor director ni el del mejor guión, pero sí los de fotografía para Sven Nykvist, decoración para Anna Asp y Susanne Lingheim, vestuario para Marik Vos y a la mejor película extranjera. En el 85 Ran (id., Akira Kurosawa), bastante buena película pero por debajo de las mejores de su director, que en esta etapa de su carrera estaba obsesionado por las superpreducciones épicas, estuvo nominada a varias categorías, entre ellas la de mejor director, llevándose el de vestuario para Emi Wada. La ganadora del Oscar extranjero, La historia oficial (id, Luis Puenzo) optó también por el premio al mejor guión original. En 1986 la antológica interpretación de Marcello Mastroianni, una de las mejores de la historia del cine, en la nostálgica, triste y bellísima producción italiana Ojos negros (Oci ciornie, 1987) de mi admirado director ruso Nikita Mikhalkov no se vio recompensada con un más que merecido Oscar al que estaba nominado. Como tampoco el guión de Louis Malle para la conmovedora cinta francesa ¡Adiós, muchachos! (Au revoir, les enfants, 1987). En 1988 Max von Sydow se quedaría con cara de tonto al ver como Dustin Hoffman, por esa bobada de Rain man (id, Barry Levinson, 1988), le arrebataba su Oscar al mejor actor por la también magnífica Pelle el conquistador (Pelle erobreren, 1987) del por entonces muy interesante Bille August. Al menos se llevó el Oscar extranjero. La moda de nominar a los actores extranjeros continuó en los años siguientes. Isabelle Adjani repitió 15 años después, en 1988, nominación al Oscar a la mejor actriz por la francesa La pasión de Camille Claudel (Camille Claudel, Bruno Nuytten, 1988). En el 99 le tocó al magnífico papel que interpretó Gérard Depardieu en la soberbia adaptación de Cyrano de Bergerac (íd., Jean-Paul Rappeneau, 1990), aunque la película sí se llevó el premio al mejor vestuario para Franca Squarciapino, junto a alguna nominación más. A pesar de todo no se llevó el Oscar extranjero (ni tampoco otra antológica película China que estaba nominada, ya que fue a parar a una de la que no he oído hablar jamás). Por cierto, el Oscar especial de ese año fue para Sophia Loren. En el 92 le tocó a Catherine Deneuve por su interpretación en Indochina (Indochine, Régis Wargnier) y Fellini obtubo el honorífico (hubo además alguna nominación de segundo orden los años anterior y siguiente), y en 1994 volvieron las nominaciones importantes a una cinta extranjera. Rojo (Trois couleurs: rouge, obra póstuma y testamento de lujo del gran Krzysztof Kieslowski estuvo nominada al mejor director, guión y fotografía. Ese año hubo alguna otra de segunda fila. En el 95 una película extranjera volvió a estar nominada a la mejor película y a unas cuantas categorías más. El cartero (y Pablo Neruda) (Il postino, 1994), coproducción de varios países europeos rodada en varios idiomas y dirigida por el director nacido en la India Michael Radford obtuvo además de la dicha las de mejor director, mejor actor (a título póstumo para Massimo Troisi que había muerto dos o tres días después de acabar el rodaje), guión adaptado (Anna Pavignano, Michael Radford, Furio Scarpelli, Giacomo Scarpelli y Massimo Troisi), y llevándose el de mejor banda sonora para Luis Enrique Bacalov. Es una buena película, pero un poco sobrevalorada para mi gusto. Más nominaciones de consolación para algunas otras películas. En el 96 nada se salió del tiesto, ya que Rompiendo las olas (Breaking the waves, Lars von Trier 1996), pese a ser producida por varios países europeos entre los que no estaba el Reino Unido, estaba rodada en Inglés. Pero no puedo dejar de mencionar que la que para mi gusto es la mejor película de los años 90 sólo obtuvo una nominación para la desgarradora composición de Emilly Watson. Algo parecido me pasa en el 97, cuando la rotunda, hipnótica, profunda y brutal película canadiense rodada en inglés El dulce porvenir (The sweet hereafter, Atom Egoyan, 1997) estuvo nominada al mejor director y guión adaptado sin llevarse nada (ese año lo acaparó todo un rollo patudo e interminable, pero que había costado un pastón y había recaudado mucho de los adolescentes sin criterio). En el 98 se dio un segundo caso espectacular de película extranjera nominada tras el de Fanny y Alexander. La interesante, aunque sin tirar cohetes, La vida es bella (La vita è bella, 1997) del histrión Roberto Benigni estuvo nominada a 6 categorías, incluyendo mejor película y guión original, llevándose sorprendentemente el de mejor actor para el payaso (en el buen sentido del término) Benigni, música y a la mejor película extranjera. Por su culpa pasó más desapercibida la magnífica película brasileña Estación central de Brasil (Central do Brasil, Walter Salles, 1998), que estuvo nominada a la mejor actriz (una espléndida Fernanda Montenegro) y a la película extranjera. En el 99 sólo cabe destacar el oscar honorífico al polaco Andrzej Wajda, el director entre otras de la mejor película hecha hasta ahora sobre el holocausto, Korczak (id. 1990). En el 2000 hubo otro caso espectacular. La taiwanesa Tigre y dragón (Wo hu cang long, Ang Lee, 2000) tuvo diez nominaciones (incluyendo mejor película, director y guión) de los que se llevó cuatro incluyendo el Oscar extranjero. No cuenta la nominación a Javier Bardén por una película americana... En el 2001 la sobrevaloradísima (para mi gusto; la vi en un mal día) Amelie (id., Jean-Pierre Jeunet) obtuvo 5 nominaciones menores, incluyendo el extranjero, pero no se llevó ninguno. En la última edición antes de hacer este artículo, la de los premios a lo mejor de 2002, lo más destacable fue la nominación a la mejor dirección, y el premio al mejor guión original, para Hable con ella de nuestro Pedro Almodóvar. Como no la he visto no puedo opinar. No hablaré de la estupenda película de Polanski que se llevó varios premios, ya que está rodada entre otros idiomas en inglés y producida entre otros países por el Reino Unido. Aquí se acabó el suplicio (el de los pocos pacientes lectores que hayan llegado aquí –imagino que ninguno–, y el mío al escribirlo). Cuando lo leas ya se sabrán los premios de lo mejor del 2003, entre los que destacan las varias nominaciones a la videoclipera y espectacularoide película brasileña Ciudad de dios (Cidade de deus, Fernando Meirelles, 2002). Espero que no se lleve nada. Los americanos seguirán pavoneándose de su capacidad democrática y generosidad, y nosotros tendremos que seguir revolviendo entre su fango para encontrar algunas perla del resto del mundo. |