BATMAN (Ídem, 1989)  
Ficha
Sumario
Por J. A. Souto Pacheco
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2004

En un lugar llamado Gotham

Recuerdo haber ido a ver Batman a regañadientes, casi sin ganas, como si la batmanía que había inundado mi ciudad (con una serie de interminables productos que se exhibían en las tiendas y que ahora deben ser pasto del olvido) me obligara a participar en ese acontecimiento cinematográfico. Mejor dicho: el acontecimiento. Siempre conviene separar, y no es una tarea fácil, el fenómeno social y comercial que puede envolver una película (recientemente hemos tenido los casos de las secuelas de Matrix / Ídem, 1999; o la trilogía de El señor de los anillos) de su calidad artística o del análisis de la misma como producto de entretenimiento. Suelo tener cierto rechazo a este tipo de productos y, seguramente, fue éste el primer punto que pudo condicionar mi percepción sobre Batman.

El segundo factor que provocó que viese la película con una actitud de desdén hacia ella fue la opinión de ciertos críticos (figura ésta, la de los críticos, idealizada por mí en aquella época) que tachaban el guión de la película como poco imaginativo y a la película como falta de interés, emoción y suspense. Incapaces de desligar el Batman de Tim Burton de el Batman film-marketing, incidían en la falta de ritmo y la simplicidad del argumento.

Por último, Tim Burton no era santo de mi devoción. Más bien se trataba de un desconocido del que sólo había visto la muy fallida Bitelchús (Beetlejuice, 1987). Lejos estaba de saber, cuando entraba en una sala de cine abarrotada de quinceañeros que se atiborraban de palomitas, que aquel señor se iba a convertir en una referencia de mi cinefilia, en uno de mis directores preferidos, en alguien que ya se puede considerar un clásico, un director de culto.

Los excelentes títulos de crédito, acompañados de la genial partitura de Danny Elfman, ya abrieron una brecha en mi cerebro, la amarga condena parecía volverse dulce. Después apareció la ciudad de Gotham... y algo conectó con algún recoveco de mi mente. La sombra de Blade Runner (Ídem, 1982. Ridley Scott), el espíritu surrealista de Brazil (Ídem, 1984. Terry Gilliam), el siniestro goticismo del expresionismo alemán: cartas ganadoras. Gotham City aparece en el film como un lugar siniestro y lóbrega, muy alejado al universo pop de la serie televisiva. Se convierte en el escenario ideal para las apariciones de un murciélago sediento de venganza, alejado de los héroes-caricaturas que dan cuerpo al concepto del Bien. Burton siempre utiliza la ambientación como un marco en el que desarrollar o reflejar la personalidad de sus personajes. Batman es un ser angustiado que vive en un mundo de tinieblas, y Gotham es el reflejo de sus tormentos. Todos mis prejuicios derrotados, fulminados ante un film que no era aquello que nos habían anunciado a bombo y platillo.

La labor de Burton es irregular, más de un plano resulta simple y pierde en la comparación de otros muchos más sugerentes y evocadores. Burton rueda con desidia las escenas de acción –el ataque del coche contra la fortaleza de Joker es el mejor ejemplo de ello–. Las escenas de acción se engarzan con poco ritmo visual. ¿Simplismo o descuido? Al director parece no interesarle los clichés de este tipo de producciones, ¿cómo interpretar, si no es así, la ligereza con que nos muestra el descubrimiento de Vicky Vale de la doble identidad del protagonista?. En realidad, Batman carece de acción en su primera hora y media de metraje (el total es de casi dos horas). Es evidente que Burton no desea recorrer esos caminos, para él tiene mucho más interés la oscuridad de los personajes, sus secretos y anhelos, que las explosiones, disparos o gadgets de Batman. Batman es cine fantástico, no cine de acción.

Parece que el protagonista real sea Jóker. Inverso a Batman: desmesurado y extrovertido. Actúa a plena luz. Batman es un solitario neurótico, un maníaco-depresivo. No es el típico superhéroe invencible sino que aparece como una persona vulnerable. Joker y todo aquello que le rodea es lo multicolor, mientras que Batman y sus espacios personales son la oscuridad. Pero, en realidad, Burton nos revela durante toda la cinta que los dos personajes son las caras de una misma moneda. Hay un plano en que esto resulta evidente, en el que el rostro de Joker dentro de un coche se fusiona con el reflejo de Bruce Wayne en la ventana del mismo. En una escena, la periodista Vicky Vale le espeta a Batman que «creen que usted es tan peligroso como Joker». En la escena final en la que se produce el duelo entre los dos personajes, para mí la mejor escena de la película junto a la de las visitas de ambos al apartamento de Vicky Vale, Joker dice «tú me hiciste». A lo que Batman responde «porque tú me hiciste antes». Batman crea, en parte, a Joker, al arrojar a Jack Napier a un tanque de ácido que provocará la metamorfosis del personaje. Pero Jack Napier también es el asesino de la familia de Wayne, aquel que rompió la infancia de Bruce Wayne, inyectándole el germen de la venganza (no el de la justicia). La escena que he mencionado anteriormente en las que Bruce Wayne y el Joker visitan a Vicky Vale acaban por definir a los personajes. Bruce Wayne acude al apartamento de Vicky Vale porque ve como su relación peligra y con la intención de revelar su doble vida. Entra con un ramo de flores y, al entrar, hace un elogio al apartamento en el que vive. Bruce Wayne se muestra totalmente incapaz de hablar de su otro yo, mostrándose hermético por lo que respecta a su mundo interior, muy celoso de su propia oscuridad. Poco después, irrumpe en el apartamento el Joker, realizando el mismo comentario elogioso de Bruce Wayne. Tras una discusión entre los tres personajes, el Joker abandona el apartamento dejando una caja como regalo. Vicky la abre, apareciendo un resorte con una mano que porta un ramo de flores secas. En realidad, los dos personajes persiguen lo mismo, sólo les diferencia el modo en que lo hacen aunque únicamente es una diferencia de matiz. Como decía el propio Burton, tanto Joker como Batman encarnan dos tipos de fantasmas contrapuestos presentes en el común de las gentes. Las fantasías negras que todos tenemos conforman al Joker, mientras que Batman se inspira en las fantasías de signo contrario. Son dos seres anormales que viven una realidad regida por sus propias reglas.

Es cierto que en la películas hay cosas que no funcionan. El guión no pasará a la historia por su prodigiosidad, en realidad, en ocasiones es bastante mediocre; hay escenas que están rodadas con cierta torpeza; Jack Nicholson ofrece otra actuación pasada de rosca, aunque acorde con el histrionismo del personaje; Michael Keaton resulta de lo más soso, aunque eso remarque que su personaje no es un superhéroe al uso sino un hombre de carne y hueso; y Kim Basinger no sabe muy bien qué hace por allí, aunque qué sería de una película de esta índole sin el personaje de la chica. Sin embargo, a pesar de todos estos peros, Batman nos ofreció la grata sorpresa de descubrir a un director que se atrevía a realizar un film personal dentro de un producto espectacular y comercial, sabiendo sacar provecho del trabajo de excelentes profesionales (en este caso del guionista Sam Hamm y el decorador Antón Furst). Debajo del envoltorio de comercialidad y entretenimiento se escondía un producto mucho más rico y personal que la mayoría de cintas de este tipo, un producto más interesado en las entrañas psicológicas de los personajes que en las patrañas de acción que nos invaden en los cines y la televisión día tras día.