| EL UNIVERSO ANIMADO DE BURTON |
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TIM BURTON ES UNO DE LOS DIRECTORES QUE GOZA actualmente de mayor libertad creativa en el encorsetado sistema de estudios hollywoodiense, libertad que no sólo le ha sido otorgada en la realización de sus filmes, sino también en la concepción de las ideas y personajes que han dado lugar a ellos. Esta carta blanca a su creatividad es consecuencia, naturalmente, de la alta rentabilidad económica que ha acompañado a la mayoría de sus creaciones, y aunque en algún caso –-el de la que es sin duda su obra más impersonal, El planeta de los simios (Planet of the Apes, 2001)– Burton ha sacrificado su estilo en favor de un resultado más acorde a los parámetros de los grandes blockbusters, lo cierto es que se puede afirmar que el director ha conseguido imponer su marca de fábrica en un mundo en el que en contadas ocasiones los rasgos de autoría priman sobre los rígidos patrones de comercialidad. Tratar de buscar la piedra angular del éxito de cualquiera de las creaciones de Burton pasa necesariamente por destacar la enorme atracción que ejercen sobre el público los que son de seguro los protagonistas indiscutibles del universo creativo del director: sus personajes. La debatida y casi siempre menospreciada flojedad de los guiones de sus obras, carencia reconocida por parte del mismo Burton (1), queda sobradamente compensada por la fascinación que generan los seres que habitan este particular mundo creado por el director, personajes alrededor de los cuales se construye un entorno fantástico supeditado en su extraña forma a ellos y que encuentra su explicación en la psicología de estos extraños seres que lo pueblan. Esta imaginería fantástica que caracteriza los filmes de Tim Burton es imposible entenderla sin considerar la extraordinaria impronta e influencia que la animación ha ejercido a lo largo de toda su obra. Ésta ha de ser entendida no sólo como técnica (nunca como género, calificación ésta del todo errónea), sino sobretodo como posibilidad de dar vida a lo que no la tiene, sea ésto un objeto o personaje realmente inanimado, o una persona de carne y hueso que interpreta a un ser inventado. Así, las películas de Burton pueden ser consideradas como grandes ejercicios de animación rodados con acción real, ya que en ellos aparecen personajes y situaciones que no encuentran referencia directa en la realidad que conocemos. Tim Burton se inició profesionalmente en el mundo de la animación, terreno que, como hemos avanzado, se puede afirmar que de algún modo nunca ha abandonado, ja sea implícita o explícitamente. De muy joven obtuvo una beca para estudiar en el Cal Arts, instituto californiano financiado por la Disney para formar futuros dibujantes, hecho que le abrió las puertas de la gran fábrica del gigante Walt para trabajar inicialmente como animador de la película Tod y Tobi (The Fox and the Hound, Ted Berman y Richard Rich, 1981). Pero Burton nunca se sintió ni identificado ni integrado en el sistema de trabajo de esta factoría, ocupación que era para él como la de un obrero en una fábrica. Sus particulares dibujos no conectaban con la apariencia dulce de los zorritos de Disney –«a los míos parecía que los hubieran atropellado en la carretera» (2)–, por lo que, pese a conseguir más tarde mayor libertad creativa al ejercer como artista conceptual para El caldero Mágico (The Black Cauldron, Ted Berman y Richard Richs, 1985), sus diseños nunca fueron tomados en cuenta. De su etapa profesional con la Disney, no obstante, Burton extrajo más que un suculento resultado, puesto que consiguió, gracias al apoyo de Julie Hickson y de Tom Wilhite, un modesto presupuesto que le permitiría realizar la que puede ser considerada como su primera obra cinematográfica, el extraordinario corto de animación Vincent (1982). En este corto de apenas cinco minutos de duración podían ya vislumbrarse numerosos elementos que preconizaban el que sería el estilo particular del realizador. El personaje de Vincent, un niño de siete años que vive inmerso en un mundo imaginado en el que cree ser nada menos que el mismísimo Vincent Price es, como la mayoría de personajes creados por Burton, un extraño ser que vive alejado del mundo que le rodea. Burton quiso homenajear en su cortometraje al que era su actor fetiche, el protagonista de la mayoría de los filmes de terror de Roger Corman basados en obras de Allan Poe, filmes y relatos en ambos casos que influyeron y fascinaron a Burton durante su infancia. Pero además de estrenar con su primer cortometraje la galería de seres marginados y extraños en su propio mundo que iba a caracterizar todo su cine, con Vincent Tim Burton se estrenó en la técnica de animación stop-motion, consistente en la filmación fotograma a fotograma de pequeñas variaciones en la posición de muñecos articulados, lo cual permite durante la proyección continuada de las imágenes, la ilusión de movimiento en estas figuras. Esta técnica fascinó a Burton desde muy niño, desde que veía las películas Ray Harryhausen, en especial la conocidísima Jason y los argonautas (Jason and the Argonauts, 1963) los marcianos de Mars Attacks (1996) se pueden considerar un tributo directo a los personajes de Harryhausen, o algunos telefilmes navideños animados, entre los que Burton ha destacado en numerosas ocasiones Rudolf, el reno de la nariz colorada (Rudolph, the Red-Nosed Reindeer, Kizo Nagashima y Larry Roemer, 1964), Mad Monster Party (Jules Bass, 1967), y How the Grich Stole Christmas (Chuck Jones, 1966), ésta última realizada mediante animación tradicional. Estos filmes servirían como inspiración para Pesadilla antes de Navidad (Nightmare before Christmas, Henry Selick, 1993), obra realizada completamente mediante animación stop-motion que, pese a no ser dirigida por el mismo Burton, sino producida por él, puede ser considerada como una obra plenamente burtoniana, ya que su autoría está presente tanto en la concepción de los personajes como en la caracterización del siniestro y gótico mundo que los rodea, tan alejado de ese otro en el que se desarrolla la vida de los seres considerados "normales". Pesadilla antes... fue gestada por Burton durante su etapa en la Disney, aunque el proyecto fue arrinconado por parte de la compañía durante una década hasta que, pasados estos años, quedó más que demostrada la rentabilidad e interés que podía generar una obra del ya consagrado director. Al igual que en Vincent, el proyecto original de Burton era un cortometraje de apenas veinte minutos de duración, en el que otra vez Vincent Price, y de nuevo en forma de poema rimado basado a su vez en el poema de Clement Clarke Moore Night Before Christmas, debía ejercer de narrador para una historia protagonizada en este caso por el rey de Halloween, Jack Skellington, un personaje muy cercano para Burton al referente Grinch, por compartir ambos una aparencia terrorífica que esconde un interior en realidad bondadoso. Jack es un esqueleto que, cansado de su función, decide suplantar a Santa Claus en su tarea el día de Navidad, hecho que, por supuesto, le condena al más absoluto fracaso. La utilización de los versos rimados como procedimiento narrativo, ya sea en forma del narrador extradiegético Price en Vincent, o mediante las letras de las canciones que cantan los personajes de Pesadilla..., es un recurso muy propio de los cuentos para niños y las historias de hadas que tanto agradaban a Burton, y era utilizado por uno de los autores que más influyeron al director durante su infancia, el escritor americano de cuentos infantiles Dr. Seuss, cuyo verdadero nombre era Theodor Seuss Geissel. Los cuentos de Seuss, leídos por millones de niños de todo el mundo, utilizaban versos cortos ligados con una rima fácil y divertida, con lo que pretendían atraer así la atención de los primeros lectores. Pero esta técnica sólo fue adoptada por Burton en apariencia, ya que el contenido de los versos de sus textos distaba en mucho del tono dulce de los poemas de Seuss, siendo los de Burton mucho más oscuros y macabros, y quizás nada adecuados para la inocente mente de los más pequeños. Los versos de Burton tenían más puntos de contacto en su contenido con el mundo tétrico y oscuro de los relatos de Poe, la otra gran influencia literaria para el director, y este hecho quedó demostrado en el explícito homenaje que el director realizó al escritor americano en el final de Vincent, al acabar la triste historia del niño con unos versos de El cuervo de Poe recitados por Price sobre un plano del niño, quien yace en el suelo aparentemente muerto. Esta utilización de los textos rimados para acompañar el contenido visual de los extraños dibujos de Burton fue llevada a su máxima expresión en la que es hasta el momento la única obra literaria propiamente dicha del director, el libro de cuentos que escribió en 1997 La melancólica muerte de Chico Ostra, escrito por Burton como vávula de escape a la frustración que le había supuesto la cancelación por la Warner del proyecto para el remake de Supermán, uno de los momentos más difíciles en la carrera del director. Hay que decir, sin embargo, que Burton nunca ha sido un gran lector, como él mismo reconoce, ni tampoco está demasiado interesado en desarrollar una obra literaria destacable por sus cualidades técnicas, sino tan sólo por la utilización de ésta como recurso para complementar sus dibujos macabros. Para Burton, escribir supone una herramienta muy útil para pensar en las cosas, una especie de mirada interior en sus pensamientos. En el caso de La Melancólica Muerte... Burton creó veintitrés relatos sobre diferentes personajes, niños o adolescentes que comparten entre ellos el poseer una naturaleza extraña y diferente a la del resto de los humanos, por lo que viven marginados o abandonados por los seres normales eterno tema de Burton. Así, acompañan al Chico Ostra en los diversos relatos cortos del libro una niña con múltiples ojos, un niño-robot, otro con clavos en los ojos, otro llamado chico-tóxico por su afición a engullir todo tipo de productos nocivos, un chico-momia, un chico-palillo, el niño-pingüino relato éste casi sin contenido textual que más bien es un homenaje explícito al personaje del hombre-pingüino en Batman Vuelve (Batman Returns, 1992), uno de los preferidos de Burton una niña-basura, otra que esnifa pegamento... y sobretodo, destaca la aparición en dos relatos del que sería el protagonista de los seis cortos que Burton realizaría para Internet en el año 2001, el genial Chico Mancha (Stainboy), un niño superhéroe que tiene la desgracia de dejar por donde va un reguero de suciedad debido a su extraña condición. Este personaje es quizás el resultado de la frustración que Burton sintió ante el fallido proyecto de Supermán, aunque se ha convertido ya en uno de los mejores personajes creados por el director. A través de los cortos realizados para la Web, Burton tuvo la oportunidad de dar vida animada, no sólo al Chico Mancha, sino también a otros personajes que ejercen de secundarios en las historias del pequeño y desafortunado superhéroe y que ya aparecían en los relatos de La Melancólica Muerte... En Internet, Burton encontró un medio ideal para desarrollar sin trabas toda su creatividad, al igual que lo hiciera David Lynch con su particular Dumbland (2000). Los dibujos de los extraños niños de Burton son descendencia directa de la macabra imaginería infantil del dibujante Edward Gorey, uno de los referentes más destacados, por lo demás, de toda una corriente actual de dibujantes que han construido personajes igualmente siniestros con una estética denominada de estilo gótico, como el creador de la niñita muerta Lenore, Roman Dirge, o la adolescente solitaria y amante de los gatos negros, Emily The Strange, obra del estudio americano Cosmic Debris. Pese a estas incursiones en la animación tradicional por parte de Burton, lo cierto es que al director siempre le ha interesado más la animación "real" que proporciona la stop-motion. Lo que más atrae a Burton de esta técnica es la sensación de realidad que confiere, derivada del mayor "peso" físico que proporcionan los muñecos reales en comparación a los personajes generados por ordenador. Burton siempre ha sido reticente a la utilización de las nuevas tecnologías en sus películas, pese a que la técnica de la animación real comporte un gasto presupuestario casi prohibitivo y se haya quedado prácticamente desfasada en la actualidad frente a las imágenes generadas por ordenador (3). No obstante Burton prefiere esta técnica, y así lo demuestra el hecho de que la stop-motion está presente en algunos momentos de su filmografía a parte de los ya comentados, entre los que destacan la conversión del personaje fantasma de Large Marge en La gran aventura de Pee-Wee (Pee-Wee's Big Adventure, 1985) o las transformaciones del matrimonio Maitland y del mismo personaje de Bitelchús en la película del mismo nombre, así como el exterior surrealista de la casa del matrimonio, habitado por unos inquietantes gusanos gigantes (Beetlejuice, 1988). También se han utilizado en sus filmes técnicas propias de la animación mediante maquetas, como la utilización de la perspectiva forzada, no sólo en la propia Pesadilla..., sino también en otras obras más "realistas", como en la espléndida Sleepy hollow (1999). No obstante, los efectos CG (generados por ordenador), han tenido que ser utilizados en las películas de Burton en muchos momentos para conseguir la creación de algunos efectos especiales, en especial para los marcianos de Mars Attacks, criaturas que fueron realizadas y animadas por la productora de George Lucas ILM (Industrial Light & Magic), o en algunos momentos de Pesadilla..., así como en los efectos especiales de Sleepy Hollow, en las dos entregas de Batman, o en la reciente Big Fish (2003). Burton piensa sin embargo que la animación mediante ordenadores permite realizar lo irrealizable, y eso es algo que no le atrae demasiado, ya que necesita sentir que los recursos de que dispone tienen una limitación técnica y ésta para él es necesaria (4). En cualquier caso, y aunque en sus películas la presencia de la alta tecnología se haga en alguna ocasión indispensable, en ningún momento ésta ha sido utilizada como reclamo espectacular, sino como herramienta al servicio de una estética que en muchos casos pretende aparentar ser más bien un tanto anticuada o artesanal. El cine de Tim Burton debe entenderse, tras todo lo dicho,como una gran obra con infinitos puntos de contacto con el ámbito de la animación. La fantasía es el nexo de unión entre los dibujos creados por el director, los muñecos animados, o aquellos otros que son en el fondo personajes que parecen directamente salidos del mundo del cartoon o del cómic. El inquietante Joker de Batman, el pingüino o Catwoman en Batman Vuelve, el Jinete sin cabeza de Sleepy Hollow, el personaje de Lidia, el mismo Bitelchús o los geniales seres que aparecen en la sala de espera del Más Allá en esta película, la impresionante galería de criaturas que puebla el mundo imaginario de Edward Bloom en Big Fish, el mismo Pee-Wee o el entrañable Eduardo el mejor personaje creado por Burton, no distan mucho de los otros seres efectivamente "animados", como Jack, Sally o todos los personajes de Pesadilla... , Stainboy o cualquiera de los niños de La Melancólica muerte... o hasta del mismo Vincent, primera criatura de un universo poblado de extraños seres que comparten entre sí el orgullo de haber sido creados por la mente de uno de los artistas más maravillosos del cine actual, un niño grande que nunca ha renunciado a la libertad que proporciona el sentarse a dibujar ante un papel en blanco. Papel o celuloide, lo mismo da, lo importante es tan sólo el acto creativo, la exteriorización de todo un universo poblado de seres maravillosos, un mundo tan personal como inconfundible, tan sólo deudor del espíritu inquebrantable de su genio creador. (1) «... en todas mis películas, la narración es lo peor que hayas visto en tu vida, y eso es una constante» (Tim Burton por Tim Burton, editado por Mark SALISBURY, Alba Editorial, Barcelona 2002, p.183, 1a ed. 1995). (2) SALISBURY, Mark, íbid. p.42. (3) Actualmente los ejemplos más destacados de trabajo en esta técnica son las creaciones de Nick Park para la factoría británica Aardman Animations y las películas que realizó Henry Selick con esta técnica, la comentada Pesadilla..., y James y el melocotón gigante (James and the Giant Peach, 1994), producidas ambas por Tim Burton. (4) SALISBURY, Mark, op.cit, p.237 |